sábado, 9 de abril de 2011

El país de los ciegos, de H.G.Wells

No hace mucho, en un artículo, Juan Manuel de Prada se refería a esta historia para comentar un tema de actualidad. Decía así: «En esta obra (The Country of the blindsWells nos ofrece una parábola muy aleccionadora sobre la naturaleza humana. Un expedicionario descubre, en la región más inhóspita de los Andes, un valle poblado de indios que han permanecido, desde tiempos inmemoriales, aislados del resto del mundo. Todos los pobladores del lugar son ciegos: los niños son alumbrados con una ceguera congénita; los ancianos que todavía gozaban del don de la vista hace mucho que murieron; y nadie en el lugar sabe que esos órganos inútiles que se esconden debajo de la frente sirvieron en otro tiempo para distinguir la luz y los colores. El protagonista del relato recuerda el adagio —«En el país de los ciegos, el tuerto es el rey»— y decide quedarse en el lugar, seguro de que no tardará en erigirse en gobernante de aquellos infortunados indios; pero pronto se verá envuelto en turbias maquinaciones, hasta convertirse en un apestado. Y a la postre aceptará, con horror y angustia, que si desea permanecer en el país de los ciegos, si desea que no lo tomen por un disminuido con la cabeza atestada de desquiciadas fantasías, deberá dejarse arrancar los ojos; mutilación que, por supuesto, los pobladores del lugar perpetrarán de mil amores». Piensa si no te habrás dejado tú también arrancar los ojos.

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