sábado, 19 de abril de 2014

Juan XXIII. Una vocación frustrada, de José Luis Olaizola

El próximo 27 de abril tendrá lugar canonización de los papas Juan Pablo II y Juan XXIII. El llamado «Papa bueno» sigue siendo considerado el Papa del Concilio por la gran trascendencia que el Vaticano II ha tenido y tendrá en la Iglesia contemporánea y en la del futuro. Además, participó como enfermero en la Primera Guerra Mundial, fue delegado apostólico en Bulgaria, Grecia y Turquía —donde ayudó a salvar a más de 20.000 judíos de las garras del nazismo—, así como nuncio en París y patriarca de Venecia. En este libro, José Luis Olaizola, basándose sobre todo en el Diario del alma del propio Papa, en cartas familiares y en los recuerdos del que fuera su secretario, el cardenal Loris Capovilla, reconstruye en primera persona los recuerdos que Juan XXIII tuvo a la hora de su muerte. Por su mente desfilan las personas a las que quiso y que confía le abrirán las puertas del Cielo, no por lo que hizo, sino por lo que amó. Así recrea la peripecia vital de este gran hombre que nació con vocación de cura de aldea y terminó siendo Papa por obediencia.

sábado, 12 de abril de 2014

Relatos a la sombra de la Cruz, de Enrique Monasterio

Entre los libros de Enrique Monasterio que para mí son de lectura anual obligada se encuentra desde hace años El Belén que puso Dios. Cuando se acerca la Navidad, no puedo resistir la tentación de leerlo. Pero desde el año 2013, para estos días de Semana Santa ya tan próximos, he añadido estos Relatos a la sombra de la Cruz. Nacidos de la oración de su autor ante la cruz, siguiendo la misma lógica que le llevó a escribir El Belén que puso Dios. Así, nos encontraremos de nuevo con un borrico. Con María Santísima, siempre joven y hermosa, pero bañada en lágrimas.  Con amigos de Jesús, como María Magdalena, los apóstoles, Simón de Cirene o José de Arimatea, y con enemigos que buscan su desaparición de este mundo: Caifás, Judas, Pilato, Barrabás... Como colofón adecuado, se incluyen al final unos comentarios al Adoro te Devote, conocido himno eucarístico atribuido a santo Tomás de Aquino. Jesús, en la Eucaristía, rompe las barreras del espacio y del tiempo y vuelve a trasladarnos al Gólgota. Espero que te guste.

sábado, 5 de abril de 2014

Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez

«Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal...».

Inolvidable, el comienzo de este relato, uno de los relatos más leídos de la historia, una «elegía en prosa» como lo calificaba el propio autor, poeta y premio Nobel, «unas escenas entre el asnucho y yo». El libro más traducido después de la Biblia y El Quijote, de obligada lectura en las escuelas de primaria de Latinoamérica, celebra su centenario. Es una buena ocasión, por tanto, para leerlo, o más bien, para releerlo, pues extraño sería que alguien, a estas alturas, aún no lo hubiera descubierto. Un libro para personas de cualquier edad, que no serás capaz de leer una sola vez.

sábado, 29 de marzo de 2014

No confíes en Peter Pan, de John Verdon

John Verdon nos enganchó hace cuatro años con su primera novela, Sé lo que estás pensando y desde entonces no ha dejado de tener éxito. Aunque ni el segundo (No abras los ojos) ni el tercer caso (Deja en paz al diablo) del inspector retirado David Gurney están a la altura del primero, se siguen leyendo con gusto. En esta nueva entrega, No confíes en Peter Pan (Peter Pan must die), el asesinato de un rico empresario ocurrido tiempo atrás es el punto de partida de una compleja red de mentiras que David Gurney deberá desentrañar. No han pasado más que cuatro meses desde que resolvió el caso del Buen Pastor en Deja en paz al diablo cuando Jack Hardwick, que colaboró con él para resolverlo jugándose el puesto le pide ayuda para resolver algunas cuestiones que no encajan en un viejo caso, el del rico empresario y promotor Spalter, asesinado en el funeral de su madre. Gurney habrá de enfrentarse a un fiscal sin escrúpulos, un detective completamente corrupto, un jefe mafioso extrañamente amable y un famoso criminal griego, Petros Panikos, Peter Pan, hombre menudo que esconde un insaciable apetito por el asesinato. Otro thriller con calidad aceptable si lo que necesitas es «desconectar».


