sábado, 4 de febrero de 2012

No es país para viejos, de Cormac Mc Carthy


El día que Llewelyn Moss, cazador y veterano de Vietnam, se encontró por casualidad con una maleta que contenía más de dos millones de dólares y se la llevó, firmó su sentencia de muerte. Estaba entre los restos de cadáveres y droga que habían quedado tras una carnicería entre narcos. No debió cogerla. Pero lo hizo. Desde entonces, no pudo descansar. Le buscan para darle caza Wells, ex agente de las Fuerzas Especiales contratado por un poderoso cartel; Chigurh, implacable máquina de matar que, como él mismo dice, no tiene enemigos: «No permito que los haya»; y el sheriff Bell, veterano de la segunda guerra mundial, felizmente casado con Loretta, que añora los viejos tiempos y reflexiona sobre la decadencia de la humanidad, el sentido de la vida, el bien y el mal, y parece ver en la existencia del diablo —“Satanás explica muchas cosas que de lo contrario no tienen explicación”, dice uno de los personajes— y el alejarse de Dios por parte de los hombres las principales causas de esa decadencia. No country for old men: una novela inquietante, sangrienta, mezcla de narrativa lírica, diálogo corto y escenas de acción, que encoge el corazón desde la primera página.  Cormac Mc Carthy no defrauda. Extraordinariamente bien llevada al cine por los hermanos Ethan y Joel Coen, quizá sea la mejor película de toda su filmografía. Supuso el primer Oscar para un actor español, Javier Bardem.
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