miércoles, 25 de mayo de 2016

El precio a pagar, de Joseph Fadelle

«Amman, 22 de diciembre de 2000
— Tu enfermedad se llama Cristo y no tiene remedio. Nunca podrás curarte... Mi tío Karim saca un revólver y me apunta al pecho. Contengo la respiración. Detrás de él cuatro hermanos míos me desafían con la mirada. Estamos solos en medio de este valle desierto…»

Durante el servicio militar, Mohammed, un joven musulmán iraquí miembro de una importante familia chiíta, descubre con espanto que su compañero de cuarto es cristiano. Entre ambos hombres surge una relación paradójica, de la que Mohammed saldrá transformado. De vuelta a la vida civil, mantiene un único deseo: convertirse al cristianismo. ¡Una auténtica locura, impensable entre sus familiares y allegados! En el Islam el cambio de religión constituye un crimen. Su familia es capaz de todo con tal de hacerle desistir, aunque en vano. A las amenazas y los golpes les suceden la prisión y las torturas. Mohammed, convertido en Joseph una vez bautizado, vive un largo calvario, pero no cede un milímetro. El precio a pagar es una historia verídica.

miércoles, 18 de mayo de 2016

El informe de Brodeck, de Philippe Claudel

«Diodème murió hace tres semanas, en circunstancias tan extrañas e imprecisas que desde entonces aún estoy más alerta respecto a los pequeños signos que percibo a mi alrededor, y que hacen que el miedo se incube calladamente en mí; tan extrañas que al día siguiente de su muerte inicié este relato…»

Ya hace algún tiempo cayó en mis manos y leí con gusto La nieta del señor Linh. Por eso no dudé en empezar El informe Brodeck al encontrarla, como me suele ocurrir, curioseando en una biblioteca. Con una mezcla de realismo y simbolismo, narra el proceso de elaboración del informe sobre el asesinato del visitante de un pueblo del norte de Europa al final de la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, se muestran siempre de forma comedida y delicada, todas las ruindades de una sociedad envilecida. Por otro, el misterioso personaje asesinado deja la novela abierta: ¿es la conciencia colectiva? ¿Se trata de Dios? Frente a tanto mal, queda la esperanza expresada en la inocente hija del narrador y en su mujer enferma. Novela dura, pero de notable calidad que, sin duda,  merece la pena leer.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Cuaderno de Nueva York, de José Hierro

Después de miles, de millones de años,
mucho después
de que los dinosaurios se extinguieran,
llegaba a este lugar.
Lo acompañaban otros como él,
erguidos como él
(como él, probablemente, algo encorvados).

«Nueva York —afirma José Hierro— es un balcón al que asomarse para hablar de los temas de siempre: el amor, la muerte, las moscas, y para escuchar cómo canta Miguel de Molina. En mi libro salen Quevedo y Schubert, que nunca estuvieron en Nueva York. Creo que no sale nadie, de hecho, que pasara por allí... Bueno, sí, Wharhol y algún otro, pero es igual». Con su maestría habitual, José Hierro —un poeta de los que se entiende— establece en este libro un diálogo múltiple con la gran ciudad, en que tiempo y espacio entrelazan sus coordenadas. En sus poemas aparecen así figuras tan diversas como Beethoven y Gershwin, Alma Mahler y Ezra Pound, Miguel de Molina y Franz Schubert o Gloria Fuertes y Lope de Vega.

miércoles, 4 de mayo de 2016

El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono

«Hace aproximadamente cuarenta años, yo hacía una larga travesía a pie, en las regiones altas, absolutamente desconocidas para los turistas, en la vieja región de los Alpes que penetra hasta La Provenza. (…) En el momento en el que emprendí este largo viaje, entre los 1200 y 1300 metros de altitud, el paisaje estaba dominado por desiertos, eran tierras tomadas por la monotonía. Lo único que podía crecer ahí eran lavandas silvestres. Yo pasaba por esta región en su parte más ancha cuando después de tres días de camino me encontré en medio de una desolación sin igual».
Jean Giono, uno de los mayores escritores franceses del siglo XX, cuenta en este relato la historia imaginaria de Elzéard Bouffier, un pastor solitario que, con absoluto desinterés y sin esperar recompensa alguna se dedicó durante muchos años a plantar cientos de miles de árboles y transformó una tierra yerma en un paraíso. Un vigoroso mensaje contra la destrucción del planeta, un canto de amor a los árboles y al reino vegetal. El hombre que plantaba árboles (en francés: L'homme qui des arbres plantait) fue convertido en cortometraje de animación en 1987, dirigido por Frédéric Back.


Aquí tenéis la versión original en francés, con subtítulos en castellano: