sábado, 30 de agosto de 2014

El gran Meaulnes, de Alain Fournier

«Fue justamente un jueves por la tarde, hacia finales de mes, cuando nos llegó la primera noticia de aquella mansión misteriosa, la primera ola de aquella aventura de la que no habíamos vuelto a hablar».
Pocos meses después de la publicación de El gran Meaulnes (Le grand Meaulnes en el original), uno de los clásicos indiscutibles de la literatura universal, estallaba la Primera Guerra Mundial. Alain Fournier fue uno de los primeros movilizados que cayeron, en septiembre de 1914, en vísperas de cumplir veintiocho años. El mes que viene se cumplen, por tanto, cien años de su fallecimiento. En mi memoria quedó, cuando tenía la misma edad que sus adolescentes protagonistas, aquella portada naranja de la editorial Bruguera. Y hace unos días —treinta años después de aquel primer encuentro colegial—, por casualidad, cayó en mis manos otro ejemplar de este delicioso libro, el que publicó en 2004 la editorial Mondadori. Sin poder resistirme y aprovechando los últimos días de vacaciones, me lo leí prácticamente de un tirón. Narrado en primera persona por François y ambientado en la gris existencia de provincias, el relato, que mantiene la tensión hasta la última página, se centra en la búsqueda, por parte de su admirado amigo Meaulnes, de una bella muchachaYvonne de Galois—con la que tuvo un encuentro casual y a la que no volvió a ver. Una vez más, pero contado de un modo genial, el ingreso en el difícil mundo de la adolescencia.

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