lunes, 16 de febrero de 2026

La península de las casas vacías, de David Uclés

«Aquella noche murió la última persona que podría haber dejado en herencia el apellido de Odisto, el protagonista de esta novela, cuya familia pasó de contar con una cuarentena de miembros en 1936 a desaparecer apenas tres años después. Nunca más nacería un Ardolento. He aquí pues la historia de la descomposición total de una familia, de la deshumanización de un pueblo, de la desintegración de un territorio y de una península de casas vacías».

Coincidiendo con la polémica que se ha generado en torno a David Uclés estos días, he terminado La península de las casas vacías, una novela de 695 páginas, de gran calidad literaria, que por medio de una especie de realismo mágico narra de un modo fantasioso y atractivo la Guerra Civil Española. A través de la vida de sus antepasados, conocemos la vida de Quesada (Jándula en el libro), un pueblo de la provincia de Jaén y los avatares de sus habitantes durante la guerra, a la vez, que el desarrollo del conflicto con hechos reales y ficticios que se entremezclan. Uclés aborda con pretensión de imparcialidad -«He escrito esta novela con total libertad, sin ningún reparo ni prejuicio, sólo he intentado honrar a toda la gente que murió.»- afirma, los desmanes de ambos bandos mientras desarrolla con brillantez las venganzas y ajustes de cuentas entre los vecinos. Junto a los anónimos miembros del extenso clan de olivareros de Jándula cruzan sus destinos personajes reales como Alberti, Lorca y Unamuno; Hemingway, Orwell y Bernanos; o Azaña y Foxá, entre otros muchos. Merece la pena, aunque quizá a algún lector le parecerá que el autor se inclina más por los hotros que por los hunos. O al revés.





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