Si te gusta leer, este es tu blog. Leer para aprender. Leer para descansar. Leer para recomendar. Libros para ti, libros para tus hijos, libros para tus padres. Libros para todas las edades. Libros para jóvenes y libros para adultos. Lo mejor de ahora y de siempre. No son recomendaciones de un experto, sino de un aficionado a la lectura que recomienda libros a sus amigos. Espero que te gusten.
«Aquel
día no hubo manera de dar un paseo. El caso es que por la mañana anduvimos
deambulando una hora entre los pelados arbustos; pero después de comer -y la
señora Reed, cuando no había invitados, comía pronto-, el helado viento
invernal había acarreado unas nubes tan sombrías y una lluvia tan penetrante
que volver a poner el pie fuera de casa era algo que a nadie se le pasaba por
la cabeza.».
Así comienza Jane Eyre (1847), la obra
maestra de la literatura victoriana. Una novela clásica de amor, precursora del
feminismo y la psicología moderna. Es la historia de una huérfana con una
infancia rebelde y llena de maltratos, enfermedad, renuncia y aprendizaje en un
tétrico internado, sin que falten inesperados golpes de fortuna, y, cómo no, remansos
de paz y felicidad. Es el libro de una vida caracterizada por la lucha entre la
conciencia y el sentimiento, entre los principios y los deseos. Jane Eyre es,
al mismo tiempo, una punzante crítica social. Una de las novelas más populares
y exitosas de todos los tiempos. Como afirmó Virginia Woolf: «Toda la fuerza de
Charlotte Brontë –una fuerza mucho más tremenda por estar constreñida- cabe en
esta afirmación: «Amo, odio, sufro.».
«El 14 de junio de
1940 sucedieron dos cosas. Cuatro hombres que nadie conocía murieron en una
playa de maniobras ferroviarias, y un quinto saltó desde un balcón».
«La
guerra nos convierte en desconocidos. Y de eso, nunca nos recuperamos.»París,
viernes 14 de junio de 1940. El Gobierno francés ha declarado la capital
francesa ciudad abierta. Los nazis dan comienzo a la ocupación. El detective
Eddie Giral, superviviente de la Gran Guerra, recibe la noticia de un macabro
hallazgo: cuatro refugiados han aparecido muertos en un vagón de tren. Son los
olvidados, hombres a los que nadie llora y de los que no se habla. Para
descubrir quién es el responsable de estos terribles asesinatos, el detective
Giral tendrá que sumergirse en las altas esferas nazis y la Resistencia. Al mismo
tiempo ha de luchar contra las secuelas que le dejó la guerra, que cambiaron su
vida para siempre. Otra buena novela, primera de la serie del detective Eddie Giral, para leer en vacaciones.
«No ha habido tiempos
mejores, no ha habido tiempos peores; fueron años de buen sentido, fueron años
de locura; una época de fe, una época de incredulidad; lapso de luz, lapso de
tinieblas; primavera de esperanza, invierno de desesperación; lo teníamos todo
ante nosotros; todos íbamos derecho al cielo, todos marchábamos en sentido
contrario. Aquel período fue, en una palabra, tan semejante al actual, que
algunas de sus personalidades más vocingleras reclamaban para el mismo que le
fuesen aplicadas exclusivamente en lo bueno y en lo malo los calificativos
extremos.».
Así
comienza Charles Dickens esta novela, escrita en 1859. En ella narra una historia que transcurre desde los años previos a la Revolución
francesa, hasta llegar al Terror de 1793. La trama se desarrolla paralelamente
entre París y Londres. Una época llena de
contrastes y contradicciones, donde el bien y el mal estuvieron mezclados como
en pocos períodos de la historia. No es fácil resumir la trama. Me quedo con uno de los protagonistas, Sidney Carton. Lleno
de desánimo, se da asco a sí mismo. Sin embargo, al final de su existencia, se da
cuenta de que su vida sirvió para algo. Carton nos enseña que nunca es tarde
para recomenzar, que siempre podemos rectificar; que por más que hayamos
dilapidado nuestra existencia, bajo las cenizas de nuestras miserias y
debilidades hay un fuego que puede volver a tomar cuerpo y purificar nuestro
pasado.
