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sábado, 16 de marzo de 2013

Divergente, de Veronica Roth

«Creemos en la valentía. Creemos en la acción. Creemos en liberarnos del miedo y en adquirir las habilidades necesarias para eliminar el mal de nuestro mundo, de modo que el bien pueda prosperar y florecer. Si vosotros también creéis en estas cosas, os damos la bienvenida».

Con estas palabras se dirige Eric, uno de los líderes de la facción Osadía, a los aspirantes a formar parte de ella. El resto de facciones en que está dividida la sociedad —cada una de ellas dedicada a cultivar una “virtud” concreta— son Verdad, Abnegación, Cordialidad y Erudición. En una ceremonia anual, todos los chicos y chicas que han llegado a los dieciséis años han de decidir a cuál de las facciones dedicarán el resto de sus vidas. Al estilo de Los juegos del hambre, y con semejante valor literario, la autora nos cuenta una historia en la que vuelve a aparecer la violencia gratuita y en la que no se sabe muy bien lo qué está bien y lo qué está mal. Una muestra más de literatura pobre, para vender, y que no aporta nada, aunque pueda enganchar al público juvenil —más a ellos que a ellas—. En definitiva, más de lo mismo. Otro libro que no merece la pena leer. En 2014 la llevó al cine Neil Burger, director de El ilusionista.


miércoles, 11 de abril de 2012

Los juegos del hambre, de Suzanne Collins


Jueves, 3 de junio de 2010
Circo romano por televisión
Luis Daniel González, bienvenidosalafiesta
En su momento leí Los juegos del hambre, de Suzanne Collinsy ahora he leído En llamas, la continuación de la historia.
En la primera se presenta una sociedad dictatorial futura donde, anualmente, son seleccionados por sorteo un chico y una chica de cada uno de los doce estados para luchar entre sí hasta que sólo quede uno vivo; esto tiene lugar en un estadio un tanto especial —con bosques y lagos y todo tipo de escenarios— desde donde los combates son retransmitidos en directo a todo el país; la protagonista y narradora, Kaniss, se presenta por su estado para sustituir a su hermana pequeña, que había sido la elegida. En la continuación, después de una introducción algo más larga, los protagonistas vuelven al estadio para competir de nuevo a muerte, pero la rebelión contra el poder está en marcha y Katniss, sin ella saberlo, se ha convertido en la bandera de los rebeldes, digamos que parece anunciarse como un nuevo Espartaco.
Como bastantes escritores que han tenido éxito en las últimas décadas, también en este caso la autora fue durante años guionista de programas televisivos: una experiencia que, sin duda, facilita el trabajo de confeccionar novelas que lleguen bien a los lectores jóvenes. Las dos son narraciones absorbentes y bien construidas, que tocan muchas teclas apropiadas para conectar con el público: elección de los rasgos de los distintos protagonistas, enamoramientos cruzados, presentación de chicas con grandes habilidades físicas para la lucha, gran atención a cuestiones de vestuario y maquillaje, etc. Pero, como ya comenté en Novelas inquietantes o sociedad inquietanteson relatos que me parecen morbosos y socialmente dañinos pues pienso que la representación en ficciones de los programas televisivos que juegan con la curiosidad acerca de las vidas de otras personas, o de los espectáculos del tipo que sea donde se producen accidentes terribles y muertes, les da carta de normalidad y facilita más todavía su aceptación social.
Una especie de prueba de que también se busca eso está en que quienes los escriben, o los publican, o los elogian, no dan explicaciones sencillas y directas, que todos podríamos entender aunque no compartiéramos, del tipo «escribo, (o publico, o leo) novelas así porque son las que me gustan», o «porque quiero ganar dinero» en el caso de los autores y editores. Por el contrario, las explicaciones que abundan contienen coartadas educativo-culturales-morales, como, por ejemplo, «son novelas que reflexionan sobre la injusticia, pues en ellas los pobres son los oprimidos y la chica lucha por salvar a su hermana pequeña y a su familia», o «son una forma inteligente de acercar a la juventud a los viejos mitos griegos, como el del Minotauro», o «qué instructivos relatos para que los lectores jóvenes se den cuenta de la crueldad inhumana del Circo Romano y así nunca se vuelva a repetir», etc.

Suzanne Collins. Los juegos del hambre (The Hunger’s Games, 2008). Barcelona: Círculo de lectores, 2009; 379 pp.; trad. de Pilar Ramírez Tello; ISBN: 978-84-672-3563-0.
Suzanne Collins. En llamas (Catching Fire, 2009). Barcelona: Molino, 2010; 487 pp.; trad. de Pilar Ramírez Tello; ISBN: 978-84-2720-000-5.

sábado, 7 de abril de 2012

Los juegos del hambre, de Suzanne Collins

El próximo 20 de abril de 2012 se estrena la película Los juegos del hambre. El argumento de la novela, que, por cierto, engancha bastante, es éste: Después de que Norteamérica quedó reducida a cenizas, sobre ellas se levantó Panem, un nuevo país, con un Capitolio rodeado de trece distritos, que llevó la paz y la prosperidad a los ciudadanos. Pero entonces llegaron los Días Oscuros, la rebelión de los distritos contra el Capitolio. Doce de ellos fueron derrotados; el otro, aniquilado. A partir de ese momento, para que los supervivientes no olviden la lección, se celebran todos los años los Juegos del Hambre. Sus reglas son sencillas: en castigo por la rebelión, cada uno de los doce distritos debe entregar a un chico y a una chica, llamados tributos, para que participen. Los veinticuatro tributos son encerrados en un enorme estadio al aire libre en el que se encontrarán con bosques, lagos y todo tipo de escenarios. Una vez dentro, los competidores deben luchar hasta la muerte durante varias semanas, mientras todo se transmite por televisión. Un año más, Katniss participa en el sorteo, con bastantes papeletas. Pero este año es distinto: su hermana Prim, acaba de cumplir 12 años y entra por primera vez en el sorteo. Absorbente y bien construida, yo no la recomendaríaDe hecho, en la novela, aunque en algunos protagonistas se ven buenos sentimientos, amistad, generosidad, solidaridad, otros se mueven únicamente por odio, e incluso se convierten en bestias feroces ávidos de matar, y todo ello se convierte en el entretenimiento del resto de los habitantes de los distritos. Hace de la vida de las personas un espectáculo, como si fuera lo más normal del mundo. En este sentido, estoy de acuerdo con la afirmación de Luis Daniel González, para quien: relatos como estos son "morbosos y socialmente dañinos", ya que "la representación en ficciones de los programas televisivos que juegan con la curiosidad acerca de la vida de otras personas, o de los espectáculos del tipo que sea donde se producen accidentes terribles y muertes, les da carta de normalidad y facilita más todavía su aceptación social".