miércoles, 20 de febrero de 2019

Pequeños crímenes conyugales, de Éric-Emmanuel Schmitt


El viernes 15 de febrero algunos alumnos de mi colegio de 2º de Bachillerato acudieron al teatro. Se representaba Óscar. O la felicidad de existir, obra de Éric-Emmanuel Schmitt, en versión de Juan José de Arteche. No conocía la obra ni pude asistir a la representación, pero me trajo a la memoria otra interesante obra del autor que pude disfrutar hace tiempo. Se trata de Pequeños crímenes conyugales. Los protagonistas, Alejandro y Carla, llevan quince años casados. Acaban de llegar a su apartamento. Vienen del hospital. Alejandro sufre amnesia. Al parecer, se cayó por la escalera y perdió el conocimiento. No se acuerda de nada y Carla se encarga de ir recordándole quién era, qué frases decía, lo que le gustaba y aquello que detestaba. Pero a Alejandro le parecen contradictorias algunas de las cosas que Carla le dice sobre su propia personalidad y sobre la relación que mantenían. ¿Quién es él en realidad? ¿Y quién es Carla? ¿Cómo era antes su vida de pareja? A partir de lo que ella le cuenta, Alejandro intenta reconstruir su propia vida. Pero, ¿y si Carla mintiese? ¿Es él, realmente, tal y como ella lo describe? Y ella, ¿es de veras su mujer? A través del ágil diálogo y los continuos golpes de efecto Schmitt nos muestra el camino a una verdad inesperada manteniendo el asombro y la tensión hasta el final. En un solo acto y en tiempo real Pequeños crímenes conyugales (Petits crimes conjugaux) nos ofrece una sabia reflexión sobre el amor, la fidelidad y el paso del tiempo, y los problemas que entrañan las relaciones de pareja. En 2001, Eric-Emmanuel Schmitt recibió el Gran Premio de Teatro de la Academia francesa por el conjunto de su obra. Su segunda película como director, Cartas a Dios, se estrenó en España en 2011.




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