«Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo».
Si te gusta leer, este es tu blog. Leer para aprender. Leer para descansar. Leer para recomendar. Libros para ti, libros para tus hijos, libros para tus padres. Libros para todas las edades. Libros para jóvenes y libros para adultos. Lo mejor de ahora y de siempre. No son recomendaciones de un experto, sino de un aficionado a la lectura que recomienda libros a sus amigos. Espero que te gusten.
lunes, 12 de octubre de 2026
Anna Karenina, de León Tolstói
lunes, 6 de julio de 2026
Jane Eyre, de Charlotte Brontë
«Aquel
día no hubo manera de dar un paseo. El caso es que por la mañana anduvimos
deambulando una hora entre los pelados arbustos; pero después de comer -y la
señora Reed, cuando no había invitados, comía pronto-, el helado viento
invernal había acarreado unas nubes tan sombrías y una lluvia tan penetrante
que volver a poner el pie fuera de casa era algo que a nadie se le pasaba por
la cabeza.».
En 2010 Cary Fukunaga llevó al cine la novela superando con matrícula de honor el desafío de trasladar a la pantalla una obra literaria clásica y muy querida, que ya contaba con buenas versiones, como la que une a Joan Fontaine y Orson Welles -Jane Eyre (Alma rebelde)-, o las dirigidas por Delbert Mann y Franco Zeffirelli.
lunes, 17 de febrero de 2025
Historia de dos ciudades, de Charles Dickens
Así comienza Charles Dickens esta novela, escrita en 1859. En ella narra una historia que transcurre desde los años previos a la Revolución francesa, hasta llegar al Terror de 1793. La trama se desarrolla paralelamente entre París y Londres. Una época llena de contrastes y contradicciones, donde el bien y el mal estuvieron mezclados como en pocos períodos de la historia. No es fácil resumir la trama. Me quedo con uno de los protagonistas, Sidney Carton. Lleno de desánimo, se da asco a sí mismo. Sin embargo, al final de su existencia, se da cuenta de que su vida sirvió para algo. Carton nos enseña que nunca es tarde para recomenzar, que siempre podemos rectificar; que por más que hayamos dilapidado nuestra existencia, bajo las cenizas de nuestras miserias y debilidades hay un fuego que puede volver a tomar cuerpo y purificar nuestro pasado.
lunes, 17 de octubre de 2022
Juana de Arco, de Mark Twain
«Desde una aldea remota y perdida llegó una
ignorante campesina y se puso al frente de aquella
guerra canallesca, con aquel incendio que todo lo consumía y asolaba el país
desde hacía varias generaciones. Y tuvo lugar, entonces, la más breve y desconcertante de las campañas
conocidas por la historia. Se terminó en
siete semanas, quedando desmontada una guerra que ya contaba con noventa y un
años de experiencia. […] Aquella guerra fue como un ogro carnívoro, devorador
de hombres, cuyas garras chorreaban sangre durante años y años. Con su débil
mano femenina, una niña de 17 años abatió al ogro y lo dejó tendido sobre los Campos de Patay».
De Juana de Arco dirá Mark Twain, autor de Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckelberry Finn: «Estoy ahora plenamente convencido de que Juana de Arco, el último de mis libros, es el que he logrado plenamente».
lunes, 15 de noviembre de 2021
Los poetas del heavy metal, de Santiago Posteguillo
Los poetas del heavy metal, de Santiago Posteguillo [1]
Somerset, Inglaterra, primavera de 1798
William caminaba junto a su hermana mientras Samuel, más taciturno, paseaba un poco por detrás.
—De verdad, es un gran libro —insistió William, pero su amigo parecía demasiado abstraído como para responder.
—Samuel, ¿en qué estás pensando? —preguntó la hermana de William.
—Ah, no, en nada —dijo Samuel como si despertara de un sueño—. Es decir: en nada no. Pensaba en todo lo que ha contado tu hermano sobre el viaje alrededor del mundo del capitán George Shelvocke. Me parece fascinante la idea de navegar y llegar hasta los mares del sur, hasta el Antártico, los hielos y esa historia del albatros gigantesco sobrevolando la nave hasta que aquel marinero, ¿cómo se llamaba...?