«Pitt estaba
en medio de la calle, contemplando las ruinas abrasadas de la casa. La brigada
contra incendios había regado a conciencia las llamas surgidas aquí y allí con
sus mangueras, y el agua se encharcaba en el suelo y se acumulaba en los
cráteres que había dejado la bomba al estallar cuarenta y cinco minutos antes.
Era mediodía, pero el cielo todavía estaba nublado a causa del humo, cuyo hedor
se extendía por todas partes».
Una
bomba estalla en Londres durante una redada policial y se cobra
varias vidas. Muchos creen que es un atentado perpetrado por anarquistas, pero
el comandante Thomas Pitt, de la Special Branch, pronto se da
cuenta de que encubre un asesinato. La investigación apunta a un miembro
del Parlamento que anda detrás de un lucrativo negocio, un policía de alto
rango y un aristócrata sediento de venganza. A medida que tira del hilo, Pitt
se topa una y otra vez con las barreras que protegen a los ricos y poderosos,
que no dudarán en quitárselo de en medio por mantener su estatus. Trigésimo primera
entrega de la serie de novelas de intriga de Thomas Pitt, que nos ofrece una
mirada implacable sobre la corrupción en la sociedad victoriana a
finales del siglo XIX.
«Irlanda, 1919. Hoy
ha empezado mi viaje a África. Salí por la puerta principal y crucé el sendero
de losas. Las gaviotas graznaban en los acantilados de Bannock y mi queridísima
hermana Ada estaba llorando.».
Así
comienza esta positiva, esperanzadora y, en ocasiones dura novela. Cathleen se
traslada a Sudáfrica, al duro y desértico Karoo, para casarse con su prometido.
Sin embargo, el matrimonio no va a resultar como había soñado. Aislada en un
entorno inhóspito, Cathleen encuentra consuelo en escribir su diario, en criar
a sus dos hijos y también a Ada, la hija de su criada, a la que
enseña a leer y a tocar el piano, a amar a Chopin. Todo se verá alterado cuando
Ada descubre que está embarazada, que espera un hijo mulato en un país que no
admite las relaciones entre blancos y negros. Ada se escapa al sentir que ha
traicionado a Cathleen. Despreciada y marginada por ambas comunidades, tiene
que luchar por su supervivencia y la de su hija. La música, y Cathleen, serán
sus refugios. La hija de la criada, una novela cargada de sentimientos, la
historia de una profunda amistad por encima de las convenciones sociales y de los
peligros de la segregación.
«Nunca se sabe cuándo
va a caer el golpe. Cuando vi por primera vez a Rollo Martins escribí esta nota
para mis archivos policiales de seguridad: «En circunstancias normales un tonto
jovial. Bebe demasiado y puede provocar conflictos. Cuando pasa una mujer a su
lado levanta la vista y hace algún comentario, pero tengo la impresión de que
el asunto no le interesa. No ha crecido nunca y tal vez sea esa la razón por la
que adora a Lime».
Rollo
Martins, escritor de novelas del oeste, recibe una invitación de su amigo de la
infancia Harry Lime para que vaya a Viena a escribir sobre el trabajo de ayuda
a los refugiados internacionales; cuando llega a Viena, nadie lo espera en el
aeropuerto. Decide ir a la casa de Lime y, al llegar a ella, lo informan de que
ha muerto en un accidente. En las horas sucesivas, Martins recaba información
de distintos testigos y, ante la incoherencia de los relatos, decide investigar por su
cuenta. Graham Greene escribe esta novela como relato base para un guion de
cine que le encarga el Alexander Korda. Por eso, como él mismo
afirma, no es una novela para ser leída, sino para ser vista. En 1949 se
convertirá en película, todo un clásico, con Carol Reed como director y Orson Welles y Joseph Cotten como principales intérpretes.
