sábado, 29 de octubre de 2011

Crimen y castigo, de Fiodor Dostoiewski


Rodión Raskólnikov es un estudiante pobre y orgulloso, con aspiraciones de grandeza. Vegeta en una ciudad enloquecida, agobiado por el calor, la miseria, la estrechez de los cuartos, la brutalidad. Un día decide dar un paso adelante para salir de su situación, matando y robando a una vieja usurera. Raskólnikov ha elaborado previamente una teoría que le autoriza a ejecutar su proyecto: si un individuo «superior» necesita en bien de su idea «pasar por encima de un cadáver o de un charco de sangre, opino que se puede permitir en su fuero interno y según su conciencia, pasar por encima de ese charco de sangre». Pero si el lector piensa que la muerte de Aliona Ivánovna es el crimen de Raskólnikov, se equivoca. El asesinato es ya parte de su castigo. El verdadero crimen consiste en pensar que la usurera (un ser humano) es un piojo que se puede matar; consiste en atribuirse la capacidad de juzgar sobre la vida y la muerte; en creer que todo está permitido.

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