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lunes, 13 de mayo de 2019

Los pastorcillos de Fátima, de Miguel Álvarez


“Cada mañana los pastorcillos se levantan con alegría porque van a pasar el día juntos. Desayunan al amanecer, rezan una oración al ángel de la guarda y salen con el rebaño hacia el Gredal, una pequeña laguna cercana al caserío. Es el punto de cita donde reúnen los dos hatos de ovejas y los conducen, meseta arriba, hacia los pastos que decide Lucia”
Los tres pastorcillos de Fátima comenzaron sus vidas en la honradez de una vida sencilla, e hicieron de su labor de pastores un ejemplo de humanidad para sus familiares y compañeros. La visita de la Virgen supuso un reto de superación en su forma de entender su relación con Dios. Esta es la historia de los tres pastorcitos portugueses a los que se les apareció la Virgen de Fátima el 13 de mayo de 1917. Lucia, de 10 años, y sus primos, Francisco de 9 años y Jacinta de 7 años, recibieron el mensaje de la Señora: el mal del mundo, la causa de sus guerras y desastres es el pecado; la oración y el sacrificio son los medios para conseguir la salvación. Francisco y Jacinta murieron pronto, ofreciendo su vida por la paz del mundo. Lucia se quedó, como le había prometido la Virgen, para extender la devoción de su Sagrado Corazón.


martes, 25 de enero de 2011

Juan Pablo II. El joven que llegó a Papa, de Miguel Álvarez

El 16 de octubre de 1978, a última hora de la tarde, la chimenea de la Capilla Sixtina dejaba escapar una humareda blanca: Karol Wojtila, cardenal arzobispo de Cracovia, con sólo cincuenta y ocho años, una edad extremadamente joven para un papa, se convertía en Juan Pablo II. Era el primer Papa polaco; el primer Papa del Este; el Papa más joven de la historia. Un Papa cuyo pontificado ha removido a la Iglesia y ha cambiado el curso de la historia. Hoy, recién anunciada su próxima beatificación, cristianos y no cristianos, hombres de bien de todo el mundo, le agradecemos su vida y su entrega. En este pequeño libro encontrarás su apasionante historia, la de aquel muchacho polaco que a los veinte años se quedó huérfano de padre y madre, sin hermanos ni familia, en una Cracovia ocupada por los alemanes. Ese joven que trabajó en las canteras de la fábrica Solvay, siempre con un libro en el bolsillo que le permitiera estudiar en los descansos; que fue actor y escritor dramático y un día sintió la vocación del sacerdocio y comenzó a estudiar en el seminario clandestino de Cracovia. El resto de la historia, no te la cuento. Léela, y no te arrepentirás. Acabo con las que quizá sean las últimas palabras que dirigió a los jóvenes, a los que tanto cariño tuvo durante toda su vida. No podía hablar, pero escribió: "Os he buscado; ahora vosotros venís a mí. Os doy las gracias".