«Sí
—dijo Beth. Intentó aparentar sorpresa, pero no resultó nada convincente, pues
cuando iban al instituto de enseñanza secundaria ya decidió que se casarían.
Sin embargo, se quedó asombrada cuando Danny hincó la rodilla en mitad del
atestado restaurante. —Sí —repitió Beth, con la esperanza de que se levantara
antes de que todo el mundo dejara de comer y se volviera a mirarlos. Pero él no
se movió.»
Danny Cartwright, un
joven de clase obrera, está a punto de casarse. Sin embargo, la noche que acude
a un renombrado club del centro de Londres para celebrar su compromiso, un
terrible suceso cambia su destino: en una pelea callejera el hermano de su prometida
es acuchillado y él es injustamente acusado de asesinato. Tras un juicio lleno
de irregularidades y víctima de un abogado defensor inexperto, Danny es
condenado a veinte años de cárcel por homicidio. El plácido futuro que él
imaginaba con su mujer, su familia y su nuevo empleo se esfuma; su vida ahora
es la prisión. Por fortuna, encuentra el apoyo de sus compañeros de celda para
soportar el encierro y no tarda en vislumbrar la posibilidad de un arriesgado
engaño que le devuelva la libertad y le permita vengarse del verdadero
culpable. Una versión contemporánea de El conde de Montecristo. Excelente. Me
enganchó desde el principio. No dejo de recomendarla.
«Un niño baja unas
escaleras. Es un tramo angosto que se revuelve sobre sí mismo. El niño avanza
lentamente, deslizando la espalda por la pared, con un golpe seco de bota en
cada escalón. Casi al final se detiene un momento y se vuelve a mirar el camino
andado. De pronto salta resueltamente los tres últimos peldaños, como de
costumbre. Al llegar al suelo, tropieza y se cae de rodillas en las losas».
Agnes,
una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de
crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la
comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un
joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta
enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se
verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada
desgracia.Partiendo
de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell ahonda en las pequeñas
grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el
dolor y la pérdida. Novela bien escrita y agradable de leer que te adentra en
la Inglaterra campesina de finales del siglo XVI.
«Este mundo está
lleno de cosas rotas: corazones rotos y promesas rotas, personas rotas. (…) Yo
estoy roto, y en represalia he roto a otros. (…) Ahora pienso que lo que yo
hice era desproporcionado en relación con lo que me hicieron a mí, pero esa es
la esencia de la venganza. Crece de manera exponencial. No puede controlarse.
Un daño invita a otro, y así sucesivamente hasta que el agravio inicial casi se
ha olvidado en medio del caos que viene después. En otro tiempo busqué
venganza. Nunca más lo haré. Pero este mundo está lleno de cosas rotas».
Daniel
Clay, en otro tiempo un respetado psiquiatra infantil, desapareció al salir a
la luz los abusos sufridos por varios niños que él atendía. Ahora, cinco años
después, y cuando ya se le ha declarado muerto, su hija, Rebecca Clay, es
acosada por un desconocido que pregunta por su padre. Ese desconocido, llamado
Merrick, está obsesionado con descubrir la verdad sobre la desaparición de su
propia hija, y Rebecca contrata al detective Charlie Parker para deshacerse de
Merrick a toda costa, porque la búsqueda de Merrick ha inducido a otros a salir
de las sombras: seres atormentados decididos a vengarse, pálidos espectros que
vagan sin reposo. Después de leer en 2010 Los hombres de la guadaña, y en 2015
Todo lo que muere, no había vuelto a leer nada de John Connolly. Ayer, al
terminar Los atormentados, decidí leer toda la serie de Charlie Parker.
«En la fachada
luminosa y amarilla del Hotel Beauregard, Menton, se abrió despacio un
ventanuco por el que salió una mano, que, tras depositar una pequeña maleta
marrón sobre el alféizar, desapareció rápidamente».
