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lunes, 16 de mayo de 2022

Vieja escuela, de Tobias Wolff

«…aunque Arch estaba cojo y de las orejas le salían pelos blancos y tenía un comienzo de barba gris en la cara, volvía a sentirse como un muchacho; pero uno muy versado que no pudo evitar pensar en la escena descrita por aquellas antiguas palabras, seguramente las palabras más hermosas nunca escritas o dichas: Su padre, cuando le vio acercarse, corrió a su encuentro».

¿Hasta dónde será capaz de llegar un joven escritor para conseguir el reconocimiento de un autor consagrado? Alumno de un colegio elitista, el narrador ha aprendido a mimetizarse con sus compañeros y a competir con ellos por un lugar en el que hacer realidad su vocación literaria. Pero en el camino deberá aprender a contar la verdad sobre sí mismo. Las primeras páginas de Vieja escuela, el ambiente que describe, recuerdan a El guardián entre el centeno. Wolff admite la influencia: "Leí la maravillosa novela de Salinger de niño y todavía me gusta, incluso la he enseñado en mis clases. Es probable que sin darme cuenta me haya influido. Pero mi colegio y el suyo eran muy distintos. El suyo estaba lleno de gente afectada y cruel; en el mío había otros problemas: de clase, raza y género, pero las relaciones eran más cordiales, casi idealistas. La influencia fue, creo, en dirección contraria: su foco era individual, el mío colectivo, y no quería usar su dialecto juvenil, sino hablar como un escritor adulto"[1].

sábado, 2 de abril de 2011

El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger

«Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso».
Así comienza The Catcher in the Rye, literalmente «el que agarra entre el centeno», una novela escrita por un estrafalario y genial escritor americano: Jerome David Salinger. Es la historia de un joven que quiere saltarse todas las normas, que se ríe de todo, perdido en un mundo de campos de centeno bordeados por un precipicio, donde, sin embargo, hay pocos «que agarran» (el «catcher» es una posición de jugador de béisbol, el receptor, el que agarra). Sirve para contar qué es la transgresión, pero también qué es la ternura, y cómo la transgresión y la ternura pueden viajar juntas. No es un libro sencillo: hay que saber leer entre líneas. Y no es para niños, por mucho que en Estados Unidos se lea en la escuela. Es la historia del paso a la madurez.