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miércoles, 13 de mayo de 2015

Tal vez soñar. La filosofía en la gran literatura, de José Ramón Ayllón

«¿Por qué nos gusta la literatura? ¿Qué buscamos en las historias de Homero o Cervantes, de Shakespeare o Tolkien? La respuesta es sencilla y complicada al mismo tiempo: nos buscamos a nosotros mismos. A veces ser humano es difícil, escribió el poeta Aleixandre. Y es verdad, porque todos sufrimos la desconcertante e íntima desproporción entre lo que deseamos y lo que conseguimos. Perseguimos el equilibrio y la felicidad, pero obtenemos el desasosiego de una raquítica cuenta de resultados. Tal vez por eso nos gustan los relatos literarios: queremos aprender de sus protagonistas, conocer lo que han hecho para lograr la plenitud, saber qué caminos han elegido o rechazado, y qué han logrado a fin de cuentas.»

La literatura, además de ser fuente de placer, nos permite ahondar en las grandes preguntas de la humanidad y conocer formas de entender el mundo. De la mano de Homero, Defoe, Cervantes, Saint-Exupéry, Ana Frank, Etty Hillesum, Delibes, Golding, Verne, Tolkien, Shakespeare y Dostoievski nos adentramos en los temas fundamentales de la filosofía: la inteligencia, la verdad, la familia, los sentimientos, la ciencia, el bien y el mal, la muerte... Y profundizamos, gracias a Orwell, London y Nietzsche, en algunas de las principales corrientes de pensamiento que configuran la cultura de nuestra sociedad, como el positivismo, el comunismo o la teoría nietzscheana del superhombre.

sábado, 16 de noviembre de 2013

El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry

«He aquí mi secreto —dijo el zorro—. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. El tiempo que dedicaste a tu rosa hace que tu rosa sea tan importante. Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa».

Un pequeño príncipe poseía una rosa y tres volcanes en un minúsculo planeta. Un día que estaba muy aburrido salió a dar una vuelta por el Universo. Visitó unos cuantos asteroides parecidos al suyo y conoció a un rey, a un vanidoso, a un bebedor, a un hombre de negocios, a un farolero y a un geógrafo. Por último llegó a la Tierra. Como era un planeta grande permaneció allí durante un año, y tuvo oportunidad de conversar con una serpiente, un cazador, un guardagujas, un mercader y, especialmente, con un zorro y un piloto que reparaba el motor de su avión en el desierto. En cada nuevo encuentro, el principito hacía preguntas breves, y escuchaba las respuestas con atención. Buscaba, como todo hombre, lo esencial, lo mismo que tú y que yo: ¿dónde estoy?, ¿en qué planeta he caído?, ¿qué haces ahí?, ¿dónde están los hombres?, ¿cómo puedo tener amigos?
Antoine de Saint Exupéry (1900-1944), alternó la pasión por la aventura con la meditación sobre el significado último de la existencia. En El principito (Le petit prince en el original), encontramos la importancia del valor de la amistad, del heroísmo como meta, la felicidad que proporciona el cumplimiento del deber, la responsabilidad como motor de la conducta moral… Imprescindible.