Guffy Randall, un joven aristócrata inglés, no sale de su sorpresa
cuando se encuentra con el Paladín Hereditario de Averna y parte de su corte en
un hotel de la Costa Azul. Y es que ese flamante heredero no es otro que su
viejo amigo Albert Campion, un caballero de alta cuna que se esconde
tras un pseudónimo para poder ejercer de forma anónima su profesión de detective.
Campion, acompañado de tres camaradas tan peculiares como él y de su
fiel sirviente Magersfontein Lugg, un antiguo ladrón dado a los métodos
expeditivos, se enfrenta esta vez a la misión de probar que el reino de Averna,
un minúsculo y pintoresco principado situado a orillas del Adriático, pertenece
a la Corona inglesa. Para ello se verá obligado a viajar a Pontisbright,
una aldea en la que se toparán con grandes misterios, y cadáveres por doquier. Todo
un descubrimiento, Margery Allingham, a la altura de Agatha Christie y Dorothy L. Sayers. En opinión de A. S. Byatt, “De
entre todas las reinas del crimen (…) la que mejor sabía contar historias”. Termino esta quinta entrega de la serie Albert
Campion con ganas de leer las precedentes.
«Era alto, pero un
poco cargado de hombros, tenía entre treinta y cinco y cuarenta años y se
vestía con ese desaliño peculiar que caracteriza a un miembro de la
intelligentsia de vacaciones. A primera vista se le podría haber confundido con
un doctor o con un maestro de escuela, aunque no tenía ni el aire mundano del
primero ni la indefinible vivacidad del segundo. En realidad, era filólogo y
miembro de un college de Cambridge. Se llamaba Ransom».
Un malvado científico llamado Weston rapta
al insigne doctor Ransom y lo envía contra su voluntad hacia el planeta rojo de
Malacandra. Allí le aguarda un desafortunado destino: convertirse en la víctima
de un sacrificio. Sin embargo, una vez en Malacandra, Ransom consigue zafarse
de sus captores y descubre que se encuentra en Marte, un mundo poblado por
seres inocentes que viven en armonía con el resto de mundos del Campo del Árbol
(el sistema solar) amparados por la benéfica influencia de Maleldil y que nunca
conocieron la maldad del oyarsa rebelde que mora en Thulcandra, la Tierra, el
planeta silencioso y aislado que no habla el idioma del Árbol. Más allá del Planeta Silencioso,
Out of the Silent Planet en el original,
fue publicado en 1938. Es el primer libro de la llamada Trilogía Cósmica. Menos
conocida que las Crónicas de Narnia, no le anda a la
zaga en calidad y profundidad. Es conocida como “la Narnia para adultos”.
«Mi nombre es Kathy
H. Tengo treinta y un años, y llevo más de once siendo cuidadora. Puede parecer
mucho tiempo, lo sé, pero lo cierto es que quieren que siga otros ocho meses,
hasta finales de año. Esto hará un total de casi doce años exactos».
Leer hace un mes Cuando fuimos huérfanos me ha recordado esta otra novela de Ishiguro, que leí hace ya casi diez años y con la cual disfruté no menos. Kazuo Ishiguro nació en Nagasaki
en 1954, pero ha vivido en Inglaterra
desde los seis años. Está considerado uno
de los mejores escritores contemporáneos. En 2017 fue galardonado con el Premio Nobel. En Nunca me abandones —Never Let
Me Go en el original— nos presenta un relato casi de ciencia-ficción. Ambientada a finales de los años noventa en Inglaterra, el personaje central
y narradora de la novela es Kath H.,
que a los 31 años recuerda su niñez en Hailsham,
un internado para alumnos especiales.
Poco a poco entendemos que en realidad son clones cuyas vidas están programadas desde su
nacimiento con el fin de servir de repuestos para mantener sana a la población
normal. De este modo se advierte el peligro
de la ciencia que se desarrolla sin
que avance la sabiduría ética. Nunca me abandones fue llevada al cine en 2010por Mark Romanek.