—Hatley —completó William Wordsworth.
—Eso es, Hatley —continuó entonces Samuel Coleridge—. Hasta que Hatley, después de varios intentos, mata al albatros por creer que ese gran pájaro les traía mala suerte y era el culpable de sus desventuras en el océano. Es un tema perfecto para un poema.
—Demasiado extraño —comentó William Wordsworth, y su hermana asintió.
Samuel Coleridge sonrió.
—Ya sabes que tú y yo no coincidimos en todo.
Y siguieron caminando, compartiendo el silencio de una tarde de cielos despejados y sin viento.
A los pocos días, Samuel Coleridge se sentó en su estudio y escribió uno de los poemas más enigmáticos y más grandiosos de la literatura inglesa, con el que nacía, junto con otros textos de su amigo Wordsworth, el movimiento romántico en la literatura anglosajona. El título del poema era «The Rime of the Ancient Mariner» («La balada del viejo marinero»).
—Ahí está —dijo Coleridge cuando lo tuvo terminado, mientras se recostaba en el respaldo de su asiento y leía aquellos versos que tan famoso lo harían poco después: esas líneas en las que describía un barco a la deriva, en medio de un mar sin viento, con los marineros muertos de hambre y sed, sobre los que, de pronto, empezaba a sobrevolar un enigmático y gigantesco albatros:
Day after day, day after day,
We stuck, nor breath nor motion;
As idle as a painted ship
Upon a painted ocean.
Water, water, every where,
And all the boards did shrink;
Water, water, every where,
Nor any drop to drink.
Día tras día, día tras día,
atascados, sin brisa ni movimiento;
tan inútiles como un navío pintado
sobre un océano pintado.
Agua, agua, por todas partes,
y todos los tablones se encogían;
agua, agua, por todas partes,
ni una sola gota que beber.
—Ahí está —repitió Samuel Coleridge cuando terminó su lectura en voz alta, sin saber que cambiaba la historia de la literatura con aquel largo poema (los versos de arriba son apenas una pequeña muestra).
Se trataba de una alegoría sobre la lucha entre la tendencia natural de muchos seres humanos a obrar mal y el reencuentro con la libertad gracias a la penitencia como único camino hacia la redención. Sí, así empezó el romanticismo literario inglés y, aunque eso ni lo sabían ni lo podían siquiera imaginar Coleridge o Wordsworth, así también cambió la historia del heavy metal. Claro que eso sería en otro lugar, en otro tiempo.
Madrid, primavera de 1834
Teresa había dejado de gritar, y por fin José pudo entrar en la habitación. Todo, pese a la sangre de las sábanas y la cara de agotamiento de Teresa, parecía estar bien. El parto había transcurrido según lo esperado. Le pusieron el bebé en sus manos.
—Es una niña —dijo su esposa desde la cama, con apenas un hilillo de voz suave pero serena.
—Es perfecta —respondió José, y se quedó mirando a la pequeña recién nacida como un tonto. Tras años de exilio en Portugal, Londres y París, habían conseguido retornar a España; y ahora, como un gran premio después de tantos sacrificios, tenían su primer hijo. Bueno, hija. Daba igual. Era tan hermosa como su madre.
Todo iba bien. ¿Demasiado bien?
Y es que las inclinaciones liberales de José de Espronceda hacían que la pareja viviera con un miedo constante a ser de nuevo expulsados del país por los seguidores más conservadores de Fernando VII. Peor aún: vivían siempre con la angustia de que él fuera encarcelado por sus ideas demasiado libres, demasiado libertarias. En definitiva: por pensar demasiado.
—¿Has compuesto algo nuevo? —preguntó Teresa, que se recuperaba rápido, elevando el tono de voz, mientras recibía de nuevo a la niña en sus brazos.
—He escrito un poema a un pirata, a un rebelde indómito, como nosotros. Lo he llamado «Canción del pirata».
Y empezó a recitarlo para su esposa, mientras la niña se agazapaba entre las sábanas y el pecho de su madre.
