sábado, 10 de diciembre de 2011

Barioná, el hijo del trueno, de Jean-Paul Sartre


A pesar de ser un ateo convencido, Jean-Paul Sartre, escribió su primera obra de teatro con motivo de la Navidad. Era el año 1940, y estaba prisionero en el Stalag 12, un campo de concentración alemán. Es una obrita breve, pero intensa, que se representaría por primera vez ese mismo año ante más de 12.000 prisioneros. Con las intervenciones de Barioná, protagonista de la obra, y de Baltasar, su contrapunto, —papel interpretado por el propio Sastre— el autor nos explica con asombrosa sencillez, cómo en la noche del 24 de diciembre, hace más de 20 siglos, nació en Belén la esperanza para el mundo. Sartre utiliza la figura del protagonista para explicar el proceso de transformación que siente quien conoce la buena nueva que trae ese niño pequeño e indefenso al que todos adoran. Cuando Sartre consiga escapar del campo, renegará de la obra y no autorizará su publicación hasta 1962, con la condición de que en una nota se indique que él nunca coqueteó con el cristianismo al escribirla. Sin embargo, si no tuvo ningún tipo de inspiración cristiana para realizar la obra, ¿qué pudo motivar al padre del existencialismo francés y figura clave en el mayo del 68, a escribir una pieza de tales características?
Leer Acto I


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