«Era el verano de
1923, el verano en que dejé Cambridge, cuando pese a los deseos de mi tía
de que volviese a Shropshire decidí que mi futuro estaba en la capital y
alquilé un pequeño apartamento en el número 14b de Bedford Gardens, en
Kensington. Recuerdo ahora aquel verano como el más maravilloso de todos los
veranos».
Inglaterra, años treinta. Christopher Banks se ha convertido en el más célebre
detective de Londres. Pero hay un
enigma que es incapaz de resolver y del que él mismo es protagonista: cuando
era niño y vivía en Shangai con su familia, sus padres desaparecieron misteriosamente, acaso secuestrados por la
mafia china por un asunto relacionado con el tráfico de opio. Él, que creció
como un huérfano, tiene recuerdos vagos y contradictorios de lo que realmente
sucedió. Pero la ausencia de sus padres, de los que ni siquiera sabe con
seguridad si están vivos o muertos, le atormenta. Y por eso decide que ha
llegado el momento de enfrentarse al caso de su vida. Cuando
fuimos huérfanos, When we
were orphans en el original, quinta novela de Ishiguro, nos hace gozar de nuevo
de la buena literatura.
Los poetas del heavy metal, de Santiago Posteguillo[1]
Somerset, Inglaterra, primavera de 1798
William caminaba junto a su hermana mientras Samuel, más taciturno, paseaba un poco por detrás.
—De verdad, es un gran libro —insistió William, pero su amigo parecía demasiado abstraído como para responder.
—Samuel, ¿en qué estás pensando? —preguntó la hermana de William.
—Ah, no, en nada —dijo Samuel como si despertara de un sueño—. Es decir: en nada no. Pensaba en todo lo que ha contado tu hermano sobre el viaje alrededor del mundo del capitán George Shelvocke. Me parece fascinante la idea de navegar y llegar hasta los mares del sur, hasta el Antártico, los hielos y esa historia del albatros gigantesco sobrevolando la nave hasta que aquel marinero, ¿cómo se llamaba...?
—Eso es, Hatley —continuó entonces Samuel Coleridge—. Hasta que Hatley, después de varios intentos, mata al albatros por creer que ese gran pájaro les traía mala suerte y era el culpable de sus desventuras en el océano. Es un tema perfecto para un poema.
—Demasiado extraño —comentó William Wordsworth, y su hermana asintió.
Samuel Coleridge sonrió.
—Ya sabes que tú y yo no coincidimos en todo.
Y siguieron caminando, compartiendo el silencio de una tarde de cielos despejados y sin viento.
A los pocos días, Samuel Coleridge se sentó en su estudio y escribió uno de los poemas más enigmáticos y más grandiosos de la literatura inglesa, con el que nacía, junto con otros textos de su amigo Wordsworth, el movimiento romántico en la literatura anglosajona. El título del poema era «The Rime of the Ancient Mariner» («La balada del viejo marinero»).
—Ahí está —dijo Coleridge cuando lo tuvo terminado, mientras se recostaba en el respaldo de su asiento y leía aquellos versos que tan famoso lo harían poco después: esas líneas en las que describía un barco a la deriva, en medio de un mar sin viento, con los marineros muertos de hambre y sed, sobre los que, de pronto, empezaba a sobrevolar un enigmático y gigantesco albatros:
Day after day, day after day,
We stuck, nor breath nor motion;
As idle as a painted ship
Upon a painted ocean.
Water, water, every where,
And all the boards did shrink;
Water, water, every where,
Nor any drop to drink.
Día tras día, día tras día,
atascados, sin brisa ni movimiento;
tan inútiles como un navío pintado
sobre un océano pintado.
Agua, agua, por todas partes,
y todos los tablones se encogían;
agua, agua, por todas partes,
ni una sola gota que beber.
—Ahí está —repitió Samuel Coleridge cuando terminó su lectura en voz alta, sin saber que cambiaba la historia de la literatura con aquel largo poema (los versos de arriba son apenas una pequeña muestra).