sábado, 22 de marzo de 2014

A la sombra de un destino, de Luis Gómez-Acebo, duque de Badajoz

«En un día último del año vine al mundo. Dicen que esa circunstancia trae buena suerte. Los nacidos el día de San Silvestre somos gente de excelente estrella. Peldaño a peldaño he ido ascendiendo en la vida desde unos inicios muy modestos; he conseguido con los años detentar el mayor poder de la tierra, aunque nunca deseé salir de mi mediocre origen. Creo que mi experiencia puede servir de lección a otros; la vida se repite lo mismo que la historia».

Cuando el niño Alonso de Borja y Martí nació en Játiva (Valencia) en 1378, lejos estaba de imaginarse lo que le deparaba un destino en el que, de hecho, poco pudo intervenir. Nacida como un ensayo, esta obra se convierte en un emocionante relato, una lectura amena en la que Luis Gómez-Acebo se sirve de un testigo privilegiado, Alonso de Borja, y de su mentor, fray Vicente Ferrer, para sumergirnos en la apasionante historia del Papa Luna, de Alfonso V el Magnánimo, las intrigas palaciegas de la Corona de Aragón y las conspiraciones políticas y religiosas de uno de los períodos más turbulentos y también más interesantes de la historia europea. Novela histórica en estado puro, gustará, sin duda, a los aficionados a este género.

sábado, 15 de marzo de 2014

Soldados de Salamina, de Javier Cercas

«Fue en el verano de 1994, hace ahora más de seis años, cuando oí hablar por primera vez del fusilamiento de Rafael Sánchez-Mazas. Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había abandonado; la tercera es que yo había abandonado mi carrera de escritor».

Soldados de Salamina es el cuarto libro de narrativa del escritor español nacido en Ibahernando (Cáceres), Javier Cercas. La novela está centrada en Rafael Sánchez Mazas, escritor e ideólogo de la Falange Española, y estrecho colaborador de José Antonio Primo de Rivera; más en concreto narra el episodio de cómo escapó de su fusilamiento. La Guerra Civil Española estaba acabando y tropas nacionales avanzan hacia Cataluña. Sánchez Mazas, preso en Barcelona, consigue escapar de un fusilamiento colectivo. Cuando salen en su busca, un soldado republicano le encuentra, le encañona, pero le perdona la vida. Sánchez Mazas se esconde, y consigue la ayuda de un grupo de payeses, a quienes a su vez él ayudará una vez acabada la guerra. El autor, Javier Cercas, se convierte en un personaje de su propia novela, apareciendo como un periodista que investiga este suceso pasado para escribir un libro. Soldados de Salamina fue llevada al cine en 2003 por David Trueba en una impecable adaptación.



sábado, 8 de marzo de 2014

El taller del orfebre, de Karol Wojtyla (Juan Pablo II)

«Andrés me ha elegido y ha pedido mi mano.
Ha ocurrido hoy, entre las cinco y las seis de la tarde.
No recuerdo exactamente, no tuve tiempo de consultar el reloj
ni ver la hora en la torre del viejo ayuntamiento.
En momentos así no se comprueba la hora,
momentos así surgen en el hombre
más allá del tiempo».
Son palabras de Teresa, al comienzo de esta historia.  Publicada por primera vez en 1960 en la revista Znak, bajo el pseudónimo de Andrzej, El taller del orfebre  (Przed sklepem jubilera en el original) es la historia —el drama interior— de tres jóvenes parejas de esposos —Teresa y Andrés, Ana y Esteban, Mónica y Cristóbal— que experimentan el esplendor y, también la oscura noche, del amor humano. En ella, con el subtítulo de Meditación sobre el sacramento del matrimonio, expresada a veces en forma de drama,  encontramos, sin duda, la sensibilidad del poeta y del dramaturgo, pero también la preocupación del pastor de almas y la convicción profunda del pensador católico de Juan Pablo II, escrita antes de ser elegido Papa. En fin, una obra sobre el amor, pero no el amor sin más, sino el amor fiel por encima de toda prueba, el vínculo indisoluble de toda unión matrimonial. En 1989 se realizó la versión cinematográfica, con Burt Lancaster como protagonista principal en el papel de orfebre.

