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lunes, 24 de julio de 2023

Un final perfecto, de John Katzenbach

«Pelirroja Uno observaba impotente la muerte de un hombre cuando le llevaron la carta a su casa, aislada en una zona rural del condado. Pelirroja Dos estaba aturdida por las drogas, el alcohol y la desesperación cuando su carta cayó por la ranura del buzón de la puerta de su modesta casa de dos plantas en las afueras. Pelirroja Tres contemplaba un fracaso y pensaba que le aguardaban muchos más y peores cuando la carta llegó al depósito de correspondencia que había en la planta situada justo debajo de su dormitorio comunitario.».

Pelirroja Uno es una doctora soltera de cerca de cincuenta años; Pelirroja Dos, una profesora de escuela en la treintena y Pelirroja Tres una estudiante de diecisiete años. No se conocen entre sí. Son vulnerables y objetivo de un psicópata obsesionado por demostrar al mundo quién es en realidad con su obra de arte final: tres crímenes perfectos. Las avisa por carta de que va a matarlas, pero no saben cuándo ni cómo ni dónde. Sólo tienen dos salidas: esconderse y esperar, o luchar e intentar ser más listas que su depredador. Después de leer El psicoanalista, cae en mis manos esta novela de Katzenbach, que ni de lejos llega a la altura de aquella. No merece la pena perder el tiempo con ella.



sábado, 25 de junio de 2011

El psicoanalista, de John Katzenbach

Frederick Starks es un psicoanalista con una larga carrera a sus espaldas y una vida cotidiana de lo más tranquila, centrada en el trabajo. Pero un día alguien llama al timbre de su consulta y se marcha, dejando un sobre en el suelo, ante la puerta. Es una nota anónima en la que se lee: «Feliz 53 cumpleaños, doctor. Bienvenido al primer día de su muerte. Pertenezco a algún momento de su pasado. Usted arruinó mi vida. Quizá no sepa cómo, por qué o cuándo, pero lo hizo. Llenó todos mis instantes de desastre y tristeza. Arruinó mi vida. Y ahora estoy decidido a arruinar la suya. Al principio pensé que debería matarlo para ajustarle las cuentas, simplemente. Pero me di cuenta de que era demasiado sencillo. Es un objetivo patéticamente fácil, doctor. Acecharlo y matarlo no habría supuesto ningún desafío. Y dada la facilidad de ese asesinato, no estaba seguro de que me proporcionara la satisfacción necesaria. He decidido que prefiero que se suicide.». A partir de entonces no podrá descansar. Si no averigua antes de quince días quién es el autor de la nota, pasado ese plazo deberá elegir entre suicidarse o ver cómo, uno tras otro, sus familiares y conocidos van siendo asesinados. Una novela de suspense. Un thriller con todos los ingredientes del género. Es una lástima que estropee la novela con pasajes escabrosos -uno ya es mucho- que no añaden nada.