—Con diez cañones por banda, / viento en popa, a toda vela, / no corta el mar, sino vuela / un velero bergantín...
Espronceda, como Coleridge, también acababa de componer la letra de otro gran poema romántico y, de nuevo sin saberlo, otra gran canción de heavy metal. Algo que, claro, el poeta español, como el inglés, tampoco podía imaginar.
Varsovia, 1984
La banda de rock heavy metal Iron Maiden se prepara para salir al escenario. Decenas de miles de espectadores, entre los que hay muchos miembros del sindicato Solidaridad, que buscan liberar a Polonia del yugo soviético, deambulan entre los pasillos de las gradas. Todos acuden atraídos por aquella banda que ha decidido iniciar su World Slavery Tour en un país de la Europa del Este. Y no sólo eso: es, además, una de las primeras veces que una banda de rock occidental viaja con todo el montaje escénico al completo más allá del telón de acero. Steve Harris y sus compañeros salen a escena. Las guitarras eléctricas empiezan a sonar con fuerza casi ensordecedora. Un crescendo constante hasta que empieza a sonar la versión de más de trece minutos de «La balada del viejo marinero», para muchos una de las mejores canciones, si no la mejor, del heavy metal de todos los tiempos, basada en el poema de Coleridge.
A los polacos, que llevaban años aprendiendo inglés en secreto, les encantó.
Plaza de la Fuente número 8, Esparza de Galar, Navarra, 2000
Javi y Juanan entran en el estudio. Son los productores. Ya están todos. Cada uno de los miembros del grupo se pone junto a su instrumento y lo va afinando mientras los técnicos se sientan al otro lado del cristal frente a la gran mesa de mezclas. Al cabo de unos minutos, Javi y Juanan se miran. Asienten.
—Cuando queráis —dicen los dos al unísono.
Y Ángel, Arturo, Iñaki, Roberto y Paco se lanzan. Guitarras potentes para un barco que navega sin límites. Empieza de esa forma la grabación de la versión del grupo español Tierra Santa de la «Canción del pirata» de Espronceda. Apasionante.
Está claro que las bandas de heavy metal, que buscan con frecuencia temas misteriosos o épicos, cuando no ambas cosas a la vez, han sabido ver que la poesía romántica de todas las tradiciones literarias les ofrece exactamente eso que anhelan y, con audacia, se han lanzado a poner música a esa gran literatura sin atender a limitaciones ni a complejos. El resultado es sorprendente. Invito a escuchar ambas canciones a aquellos que no las conozcan aún.
Personalmente, me quedo con la de Tierra Santa.
Toda esta relación entre las bandas de heavy metal y la poesía romántica inglesa o española me la han enseñado, por supuesto, mis estudiantes. ¿Cómo quieren que deje de dar clase con lo mucho que aprendo cada día?
[1] S. Posteguillo: La sangre de los
libros, Planeta, Booket, Barcelona 2016, pp. 73-78.
lunes, 20 de septiembre de 2021
Frankenstein, de Mary W. Shelley
La noche del 16 de
junio de 1816, después de que Lord Byron y Percy B. Shelley
discutieran largamente sobre la posibilidad de descubrir el principio vital de
la naturaleza y transferirlo a un cuerpo inerte, Mary W. Shelley tuvo
una memorable pesadilla sobre la visión de un monstruo creado por la
ciencia humana. Éste sería el punto de partida para la confección de esta breve novela epistolar, considerado el primer relato de ciencia ficción, y que al mismo tiempo es una de las obras más
proféticas de la historia de la literatura: Frankenstein o el moderno
Prometeo. Un drama romántico sobre la voluntad prometeica del
ser humano, que encoge el corazón y plantea nuevos problemas morales de
consecuencias desconocidas, como lo es el de jugar a ser Dios, ocupar el lugar del Creador. Sin duda hace honor a su carácter de clásico,
pues sigue tan vivo y actual como hace 200 años. No sé cómo no lo leí
antes… Llevada al cine en numerosas ocasiones, quizá te pueda recomendar la grandiosa adaptación, llena de efectos, que realizó Kenneth Branagh.

















