sábado, 16 de marzo de 2013

Divergente, de Veronica Roth


«Creemos en la valentía. Creemos en la acción. Creemos en liberarnos del miedo y en adquirir las habilidades necesarias para eliminar el mal de nuestro mundo, de modo que el bien pueda prosperar y florecer. Si vosotros también creéis en estas cosas, os damos la bienvenida».


Con estas palabras se dirige Eric, uno de los líderes de la facción Osadía, a los aspirantes a formar parte de ella. El resto de facciones en que está dividida la sociedad —cada una de ellas dedicada a cultivar una “virtud” concreta— son Verdad, Abnegación, Cordialidad y Erudición. En una ceremonia anual, todos los chicos y chicas que han llegado a los dieciséis años han de decidir a cuál de las facciones dedicarán el resto de sus vidas. Al estilo de Los juegos del hambre, y con semejante valor literario, la autora nos cuenta una historia en la que vuelve a aparecer la violencia gratuita y en la que no se sabe muy bien lo qué está bien y lo qué está mal. Una muestra más de literatura pobre, para vender, y que no aporta nada, aunque pueda enganchar al público juvenil —más a ellos que a ellas—. En definitiva, más de lo mismo. Otro libro que no merece la pena leer.

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