Se trataba de una alegoría sobre la lucha entre la tendencia natural de muchos seres humanos a obrar mal y el reencuentro con la libertad gracias a la penitencia como único camino hacia la redención. Sí, así empezó el romanticismo literario inglés y, aunque eso ni lo sabían ni lo podían siquiera imaginar Coleridge o Wordsworth, así también cambió la historia del heavy metal. Claro que eso sería en otro lugar, en otro tiempo.
Madrid, primavera de 1834
Teresa había dejado de gritar, y por fin José pudo entrar en la habitación. Todo, pese a la sangre de las sábanas y la cara de agotamiento de Teresa, parecía estar bien. El parto había transcurrido según lo esperado. Le pusieron el bebé en sus manos.
—Es una niña —dijo su esposa desde la cama, con apenas un hilillo de voz suave pero serena.
—Es perfecta —respondió José, y se quedó mirando a la pequeña recién nacida como un tonto. Tras años de exilio en Portugal, Londres y París, habían conseguido retornar a España; y ahora, como un gran premio después de tantos sacrificios, tenían su primer hijo. Bueno, hija. Daba igual. Era tan hermosa como su madre.
Todo iba bien. ¿Demasiado bien?
Y es que las inclinaciones liberales de José de Espronceda hacían que la pareja viviera con un miedo constante a ser de nuevo expulsados del país por los seguidores más conservadores de Fernando VII. Peor aún: vivían siempre con la angustia de que él fuera encarcelado por sus ideas demasiado libres, demasiado libertarias. En definitiva: por pensar demasiado.
—¿Has compuesto algo nuevo? —preguntó Teresa, que se recuperaba rápido, elevando el tono de voz, mientras recibía de nuevo a la niña en sus brazos.
—He escrito un poema a un pirata, a un rebelde indómito, como nosotros. Lo he llamado «Canción del pirata».
Y empezó a recitarlo para su esposa, mientras la niña se agazapaba entre las sábanas y el pecho de su madre.
—Con diez cañones por banda, / viento en popa, a toda vela, / no corta el mar, sino vuela / un velero bergantín...
Espronceda, como Coleridge, también acababa de componer la letra de otro gran poema romántico y, de nuevo sin saberlo, otra gran canción de heavy metal. Algo que, claro, el poeta español, como el inglés, tampoco podía imaginar.
Varsovia, 1984
La banda de rock heavy metal Iron Maiden se prepara para salir al escenario. Decenas de miles de espectadores, entre los que hay muchos miembros del sindicato Solidaridad, que buscan liberar a Polonia del yugo soviético, deambulan entre los pasillos de las gradas. Todos acuden atraídos por aquella banda que ha decidido iniciar su World Slavery Tour en un país de la Europa del Este. Y no sólo eso: es, además, una de las primeras veces que una banda de rock occidental viaja con todo el montaje escénico al completo más allá del telón de acero. Steve Harris y sus compañeros salen a escena. Las guitarras eléctricas empiezan a sonar con fuerza casi ensordecedora. Un crescendo constante hasta que empieza a sonar la versión de más de trece minutos de «La balada del viejo marinero», para muchos una de las mejores canciones, si no la mejor, del heavy metal de todos los tiempos, basada en el poema de Coleridge.
A los polacos, que llevaban años aprendiendo inglés en secreto, les encantó.
Plaza de la Fuente número 8, Esparza de Galar, Navarra, 2000
Javi y Juanan entran en el estudio. Son los productores. Ya están todos. Cada uno de los miembros del grupo se pone junto a su instrumento y lo va afinando mientras los técnicos se sientan al otro lado del cristal frente a la gran mesa de mezclas. Al cabo de unos minutos, Javi y Juanan se miran. Asienten.
—Cuando queráis —dicen los dos al unísono.
Y Ángel, Arturo, Iñaki, Roberto y Paco se lanzan. Guitarras potentes para un barco que navega sin límites. Empieza de esa forma la grabación de la versión del grupo español Tierra Santade la «Canción del pirata» de Espronceda. Apasionante.
