En 1868, en plena Revolución Gloriosa, el joven Antoni Gaudí llega a Barcelona para estudiar arquitectura, la pasión de su vida. Poco después de acabar la carrera, a los 31 años, le encargan la continuar las obras de la Sagrada Familia, empezada por otro arquitecto. En este Templo, y en las otras obras que construye, el genio de Gaudí desarrollará una revolución de la arquitectura y de las artes plásticas que sienta las bases del arte moderno. Ningún otro arquitecto de los tiempos modernos ha tenido en vida o después de su muerte tanta popularidad. En abril de 2025, el Papa Francisco aprobó el decreto que declara a Gaudí, el “arquitecto de Dios”, "Venerable" por sus "virtudes heroicas".

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