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lunes, 13 de mayo de 2024

Smoke&Blue in the face, de Paul Auster

«DÍA DE NAVIDAD DE 1990. SAN FRANCISCO

No me trajeron el New York Times. Tuve que ir a la tienda de comestibles del barrio para comprarlo. Me llevé el último ejemplar que quedaba en el expositor. El periódico venía muy delgado ese día. Lo leí bastante deprisa. Exceptuando un par de artículos sobre la inminente Guerra del Golfo, no había muchas noticias. Luego algo llamó mi atención. Había un artículo de una página entera en la sección especial. Se titulaba «Cuento de Navidad de Auggie Wren», de Paul Auster…».

Seducido por un relato de Paul Auster, el director de cine Wayne Wang lo convenció para que escribiera el guion de una película. El resultado es Smoke, que cuenta la historia de un novelista, un vendedor de cigarros y un adolescente negro que busca a su padre, en un entramado de destinos cruzados que acabarán por modificarse unos a otros. Smoke, inspiró una segunda película, Blue in the faceEste libro nos ofrece el relato que dio origen a toda esta aventura, los guiones de las dos películas, una extensa entrevista con el autor y un fascinante diario de rodaje. Paul Auster falleció el pasado 30 de abril de 2024, en Nueva York, a los 77 años consecuencia del cáncer de pulmón que padecía.



viernes, 24 de diciembre de 2021

Un poema: La visitadora, de Antonio Murciano

La visitadora

Era en Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujiera cuando entrara.
Era una mujer seca, harapienta y oscura
con la frente de arrugas y la espalda curvada.

Venía sucia de barros, de polvo de caminos,
la iluminó la luna y no tenía sombra.
Tembló María al verla; la mula no, ni el buey
rumiando paja y heno igual que si tal cosa.

Tenía los cabellos largos, color ceniza,
color de mucho tiempo, color de viento antiguo;
en sus ojos se abría la primera mirada
y cada paso era tan lento como un siglo.

Temió María al verla acercarse a la cuna.
En sus manos de tierra ¡oh Dios! ¿qué llevaría...?
Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente
y le ofreció la cosa que llevaba escondida.

La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.
¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!
El Niño la miraba, también la mula, el buey
mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.

Era Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujió cuando se iba.
María, al conocerla, gritó y la llamó: «¡Madre!»
Eva miró a la Virgen y la llamó: «¡Bendita!»

¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!
Afuera aun era pura, dura la nieve fría.
Dentro, al fin, Dios dormido, sonreía teniendo
entre sus dedos niños la manzana mordida.






Gn 3, 6-15

lunes, 13 de diciembre de 2021

Un cuento de Navidad para Le Barroux, de Natalia Sanmartín Fenollera

 «El niño abrió la puerta de la habitación y entró de puntillas. Su madre dormía a plena luz del día en una cama amplia y mullida, el pelo rubio y desordenado sobre la almohada. Se acercó a ella y observó fascinado una araña de patas largas y finas sobre la almohada, muy cerca de su rostro. Muy despacio, levantó una mano marcada con restos de calcomanías y tapó suavemente los ojos a la durmiente, mientras con la otra cogía la araña y la aplastaba con satisfacción entre los dedos».

Un cuento de Navidad para Le Barroux narra la historia de un niño sin madre que pregunta incansablemente a Dios si lo que ella le contaba sobre Él es verdad. Día tras día, durante tres largos años, implora una señal. Hasta que llega la tercera Navidad. “Quería hablar-dice Natalia Sanmartín Fenollera autora de la conocida y estupenda novela El despertar de la señorita Prim- del misterio de la Navidad (…) de la idea de que Dios habla también a través de las cosas (…). Y también escribir sobre la perseverancia en la fe y sus dificultades, sobre lo que ocurre cuando de pronto (…) encuentras una puerta que parece cerrarse de golpe, con ruido de cerrojos y doble vuelta de llave. Delicioso. Se lee en media hora. Sin duda merece la pena tenerlo y releerlo. Gracias, Natalia.

lunes, 14 de diciembre de 2020

Un cuento de Navidad para Le Barroux, de Natalia Sanmartín Fenollera

Pablo Cervera (www.religiónenlibertad.com) entrevista a Natalia Sanmartín Fenollera, autora de El despertar de la señorita Prim con motivo de la publicación de su nuevo libro.

