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lunes, 17 de febrero de 2025

Historia de dos ciudades, de Charles Dickens

«No ha habido tiempos mejores, no ha habido tiempos peores; fueron años de buen sentido, fueron años de locura; una época de fe, una época de incredulidad; lapso de luz, lapso de tinieblas; primavera de esperanza, invierno de desesperación; lo teníamos todo ante nosotros; todos íbamos derecho al cielo, todos marchábamos en sentido contrario. Aquel período fue, en una palabra, tan semejante al actual, que algunas de sus personalidades más vocingleras reclamaban para el mismo que le fuesen aplicadas exclusivamente en lo bueno y en lo malo los calificativos extremos.».

Así comienza Charles Dickens esta novela, escrita en 1859. En ella narra una historia que transcurre desde los años previos a la Revolución francesa, hasta llegar al Terror de 1793. La trama se desarrolla paralelamente entre París y Londres. Una época llena de contrastes y contradicciones, donde el bien y el mal estuvieron mezclados como en pocos períodos de la historia. No es fácil resumir la trama. Me quedo con uno de los protagonistas, Sidney Carton. Lleno de desánimo, se da asco a sí mismo. Sin embargo, al final de su existencia, se da cuenta de que su vida sirvió para algo. Carton nos enseña que nunca es tarde para recomenzar, que siempre podemos rectificar; que por más que hayamos dilapidado nuestra existencia, bajo las cenizas de nuestras miserias y debilidades hay un fuego que puede volver a tomar cuerpo y purificar nuestro pasado.

lunes, 1 de junio de 2020

David Copperfield y El Año de Dickens


El próximo 9 de junio de 2020 se cumplirán 150 años de la muerte de Charles Dickens. Con ocasión de ese aniversario os recomiendo dos lecturas. La primera, un breve estudio de 195 páginas: El universo de Dickens, de Mariano Fazio, breve ensayo para introducirnos en la obra de este universal autor. La segunda, una novela de Dickens, para empezar a abrir boca. En concreto, David Copperfield, novela de formación, o de aprendizaje, de la que el propio Dickens decía: «De todos mis libros, éste es el que prefiero (…) tengo un hijo favorito en el fondo de mi corazón. Y su nombre es David Copperfield» (Prólogo a la edición de 1867). Una novela que empieza así:

«Si soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán estas páginas. Para dar comienzo a mi historia desde el principio, diré que nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente».






miércoles, 18 de diciembre de 2013

Historias y cuentos de Navidad, por Juan Luis Lorda


Historias y cuentos de Navidad[1]
Ningún cuento puede competir con el que escribió Charles Dickens en 1844, Canción de Navidad. A través de los sueños que sobresaltan al rico avaro Mr. Scrooge, Dickens sabe evocar todas las nostalgias de la Navidad. Y muestra que el principal calor de estos días nace del cariño en los hogares. Buen pregón y mensaje para las fiestas. Pocos lo habrán leído y casi todos lo habrán visto en alguna de las múltiples versiones cinematográficas. Porque es una de las historias que más veces ha sido llevada al cine. La primera fue en 1913. Desde entonces, se ha rodado de todas las maneras posibles, incluso en dibujos animados (Murakami) y con teleñecos (y Michel Caine). Pero la versión más famosa es la de Brian Desmond Hust (1951), con un impresionante Alistair Sin como Mr. Scrooge. Año tras año, vuelve a la pantalla, lo mismo que la inolvidable película de Frank Capra, Qué bello es vivir. En el fondo, es una relectura de la historia de Dickens. Con James Stewart a punto de suicidarse, y un simpático ángel que le hace pensar en lo que habría pasado si no hubiera vivido. Nadie está de sobra en el mundo. También es un buen mensaje de Navidad.
Algo tiene la Navidad cuando sus historias y cuentos pueden decirnos sencillamente cosas tan importantes. Como si estuvieran dirigidas a niños, nos las recuerdan a los mayores. Ya las sabemos, pero, en otras circunstancias, nos da pudor decirlas. Quizá porque son enormemente bonitas, sencillas y tiernas. En otras épocas del año, preferimos lenguajes abstractos, que siempre son menos tiernos que los cuentos. Probablemente es una manera de resistirse a reconocer que, en el fondo, seguimos siendo niños. Porque aspiramos a lo mismo que ellos: un poco de cariño, un poco de protección, un poco de fiesta y tiempo para jugar. El mundo de los mayores, con sus seriedades y preocupaciones, es sólo para las horas de trabajo. Pero la felicidad tiene que ver con lo que ingenuamente desean los niños. No hay otra fórmula: "Si no os hacéis como niños...".
La Navidad, por ser para niños, es tiempo de historias y cuentos. Y, desde que existe Internet, se pueden encontrar por miles en la red. Para todos los gustos. También hay cuentos horrorosos, desesperanzados y posmodernos. Quieren ser cuentos para mayores y, por eso mismo, han perdido el Norte, y no saben adónde van. En cambio, me aconsejaron el cuento que publicó hace pocos años Enrique Monasterio, El Belén que puso Dios. Empieza de una manera preciosa: "Al principio Dios quiso poner un Belén y creó el universo para adornar la cuna". Explica que la Navidad "no es un aniversario, ni un recuerdo; tampoco es un sentimiento; es el día en que Dios pone un Belén en cada alma". Y con esa inspiración construye su relato. Estupendo.
Pero la principal historia de la Navidad no es un cuento ni una recreación literaria. Es el recuerdo del Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que nació de María en aquella noche, santa desde entonces. Por eso, antes que un cuento, en Navidad hay que recomendar los comienzos del Evangelio de San Lucas y de San Mateo. En Alemania, existe la entrañable costumbre de leer en familia, en voz alta, junto al Belén, el capítulo 2 de San Lucas, en la misma noche de Navidad. Allí aparecen María y José, y se nos cuenta que no encontraron sitio en la posada, y que tuvieron que buscar un pesebre. Y se recuerda la alegría inmensa de los ángeles y su anuncio a los pastores. Con ese mensaje de Dios, que siempre es oportuno para los hombres que debemos ser niños: "Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor".




[1] Juan Luis Lorda, La Verdad de Murcia, 24 de diciembre de 2004.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad, de Charles Dickens

“Son unas fechas deliciosas, un tiempo de perdón, de afecto, de caridad; el único momento que conozco en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen haberse puesto de acuerdo para abrir libremente sus cerrados corazones y para considerar a la gente de abajo como compañeros de viaje hacia la tumba y no como seres de otra especie embarcados con otro destino”.

Así se expresa, aludiendo a los ya cercanos días de Navidad, el sobrino del viejo y avaro Ebenezar Scrooge, protagonista de esta novela corta, Cuento de Navidad (A Christmas Carol). Charles Dickens, a través de Scrooge, nos muestra una Navidad en la que deben prevalecer los valores familiares y la generosidad. El señor Scrooge, que vive para sí mismo y preocupado únicamente por su negocio, menosprecia al ser humano y cualquier sentimiento de amor o compasión. La noche antes de Navidad, su socio Marley, muerto siete años antes, se le aparece advirtiéndole de la visita de tres fantasmas: El fantasma del Pasado, del Presente y del Futuro. Esta visita logra operar en Scrooge un cambio definitivo. En los tiempos que corren, esta imprescindible novela nos hace llegar un mensaje de esperanza y la posibilidad de cambio en un mundo golpeado por la crisis económica, el hambre, las guerras y, sobre todo, nuestro propio egoísmo. Excelente, respetuosa y ágil adaptación de Pablo Antón Pascual, con ilustraciones del joven Christian Birmingham.