sábado, 28 de diciembre de 2013

Correr para vivir, de Lopez Lomong

Lo acabo de terminar. Empecé, y no he podido parar. Correr para vivir (Running for my life), es la historia real de un joven que, teniéndolo todo en contra, es capaz de perseguir y lograr un sueño a todas luces inalcanzable. Una historia de superación, llena de valores y, sobre todo, de confianza en Dios. Increíble. Espectacular. Apasionante desde la primera página hasta la última. López Lomong nació en Kimotong, un pequeño pueblo del sur de Sudán en 1985. Con tan sólo 6 años, fue secuestrado por unos soldados rebeldes e internado en un campo de entrenamiento de «niños soldado». En compañía de unos amigos —«mis ángeles» los llamaba— que cuidaron de él desde el primer día, consiguió escapar y llegar a un campo de refugiados en Kenia. Allí pasó diez años, sin saber nada de su familia y llegando a dar a sus padres por muertos. Fue entonces cuando se le presentó la oportunidad de su vida: ser adoptado por una familia de Estados Unidos. Allí siguió corriendo como lo había hecho toda su vida y pudo cumplir su sueño: ser atleta profesional y competir y representar a su país de acogida en las Olimpiadas. Un estupendo regalo para estas fechas de Navidad y Reyes.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Un poema: Peregrino, de Luis Cernuda

Peregrino[1]

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.


[1] De La realidad y el deseo, Renacimiento, Sevilla 2008.

sábado, 21 de diciembre de 2013

La bibliotecaria de Auschwitz, de Antonio G. Iturbe

«Esos oficiales que visten de negro y miran la muerte con la indiferencia de los enterradores, ignoran que, sobre ese fango oscuro en el que se hunde todo, Alfred Hirsch ha levantado una escuela. Ellos no lo saben, y es preciso que no lo sepan».
Y allí, en esos barracones llenos de niños se encuentra Dita. Ella se encarga de custodiar, mantener y prestar los pocos libros que han conseguido. Cada día, recibe pedidos y los distribuye entre los tutores de los distintos grupos de alumnos ocultándolos bajo su vestido, en cuyo interior ha cosido unos bolsillos. Entre los prisioneros circulan, entre otros, la Breve historia del mundo de H. G. Wells, un atlas, un  libro de álgebra, El conde de Montecristo de Alejandro Dumas o La ciudadela de A. J. Cronin. Y también los llamados «libros vivientes», entre los que se encuentra El maravilloso viaje de Nils Holgersson. Esta novela está inspirada en una historia real y exquisitamente documentada, emociona y está llena de valores. Un homenaje a los libros y a aquellos que arriesgan su vida para mantener viva la magia de la lectura.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Historias y cuentos de Navidad, por Juan Luis Lorda