Está claro que las bandas de heavy metal, que buscan con frecuencia temas misteriosos o épicos, cuando no ambas cosas a la vez, han sabido ver que la poesía romántica de todas las tradiciones literarias les ofrece exactamente eso que anhelan y, con audacia, se han lanzado a poner música a esa gran literatura sin atender a limitaciones ni a complejos. El resultado es sorprendente. Invito a escuchar ambas canciones a aquellos que no las conozcan aún.
Personalmente, me quedo con la de Tierra Santa.
Toda esta relación entre las bandas de heavy metal y la poesía romántica inglesa o española me la han enseñado, por supuesto, mis estudiantes. ¿Cómo quieren que deje de dar clase con lo mucho que aprendo cada día?
[1]S. Posteguillo: La sangre de los
libros, Planeta, Booket, Barcelona 2016, pp. 73-78.
“Iba
a ser la última visita del especialista y Dalgliesh sospechaba que ninguno de
los dos lo lamentaba, pues la arrogancia y la condescendencia por un lado, y la
debilidad, la gratitud y la dependencia por el otro no podían constituir el
fundamento de una relación satisfactoria entre adultos, por muy transitoria que
fuera”.
Adam Dalgliesh
-hombre de refinados gustos artísticos que ha publicado varios libros de poesía,
metódico policía y protagonista de buena parte de las novelas de P.D.James- decide visitar al padre Baddeley, antiguo amigo de la
familia, capellán en una casa de reposo, y acabar de recuperarse allí de una
grave enfermedad que le ha tenido apartado del servicio. Sin embargo, a su
llegada descubre que su amigo ha muerto y su cuerpo ha sido incinerado. También
ha muerto uno de los enfermos y, aparentemente, se trata de un suicidio.
A pesar de estar convaleciente, Dalgliesh deberá tratar de resolver el
misterio que inquieta a la aislada comunidad de Toynton Grange. La
torre negra reúne todos los ingredientes de las mejores novelas de P.D.James: trama apasionante, atmósfera claustrofóbica y gran
habilidad para captar hasta los detalles más nimios. P.D.Jamesnunca defrauda.
El próximo 9 de junio de 2020 se cumplirán 150 años de la muerte de Charles Dickens. Con ocasión de ese aniversario os recomiendo dos lecturas. La primera, un breve estudio de 195
páginas: El universo de Dickens, de Mariano Fazio, breve ensayo para introducirnos en la obra de este
universal autor. La segunda, una novela de Dickens, para empezar a abrir boca. En
concreto, David Copperfield, novela
de formación, o de aprendizaje, de la que el propio Dickens decía: «De todos mis
libros, éste es el que prefiero (…) tengo un hijo favorito en el fondo de
mi corazón. Y su nombre es David
Copperfield» (Prólogo a la
edición de 1867). Una novela que empieza
así:
«Si
soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán
estas páginas. Para dar comienzo a mi historia desde el principio, diré que
nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la
noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente».
“Ya entrada la tarde, un día de octubre del año 1924, un hombre joven, vestido sin preocupación, miraba distraídamente a través de la ventanilla de un compartimento de tercera clase en el tren casi vacío que, procedente de Swansea, ascendía penosamente por el valle de Penowell. (…) en la etapa final de su tedioso viaje, se hallaba más preocupado aún por la perspectiva de su destino -el primero de su carrera de médico- en esa extraña y fea región”.
El primer trabajo de Andrew Manson, un joven médico idealista, es en un pueblo minero de Gales donde se encontrará con todo tipo de problemas médicos y humanos, enfrentándose contra la corrupción del sistema sanitario en la Europa de entreguerras. Sin embargo, cuando se traslade a Londres, él mismo caerá en las redes del materialismo, cambiando su visión de la vida. Gracias a la integridad de su mujer, Christine y de sus amigos, volverá a ser el hombre que fue. El relato tiene bastante de autobiográfico, puesto que el propio Cronin, después de la Primera Guerra Mundial, trabajó en una área minera, en la zona de Gales del Sur y fue designado Inspector Médico de Minas. King Vidor(Duelo al sol), se encargará de llevar La ciudadela al cine en 1938, con Robert Donat (39 escalones), Rosalind Russell(Luna nueva) y Rex Harrison como protagonistas.