 La Editorial Planeta acaba de publicar el nuevo libro de Natalia Sanmartín Fenollera, autora de El despertar de la señorita Prim, best-seller mundial publicado en el año 2013. Fue traducido a once lenguas y llegó a más de 75 países.  

La nueva entrega de nuestra autora lleva por título Un cuento de Navidad para Le Barroux. El cuento está bellamente ilustrado por Michaela Harrison, cuyos trabajos de ilustración conoció la autora en la abadía de Nuestra Señora de Clear Creek (Oklahoma).

Pincha aquí para adquirir ahora "Un cuento de Navidad para Le Barroux".

Conocí a Natalia Sanmartín en una cena de amigos. Me llamo la atención su delicadeza, su atención a las detalles, su finura femenina. Me pareció ver recogidos algunos de los aspectos que había plasmado en su entonces reciente obra laureada en todo el mundo. Además su bagaje literario se hizo patente, con sencillez, en la conversación.

Personalmente le agradezco el privilegio de esta entrevista.

-Mucho se ha dejado esperar esta nueva obra tras aquel 2013. Cualquier otro (autor, editor….) habría aprovechado la "mina de oro". ¿Por qué este "retraso"?

-Supongo que quizá porque mi idea no es tener una carrera literaria "profesional", por decirlo así, sino escribir cuando crea que hay algo que puedo decir o exista un motivo para hacerlo. Así surgió este cuento, porque las benedictinas de Barroux me pidieron una historia para leer en la fiesta de la Natividad. La escribí para las dos abadías, sin pensar inicialmente en nada más.

Monasterio de Le Barroux.

En Le Barroux, a unos cien kilómetros al norte de Marsella, hay dos comunidades benedictinas que siguen la liturgia tradicional: la abadía de Santa María Magdalena (monjes) y la abadía de Nuestra Señora de la Anunciación (monjas). En la imagen, el monasterio femenino.

-Hablemos del libro, "que a eso hemos venido…" Un pequeño de 8 años y sus hermanos pierden a su madre a causa de una enfermedad. Antes el padre los había abandonado. El chavalillo, en una petición y búsqueda sostenida en toda la obra, pide una señal a Dios: quiere verificar si "lo que mamá decía sobre Dios, la cueva y el cielo era verdad". Dios parece que calla. Al llegar la tercera Navidad, el niño aprende a leer el lenguaje de Dios. ¿Cómo "se te ocurrió" este cuento?

-No podría decir exactamente cómo o cuándo. Quería hablar del misterio de la Navidad y de la visión sacramental del mundo, de la idea de que Dios habla también a través de las cosas, de la realidad material. Y también escribir sobre la perseverancia en la fe y sus dificultades, sobre lo que ocurre cuando de pronto, como describe tan bien Lewis en Una pena en observación, encuentras una puerta que parece cerrarse de golpe, con ruido de cerrojos y doble vuelta de llave.

»El protagonista del cuento atraviesa un desierto que dura tres años, en total soledad, sin hablar con nadie, confiándose únicamente a la Virgen María y pidiendo todos los días una señal a Dios. Kierkegaard decía que la pureza de corazón es querer una sola cosa. Eso explica muy bien el sentido del cuento.

-La crisis de fe en nuestros días parece el pan nuestro de cada día. Curiosamente, el protagonista supera la crisis a partir de lo material. Vislumbro aquí una reivindicación de lo carnal, lo material, lo específico del cristianismo, que es la Encarnación. Dostoievski dijo que "la belleza salvaría al mundo"… Pareces provocarnos con la belleza en la Navidad. La cotidianidad cristiana de antaño es el marco de tus dos obras. ¿Es tu objetivo inculcar una "opción benedictina" como algo aislado en nuestra sociedad cristianofóbica? O, más bien, ¿que ese tipo de comunidad será lo que genere una nueva sociedad cristiana?

-No tengo muy clara la idea de una nueva sociedad cristiana, puede parecer pesimismo, pero a mí me parece más bien realismo. Vivimos en un mundo que hace tiempo que ha dejado de ser cristiano, inmerso en una crisis que no ha empezado ayer, pero que cada día parece acelerarse. Y tenemos grandes boquetes en nuestras murallas, con diferencias cada vez más profundas que ya no se pueden ignorar, porque son explícitas.

»Hay una parte de la Iglesia que cree que la fe cristiana cambia con el tiempo, que tanto el culto como la doctrina deben adaptarse poco a poco a los cambios, y que ha dejado de creer en lo que siempre, en todas partes y por todos ha sido creído, como enseñaba San Vicente de Lerins.

»Eso genera una lluvia ácida constante dentro y fuera de la Iglesia que desnaturaliza, debilita y adultera la fe. Y frente a eso no hay recetas generales, solo hay decisiones prudenciales que corresponden a cada uno para tratar de proteger la propia fe, para purificarla y contrastarla con lo que la Iglesia siempre ha enseñado.

Ilustración de

Una de las ilustraciones de Michaela Harrison para "Un cuento de Navidad para Le Barroux".

»Ha habido mucho debate sobre la opción benedictina y en ocasiones se ha hablado de ella como si se tratase de una respuesta universal. Y no lo es, ni creo que nadie haya defendido seriamente que lo sea. Hay gente que tiene que estar en el mundo y gente que tiene que irse al desierto, alejarse un poco del ruido, en soledad o con otros, para conservar y proteger su fe. No es una idea nueva, es una vieja idea cristiana.  

-Impacta en el cuento el vínculo hondo que une al niño con su madre, con sus dichos. Recuerda una y otra vez su belleza, sus enseñanzas. Hay un canto a la madre. También sucede con la abuela. Sin esa tradición no hay persona.

-Sí, es cierto. A mí me parece que el papel de la familia en la transmisión de la fe, especialmente el las madres, es insustituible. Ni la escuela ni la parroquia ni los campamentos de verano pueden hacer esa labor, que además tiene una belleza profunda. En la lista de bienes de una familia cristiana, antes de la universidad, el postgrado, el colegio, las actividades preescolares, la alimentación sana, las relaciones sociales, antes de todo eso, tiene que estar la salvación del alma. Es una cuestión de orden, de ordenar la escala de los bienes, y de purificar la propia fe. Se trata de guiar a un niño hacia Dios, y para para hacer eso hay que conocer el camino.

-La fe cristiana a nivel personal y social es combatida. Nada nuevo bajo el sol… ¿Es esta una ocasión para fortalecer la fe a través de la cruz, a precio del martirio cotidiano, en aras de una humanidad nueva que resucite con esa semilla? "Si le das a Dios tu corazón, morir es despertar".

-Sí, todas las épocas tienen sus dificultades y todas las generaciones están a igual distancia de Dios. Pero es cierto que este tiempo tiene una característica muy inquietante, la inversión de los conceptos del bien y del mal, el llamar bien al mal y verdad a la mentira, y que no siempre es fácil distinguir la moneda falsa de la verdadera.

»Hay una obra clásica de Dom Columba MarmionJesucristo, vida del alma, un monje irlandés beatificado recientemente, que tiene un primer capítulo que es como un mapa del tesoro. A mí me parece un buen ejercicio leerlo despacio, leerlo varias veces, y preguntarse si lo que está descrito allí, que es lo que siempre, en todas partes y por todos ha sido creído, es lo que recibe, cree y transmite cada uno.

»Esa es una tarea individual que nadie puede hacer por otro, y que exige tener claro que no hay ningún fin, ya sea la unidad, la paz o el diálogo con el mundo, que justifique adulterar o desnaturalizar el culto y la fe.

-¿Cuál cree que es el motivo del fracaso en la transmisión de la fe, por parte de padres, por parte de la Iglesia? ¿Moralismo, reducción horizontal de la fe, ausencia de la Belleza, identificación y desaparición detrás de los "valores", falta de centralidad de lo esencial: Jesucristo muerto y resucitado…? La tarea de la madre en su libro debió ser muy potente y acertada… y, sin embargo, sin grandes alharacas…

-Creo que ha habido una dilución progresiva de la fe, hacia lo que Lewis llamaba cristianismo con agua, y que se ese proceso se ha acelerado bruscamente, de forma paralela a como se ha acelerado la secularización y descristianización de Occidente.

»No me parece difícil imaginar que si Santo Tomás de AquinoSanta Teresa de Jesús o el cardenal Newman, por decir tres nombres diferentes, entrasen en una iglesia hoy muy probablemente no reconocerían buena parte del culto, como tampoco el abandono de las formas de piedad, del silencio o el arrodillarse, y la desacralización en muchas ocasiones del modo de acceso y administración de los sacramentos. Newman advirtió sobre el efecto destructor del sentimentalismo y el modernismo en la Iglesia. Belloc lo llamaba la síntesis de todas las herejías, porque las contiene todas.

»Me parece que la respuesta está en aferrarse a la fe y al culto milenario de la Iglesia. Y que hace falta que profundicemos en la fe cristiana con el mismo entusiasmo con el que profundizamos en otras cosas.  Preguntarse por ejemplo con qué disposición y con qué frecuencia se acercaba Santa Teresa de Jesús a la comunión, qué enseña Santo Tomás sobre cómo debe recibirse y administrarse el Cuerpo de Cristo, o qué advertía Newman sobre el efecto corrosivo del sentimentalismo y la mundanización en la fe.

-Se ha hablado hasta la saturación (y se sigue hablando) de "diálogo" con la cultura. Acepto la expresión si eso significa claridad de la posición de la que se parte y no se llega a la renuncia de la verdad, a la tolerancia entendida como relativismo… ¿En qué medida "dialogas" en tu novela con este mundo? A lo mejor es solo (y ya sería todo) una llamamiento a un mundo que se suicida.

-Yo no le veo demasiado sentido a dialogar con el mundo sobre las grandes cuestiones, porque cuando no existen unos mimbres comunes el diálogo es estéril, y eso en el mejor de los casos. He escrito un cuento cristiano, para cristianos o para todo aquel que quiera acercarse a la Navidad cristiana. No es un llamamiento, es solo una mirada hacia el corazón de la fe. La regla de San Benito le dice al monje: "Inclina el oído de tu corazón", que es como decir: escucha con el corazón.

»La Navidad es una fiesta alegre y familiar, pero es también un momento de recogimiento. Y hay muchas cosas que se pueden hacer para purificar la fe, no es necesario irse al desierto para hacerlo. Se puede reducir el ruido, se puede buscar una liturgia digna de Dios, se puede aprender a rezar el breviario íntegro, que incluía esos salmos hermosos y terribles que lamentablemente no aparecen ya en la última reforma, pero que nadie prohíbe rezar, y que son un canto terrible y maravilloso a Dios. Se pueden contar a los niños las maravillas que Dios ha hecho desde la creación del mundo, se les puede enseñar a ver la realidad con los ojos con los que mira la Iglesia, con mirada sobrenatural.

»Para mí esa es la tarea urgente, purificar, recuperar, reconstruir, vivir como medievales, con el Credo, los sacramentos, la misa y la oración, sanamente alejados de los cambios y los vaivenes de dentro y de fuera de las murallas. Pensar en la propia salvación con temor y temblor, como enseña San Pablo, y dejarse deslumbrar por la fuerza y la belleza de Dios.

-Por cierto, me parece de una belleza maravillosa la forma de presentar a la Virgen mediando en el paso a la luz....

-Ella es el verdadero corazón del cuento, eso sí te lo puedo decir.

martes, 10 de diciembre de 2019

El Belén que puso Dios, de Enrique Monasterio

Ahí va mi recomendación navideña anual. si aún no lo has leído, aprovecha. Y si ya lo has hecho, vuelve a disfrutar con este precioso libro que, aunque pudiera parecerlo, no es un libro para niños, aunque estos también puedan leerlo. Jóvenes y adultos disfrutarán por igual con su lectura. En él encontrarás la historia de Zabulón, un pastorcillo que fue a adorar a Dios y era un poco «tonto»; de la lavandera Salomé, que lavó por primera vez los pañales de Jesús; de Joaquín, el posadero que no les dio hospedaje pero sí un establo; de Moreno, el borrico que llevó Santa María de un lado para otro; de Oriente, la estrella que estaba hecha para un sólo día del año… Un relato sencillo, cercano, familiar, que no te dejará indiferente. Un libro para Navidad y para cualquier día del año. Espero que lo disfrutes… y que lo recomiendes.
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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Historias y cuentos de Navidad, por Juan Luis Lorda