Historias y cuentos de Navidad[1]
Ningún cuento puede competir con el que escribió Charles Dickens en 1844, Canción de Navidad. A través de los sueños que sobresaltan al rico avaro Mr. Scrooge, Dickens sabe evocar todas las nostalgias de la Navidad. Y muestra que el principal calor de estos días nace del cariño en los hogares. Buen pregón y mensaje para las fiestas. Pocos lo habrán leído y casi todos lo habrán visto en alguna de las múltiples versiones cinematográficas. Porque es una de las historias que más veces ha sido llevada al cine. La primera fue en 1913. Desde entonces, se ha rodado de todas las maneras posibles, incluso en dibujos animados (Murakami) y con teleñecos (y Michel Caine). Pero la versión más famosa es la de Brian Desmond Hust (1951), con un impresionante Alistair Sin como Mr. Scrooge. Año tras año, vuelve a la pantalla, lo mismo que la inolvidable película de Frank Capra, Qué bello es vivir. En el fondo, es una relectura de la historia de Dickens. Con James Stewart a punto de suicidarse, y un simpático ángel que le hace pensar en lo que habría pasado si no hubiera vivido. Nadie está de sobra en el mundo. También es un buen mensaje de Navidad.
Algo tiene la Navidad cuando sus historias y cuentos pueden decirnos sencillamente cosas tan importantes. Como si estuvieran dirigidas a niños, nos las recuerdan a los mayores. Ya las sabemos, pero, en otras circunstancias, nos da pudor decirlas. Quizá porque son enormemente bonitas, sencillas y tiernas. En otras épocas del año, preferimos lenguajes abstractos, que siempre son menos tiernos que los cuentos. Probablemente es una manera de resistirse a reconocer que, en el fondo, seguimos siendo niños. Porque aspiramos a lo mismo que ellos: un poco de cariño, un poco de protección, un poco de fiesta y tiempo para jugar. El mundo de los mayores, con sus seriedades y preocupaciones, es sólo para las horas de trabajo. Pero la felicidad tiene que ver con lo que ingenuamente desean los niños. No hay otra fórmula: "Si no os hacéis como niños...".
La Navidad, por ser para niños, es tiempo de historias y cuentos. Y, desde que existe Internet, se pueden encontrar por miles en la red. Para todos los gustos. También hay cuentos horrorosos, desesperanzados y posmodernos. Quieren ser cuentos para mayores y, por eso mismo, han perdido el Norte, y no saben adónde van. En cambio, me aconsejaron el cuento que publicó hace pocos años Enrique Monasterio, El Belén que puso Dios. Empieza de una manera preciosa: "Al principio Dios quiso poner un Belén y creó el universo para adornar la cuna". Explica que la Navidad "no es un aniversario, ni un recuerdo; tampoco es un sentimiento; es el día en que Dios pone un Belén en cada alma". Y con esa inspiración construye su relato. Estupendo.
Pero la principal historia de la Navidad no es un cuento ni una recreación literaria. Es el recuerdo del Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que nació de María en aquella noche, santa desde entonces. Por eso, antes que un cuento, en Navidad hay que recomendar los comienzos del Evangelio de San Lucas y de San Mateo. En Alemania, existe la entrañable costumbre de leer en familia, en voz alta, junto al Belén, el capítulo 2 de San Lucas, en la misma noche de Navidad. Allí aparecen María y José, y se nos cuenta que no encontraron sitio en la posada, y que tuvieron que buscar un pesebre. Y se recuerda la alegría inmensa de los ángeles y su anuncio a los pastores. Con ese mensaje de Dios, que siempre es oportuno para los hombres que debemos ser niños: "Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor".




[1] Juan Luis Lorda, La Verdad de Murcia, 24 de diciembre de 2004.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad, de Charles Dickens

“Son unas fechas deliciosas, un tiempo de perdón, de afecto, de caridad; el único momento que conozco en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen haberse puesto de acuerdo para abrir libremente sus cerrados corazones y para considerar a la gente de abajo como compañeros de viaje hacia la tumba y no como seres de otra especie embarcados con otro destino”.

Así se expresa, aludiendo a los ya cercanos días de Navidad, el sobrino del viejo y avaro Ebenezar Scrooge, protagonista de esta novela corta, Cuento de Navidad (A Christmas Carol). Charles Dickens, a través de Scrooge, nos muestra una Navidad en la que deben prevalecer los valores familiares y la generosidad. El señor Scrooge, que vive para sí mismo y preocupado únicamente por su negocio, menosprecia al ser humano y cualquier sentimiento de amor o compasión. La noche antes de Navidad, su socio Marley, muerto siete años antes, se le aparece advirtiéndole de la visita de tres fantasmas: El fantasma del Pasado, del Presente y del Futuro. Esta visita logra operar en Scrooge un cambio definitivo. En los tiempos que corren, esta imprescindible novela nos hace llegar un mensaje de esperanza y la posibilidad de cambio en un mundo golpeado por la crisis económica, el hambre, las guerras y, sobre todo, nuestro propio egoísmo. Excelente, respetuosa y ágil adaptación de Pablo Antón Pascual, con ilustraciones del joven Christian Birmingham.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Cartas de Papá Noel, de J. R. R. Tolkien

Todos los años, durante más de veinte, cuando se aproximaba la Navidad, los hijos de J. R. R. Tolkien recibían un sobre con un sello del Polo Norte. Dentro había una carta escrita con una extraña letra temblorosa y un dibujo de vivos colores o algunos bocetos. El remitente era Papá Noel. Las cartas aparecían misteriosamente, a menudo espolvoreadas con nieve fresca, en la chimenea, y algunas veces las traía el cartero. Hablaban de sucesos del Polo Norte, divertidos o alarmantes, acompañados siempre por maravillosos dibujos: cómo se soltaron todos los renos de los trineos y desperdigaron los regalos; cómo el Oso Polar escaló el Polo Norte y se cayó por el tejado de la casa de Papá Noel para aterrizar en el comedor; cómo rompió la Luna en cuatro partes e hizo que el hombre que vive en ella cayera en el jardín; y ¡cómo se declaró la guerra a una horda de trasgos que vivían en unas cuevas debajo de la casa! Un buen regalo para niños en estas próximas fiestas de Navidad.