miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un poema: Camino de imperfección, de Miguel D'Ors

Camino de imperfección[1]

Joven,
yo era un vanidoso inaguantable.
«Esto va mal», me dijo un día el espejo.
«Tienes que corregirte».
Al cabo de unas semanas era menos vanidoso.
Unos meses después ya no era vanidoso.
Al año siguiente era un hombre modesto.
Muy modesto.
Modestísimo.
Uno de los hombres más modestos que he conocido.
Más modesto que cualquiera de ustedes.
O sea
un vanidoso inaguantable
viejo.



[1] De Curso superior de ignorancia, EDITUM, Murcia 1987.

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