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sábado, 11 de agosto de 2012

Los cuadernos de Amadora Sánchez y otros retales, de Rafael del Campo Vázquez

«Yo no sé de literatura, pero sí sé lo que me gusta y, normalmente, lo que me gusta es bueno. Un día estuvo Don José Hierro en casa. Era muy amigo de mi señorito porque los dos rojeaban. Yo le pregunté: —Don José, ¿Cómo se distingue una poesía buena de una mala? Él me miró, me sonrió y dijo: la buena es la que te emociona; la mala la que se te escurre de los labios al recitarla y ya no la recuerdas jamás. A mí su escritura de usted, Don Rafael, tanto los cuentos como la novela, me han gustado y me han emocionado. O me han emocionado y por eso me han gustado. Tienen sustancia y sentido».

A mí, su escritura de usted, Don Rafael del Campo, también me ha gustado. Hace unos meses leí El verano audaz del tío Pacomio: me gustó mucho y me he dedicado a recomendarlo. Acabo de terminar Los cuadernos de Amadora Sánchez: lenguaje poético de resonancias rurales y campestres, castellano de verdad que recuerda a Delibes o a Azorín, y un humanismo cristiano que vertebra, de principio a fin, el hilo de la historia. Alguien me dijo que era «más flojillo» que los anteriores. ¡De eso nada! Siga escribiendo, Don Rafael, siga escribiendo, que muchos le seguiremos leyendo, y difundiendo.

sábado, 10 de marzo de 2012

El verano audaz del tío Pacomio, de Rafael del Campo Vázquez

«El tío Pacomio era mellizo de mi abuelo (…) eran los dos huesudos aunque muy bien parecidos, de contornos brevemente acigüeñados, las narices generosas, torpones y desatinados en el andar,  la sonrisa amplia, y la tez, como el cabello, moreno y brilloso. Desentonaban, uno del otro, en el mirar: (…) el tío Pacomio… parecía estar siempre contemplando atardeceres, con los ojos mansos y entornados, como si le molestara un resol inexistente…».
«Viendo su mirar tan neblinoso, es claro que es usted un disminuido» le dirán en una ocasión. «Pero hubo un período en que el pusilánime tío Pacomio fue el jefe de la familia, y sobre él recayeron durante esos tiempos las más grandes responsabilidades, y protagonizó las audacias más extremas, y corrió los riesgos más acuciantes: fue el verano del tío Pacomio…». Prosa hermosa, atrayente, poética, culta, al servicio de una historia familiar a ratos trágica, siempre agradable y en ocasiones divertida, ambientada en la Guerra Civil.