sábado, 21 de junio de 2014

Ácido sulfúrico, de Amélie Nothomb

El último grito en programas televisivos de entretenimiento se llama «Concentración». Por las calles de París se recluta a los participantes de este reality show, que serán trasladados al plató en vagones precintados como los que trasportaban a los judíos durante el exterminio nazi y, después, internados en un campo. Ante las cámaras de televisión, los prisioneros son golpeados y humillados. El clímax llega cada semana, cuando los telespectadores votan: desde sus casas pueden eliminar-ejecutar a uno de los participantes. Pannonique, una estudiante de gran belleza, es reclutada. Zdena, una mujer sin empleo, queda prendada de ella. Una pareja fatal: víctima y verdugo. Cuando la audiencia tiene que votar sale a la luz el sadismo inconsciente del público que deplora el horror pero es incapaz de perderse una entrega. Una crítica de un mundo brutal y crudo de hipocresía bienpensante. Ácido sulfúrico, Acide sulfurique en el original, un libro que no deja indiferente al lector. Una historia en la que la vida y la muerte son objeto de exhibición y penden únicamente de un voto a distancia, de una simple tecla que parece, por su virtualidad, eximir al que la aprieta de cualquier cargo de conciencia.

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