Historias y cuentos de Navidad[1]
Ningún cuento puede competir con el que escribió Charles Dickens en 1844, Canción de Navidad. A través de los sueños que sobresaltan al rico avaro Mr. Scrooge, Dickens sabe evocar todas las nostalgias de la Navidad. Y muestra que el principal calor de estos días nace del cariño en los hogares. Buen pregón y mensaje para las fiestas. Pocos lo habrán leído y casi todos lo habrán visto en alguna de las múltiples versiones cinematográficas. Porque es una de las historias que más veces ha sido llevada al cine. La primera fue en 1913. Desde entonces, se ha rodado de todas las maneras posibles, incluso en dibujos animados (Murakami) y con teleñecos (y Michel Caine). Pero la versión más famosa es la de Brian Desmond Hust (1951), con un impresionante Alistair Sin como Mr. Scrooge. Año tras año, vuelve a la pantalla, lo mismo que la inolvidable película de Frank Capra, Qué bello es vivir. En el fondo, es una relectura de la historia de Dickens. Con James Stewart a punto de suicidarse, y un simpático ángel que le hace pensar en lo que habría pasado si no hubiera vivido. Nadie está de sobra en el mundo. También es un buen mensaje de Navidad.
Algo tiene la Navidad cuando sus historias y cuentos pueden decirnos sencillamente cosas tan importantes. Como si estuvieran dirigidas a niños, nos las recuerdan a los mayores. Ya las sabemos, pero, en otras circunstancias, nos da pudor decirlas. Quizá porque son enormemente bonitas, sencillas y tiernas. En otras épocas del año, preferimos lenguajes abstractos, que siempre son menos tiernos que los cuentos. Probablemente es una manera de resistirse a reconocer que, en el fondo, seguimos siendo niños. Porque aspiramos a lo mismo que ellos: un poco de cariño, un poco de protección, un poco de fiesta y tiempo para jugar. El mundo de los mayores, con sus seriedades y preocupaciones, es sólo para las horas de trabajo. Pero la felicidad tiene que ver con lo que ingenuamente desean los niños. No hay otra fórmula: "Si no os hacéis como niños...".
La Navidad, por ser para niños, es tiempo de historias y cuentos. Y, desde que existe Internet, se pueden encontrar por miles en la red. Para todos los gustos. También hay cuentos horrorosos, desesperanzados y posmodernos. Quieren ser cuentos para mayores y, por eso mismo, han perdido el Norte, y no saben adónde van. En cambio, me aconsejaron el cuento que publicó hace pocos años Enrique Monasterio, El Belén que puso Dios. Empieza de una manera preciosa: "Al principio Dios quiso poner un Belén y creó el universo para adornar la cuna". Explica que la Navidad "no es un aniversario, ni un recuerdo; tampoco es un sentimiento; es el día en que Dios pone un Belén en cada alma". Y con esa inspiración construye su relato. Estupendo.
Pero la principal historia de la Navidad no es un cuento ni una recreación literaria. Es el recuerdo del Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que nació de María en aquella noche, santa desde entonces. Por eso, antes que un cuento, en Navidad hay que recomendar los comienzos del Evangelio de San Lucas y de San Mateo. En Alemania, existe la entrañable costumbre de leer en familia, en voz alta, junto al Belén, el capítulo 2 de San Lucas, en la misma noche de Navidad. Allí aparecen María y José, y se nos cuenta que no encontraron sitio en la posada, y que tuvieron que buscar un pesebre. Y se recuerda la alegría inmensa de los ángeles y su anuncio a los pastores. Con ese mensaje de Dios, que siempre es oportuno para los hombres que debemos ser niños: "Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor".




[1] Juan Luis Lorda, La Verdad de Murcia, 24 de diciembre de 2004.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad, de Charles Dickens

“Son unas fechas deliciosas, un tiempo de perdón, de afecto, de caridad; el único momento que conozco en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen haberse puesto de acuerdo para abrir libremente sus cerrados corazones y para considerar a la gente de abajo como compañeros de viaje hacia la tumba y no como seres de otra especie embarcados con otro destino”.

