miércoles, 19 de abril de 2017

Una temporada para silbar, de Ivan Doig

Cuando vuelvo a visitar los rincones de mi vida, las cosas más nimias me asaltan. El mantel de hule con cuadros blancos y molinos de viento azules, las manchas descoloridas en nuestros cuatro gastados lugares en la mesa. Ese café acre de papá, tan cargado que casi andaba, y que él bebía a sorbos después de la cena para dormir después, sereno como una esfinge.
Paul Milliron ocupa el cargo de Superintendente de Instrucción Pública en Montana (EE.UU.). A través de sus recuerdos, Doig nos sumerge en la vida de la Montana de 1909. Paul es el mayor de los tres hijos que tiene Oliver Milliron, un granjero que se ha quedado viudo recientemente. Para salir adelante en las tareas domésticas, contratan a un ama de llaves, Rose, que se presenta en Marias Coulee acompañada de su hermano Morris, un dandi que no encaja mucho en el ambiente rural de la zona. El destino de todos cambia cuando, al quedarse sin maestra, el pueblo ofrece el puesto a Morris, hombre de esmerada y excéntrica educación. Novela familiar, amable, con muchos y agradables valores humanos y con una destacada presencia de la naturaleza y la vida campestre. Un homenaje a la abnegada entrega de muchos maestros, Una temporada para silbar, The Whistling Season en el original, describe con calidad y ternura los sentimientos más íntimos y profundos de unos personajes infantiles y adolescentes, como Paul, que empiezan a abrirse camino en un mundo nada fácil.

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