«Ésta
es la historia de Lexie Madison, no
la mía. Me encantaría explicarles la historia de una sin mezclarla con la de la
otra, pero es imposible. Antes pensaba que había cosido nuestras vidas por los
bordes con mis propias manos, que había apretado bien las puntadas y que podía
descoserlas cuando deseara. Ahora creo que siempre fue algo mucho más profundo
que eso, y mucho más soterrado; quedaba fuera del alcance de la vista y también
de mi control. (…) Hay algo que deben saber acerca de Alexandra Madison: nunca existió».
A pesar de
haber abandonado la brigada de homicidios, la detective Cassie Maddox recibe una llamada para acudir a la escena de un
crimen, ya que ella y la joven asesinada,
Alexandra Madison, son prácticamente
como dos gotas de agua. La policía
desmentirá la muerte de Lexie Madison
para que Cassie pueda suplantarla e
irse a vivir a Whitethorn House, su
antiguo hogar, que compartía con cuatro curiosos estudiantes universitarios,
los principales sospechosos. Cassie
no tardará en verse arrastrada por el misterio de saber quién era realmente Lexie y penetrar en su mundo. Excelente thriller, que te engancha desde el principio. Una buena lectura para el verano.
«Una tarde, Bruno
llegó de la escuela y se llevó una sorpresa al ver que Maria, la criada de la
familia —que siempre andaba cabizbaja y no solía levantar la vista de la
alfombra—, estaba en su dormitorio sacando todas sus cosas del armario y
metiéndolas en cuatro grandes cajas de madera; incluso las pertenencias que él
había escondido en el fondo del mueble, que eran suyas y de nadie más. —¿Qué
haces? (…) —Madre —dijo Bruno—, ¿qué pasa? ¿Por qué Maria está revolviendo mis
cosas? —Está haciendo las maletas».
Bruno tiene nueve
años y vive en Berlín. Un día, de
repente, se muda con su familia a una casa junto a una verja. Allí traba amistad con un niño judío llamado Shmuel que vive al otro lado de la verja y que, como otras personas
en ese lugar, viste un "pijama de rayas". Esa amistad dará un giro
inesperado a su corta existencia. El
niño con el pijama de rayas (en inglés The
Boy in the Striped Pyjamas) es una novela
del autor irlandés John Boyne. Un libro no sólo para adultos;
también es muy recomendable para jóvenes
a partir de doce años.Su éxito hizo que se rodase una adaptación cinematográfica que se
estrenó en 2008.
«Mr. Utterson, el abogado, era hombre de semblante adusto jamás
iluminado por una sonrisa, frío, parco y reservado en la conversación, torpe en
la expresión del sentimiento, enjuto, largo, seco y melancólico, y, sin
embargo, despertaba afecto».
Londres, siglo XIX. En
una vivienda señorial que tiene salida por detrás al barrio de Soho, vive el
respetado doctor Jekyll. Sus amigos,
el abogado Utterson y el doctor Lanyon, averiguan que tiene alojado en
su casa a un tipo mal encarado llamado Mr.
Hyde, que desagrada profundamente al mayordomo Poole y a toda la
servidumbre. Hyde se ve involucrado
en un crimen y se oculta por un tiempo. Más tarde reaparece, confiesa sus
crímenes, anuncia a Lanyon «un nuevo
ámbito de conocimiento y nuevos caminos hacia la fama y el poder», y le
reprocha sus «puntos de vista estrechos y ramplones» sobre la ciencia. The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde,
un clásico de la novela corta que
evoca el lado oscuro de la condición
humana y admite varias lecturas: simple trama de suspense, fábula moral y
escenario para la perpetua lucha entre
el bien y el mal.