Así se expresa, aludiendo a los ya cercanos días de Navidad, el sobrino del viejo y avaro Ebenezar Scrooge, protagonista de esta novela corta, Cuento de Navidad (A Christmas Carol). Charles Dickens, a través de Scrooge, nos muestra una Navidad en la que deben prevalecer los valores familiares y la generosidad. El señor Scrooge, que vive para sí mismo y preocupado únicamente por su negocio, menosprecia al ser humano y cualquier sentimiento de amor o compasión. La noche antes de Navidad, su socio Marley, muerto siete años antes, se le aparece advirtiéndole de la visita de tres fantasmas: El fantasma del Pasado, del Presente y del Futuro. Esta visita logra operar en Scrooge un cambio definitivo. En los tiempos que corren, esta imprescindible novela nos hace llegar un mensaje de esperanza y la posibilidad de cambio en un mundo golpeado por la crisis económica, el hambre, las guerras y, sobre todo, nuestro propio egoísmo. Excelente, respetuosa y ágil adaptación de Pablo Antón Pascual, con ilustraciones del joven Christian Birmingham.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Cartas de Papá Noel, de J. R. R. Tolkien

Todos los años, durante más de veinte, cuando se aproximaba la Navidad, los hijos de J. R. R. Tolkien recibían un sobre con un sello del Polo Norte. Dentro había una carta escrita con una extraña letra temblorosa y un dibujo de vivos colores o algunos bocetos. El remitente era Papá Noel. Las cartas aparecían misteriosamente, a menudo espolvoreadas con nieve fresca, en la chimenea, y algunas veces las traía el cartero. Hablaban de sucesos del Polo Norte, divertidos o alarmantes, acompañados siempre por maravillosos dibujos: cómo se soltaron todos los renos de los trineos y desperdigaron los regalos; cómo el Oso Polar escaló el Polo Norte y se cayó por el tejado de la casa de Papá Noel para aterrizar en el comedor; cómo rompió la Luna en cuatro partes e hizo que el hombre que vive en ella cayera en el jardín; y ¡cómo se declaró la guerra a una horda de trasgos que vivían en unas cuevas debajo de la casa! Un buen regalo para niños en estas próximas fiestas de Navidad.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Libro de Visitantes, de José Jiménez Lozano


Un viajero inglés encuentra, a finales del siglo XIX, en la biblioteca del Monasterio del Monte Athos (Grecia), el manuscrito original de este Libro de Visitantes. Copiado y traducido fue —por avatares del destino—, vendido por los herederos del viajero como un legajo de papeles sin importancia, considerándose hoy en día perdido. Un librito delicioso y conmovedor, colmado de la sensibilidad característica de José Jiménez Lozano, que nos introduce en los días que enmarcan el nacimiento de Jesús. Libro de Visitantes es, por tanto, un cuento sobre la Navidad. Una voz popular y casi folclórica que entrelaza hechos y personajes reales como Virgilio, Góngora, Descartes, Spinoza, Pascal o Hegel para narrarnos el mayor acontecimiento de la historia.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Barioná, el hijo del trueno, de Jean-Paul Sartre


A pesar de ser un ateo convencido, Jean-Paul Sartre, escribió su primera obra de teatro con motivo de la Navidad. Era el año 1940, y estaba prisionero en el Stalag 12, un campo de concentración alemán. Es una obrita breve, pero intensa, que se representaría por primera vez ese mismo año ante más de 12.000 prisioneros. Con las intervenciones de Barioná, protagonista de la obra, y de Baltasar, su contrapunto, —papel interpretado por el propio Sastre— el autor nos explica con asombrosa sencillez, cómo en la noche del 24 de diciembre, hace más de 20 siglos, nació en Belén la esperanza para el mundo. Sartre utiliza la figura del protagonista para explicar el proceso de transformación que siente quien conoce la buena nueva que trae ese niño pequeño e indefenso al que todos adoran. Cuando Sartre consiga escapar del campo, renegará de la obra y no autorizará su publicación hasta 1962, con la condición de que en una nota se indique que él nunca coqueteó con el cristianismo al escribirla. Sin embargo, si no tuvo ningún tipo de inspiración cristiana para realizar la obra, ¿qué pudo motivar al padre del existencialismo francés y figura clave en el mayo del 68, a escribir una pieza de tales características?
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