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miércoles, 27 de febrero de 2019

Canción para una chica que lloraba sola en Taramay el 25 de julio de 1979, de Miguel D'Ors


Canción para una chica que lloraba sola en Taramay el 25 de julio del 1979, de Miguel D'Ors[1]



Lágrima que yo he visto brotar de tu silencio
y de tus quince años
y cayó en una tarde con un algo de hoja
desprendida de un mayo...

Yo no sé de qué pena, de qué esperanza rota,
de que nombre venía,
ni siquiera si era tu primera lágrima de mujer
o la última de niña.

Yo pasé junto a ti como pasaba el viento
y el rumor de las olas.
Nunca sabré tu nombre. Nunca sabré el pasado
de esa lágrima sola.

Ni tú sabrás tampoco que una tristeza tuya
cruzó una vez mi vida.
La noche será corta. Mañana volverás
a ser una sonrisa.

Pero quiero decir que esa lágrima tuya,
cayendo inconsolable
de tus años --tan dulces, tan amargos, tan quince--,
desbarató la tarde;
que la playa y el verde de las enredaderas
y julio y sus gaviotas
se ensombrecieron cuando, a solas con el mar,
lloraste porque todo, porque nada, por cosas.

Taramay, 25-VII- 1979




[1] De CHRONICA, 1982, en 2001. Poesías Escogidas, Númenor, Cuadernos de Poesía, Sevilla 2001.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un poema: Camino de imperfección, de Miguel D'Ors

Camino de imperfección[1]

Joven,
yo era un vanidoso inaguantable.
«Esto va mal», me dijo un día el espejo.
«Tienes que corregirte».
Al cabo de unas semanas era menos vanidoso.
Unos meses después ya no era vanidoso.
Al año siguiente era un hombre modesto.
Muy modesto.
Modestísimo.
Uno de los hombres más modestos que he conocido.
Más modesto que cualquiera de ustedes.
O sea
un vanidoso inaguantable
viejo.



[1] De Curso superior de ignorancia, EDITUM, Murcia 1987.