sábado, 1 de marzo de 2014

The Giver, de Lois Lowry

El Dador de Recuerdos es una sugerente novela en la tradición de las mejores novelas futuristas (Un mundo feliz, 1984, Farenheit 451...). Describe un mundo en el que la vida es ordenada, previsible e indolora y está completamente regulada: un Comité de Ancianos se ocupa de la Unión de Cónyuges, la Imposición de Nombres, la Colocación de Nacidos, las Misiones. No hay familias sino Unidades Familiares, cada una de ellas estudiada y aprobada por el Comité de Ancianos y sometida a control de seguimiento durante tres años antes de que puedan solicitar hijos. Cada noche hay que manifestar los sentimientos; cada mañana, contar los sueños. El objetivo: que todos los miembros de la Comunidad estén bien educados: sepan dar siempre las gracias, pedir perdón si han actuado mal, conocer y nombrar sus sentimientos y encauzarlos… La muerte no se nombra: se la llama liberación. De los liberados (niños con defectos, ancianos...) se dice que son enviados Afuera. Jonás, el protagonista, ha recibido el oficio de ser Receptor de Memoria: habrá de recibir todos los Recuerdos de la gente para que todo el peso del dolor recaiga sobre una sola persona y no produzca inquietud en nadie más. Sin embargo, Jonás se rebela cuando contempla cómo su padre, de oficio Criador, se ocupa de «liberar» a un niño (…). A través de los ojos de Jonás vemos el horror que significa matar a un inocente, no importa qué tamaño tenga. En agosto de 2014 se estrena la película en Estados Unidos.
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sábado, 22 de febrero de 2014

Cristina, hija de Lavrans, de Sigrid Undset

Kristin Lavransdatter es la obra cumbre de la escritora noruega Sigrid Undset (1882-1949), y está considerada la mejor novela histórica del siglo XX. Fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura 1928. La obra narra la vida de Cristina, una joven inmersa en un mundo de pasiones y desesperanzas. Ambientada en la Noruega del siglo XIV, con un trasfondo histórico fidedigno, la obra recoge a través de un variado repertorio de personajes un paisaje donde la fe aún convive con los restos de las costumbre paganas. Al tiempo que exhibe un magnífico tapiz del mundo medieval escandinavo, la novela sondea los conflictos humanos, morales y religiosos que se cernirán sobre la protagonista y su familia, manteniendo vivo el pulso narrativo a lo largo de sus más de mil páginas. Comparada con otros dos premios Nobel escandinavos, Pär Lagerkvist y Selma Lagerlöf, Sigrid Undset ha sido definida por la crítica como la «Zola de la literatura de argumento medieval». Sin duda, una obra imprescindible para los amantes de la buena novela histórica.

sábado, 15 de febrero de 2014

1984, de George Orwell

«Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. (…) Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de varices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adonde quiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie».

En 1984, George Orwell pinta un estado totalitario, bajo el ojo vigilante del Gran Hermano, en el que un funcionario del Ministerio de la Verdad, cuya misión es reescribir la Historia, intenta protestar. Orwell temía un Estado dictatorial que controlaría la información y las vidas de la gente. Leída treinta años después, la vigencia de 1984, llamada por algunos la «madre de todas las distopías» parece innegable. A pesar de la derrota de los totalitarismos, otros totalitarismos, no tan evidentes o medio enmascarados ponen en peligro nuestra libertad. De ello avisaba ya Erich Fromm en 1961, hablando de la novela de Orwell: «sería lamentable que los lectores interpretaran 1984 como una presunta descripción de la barbarie estalinista, y les pasara inadvertido que también está hablando de nosotros». Tras la plúmbea versión cinematográfica de Michael Radford, se está preparando ya una nueva adaptación al cine.

sábado, 8 de febrero de 2014

El baile, de Irène Némirovsky

Instalados en un lujoso piso de París, los Kampf poseen todo lo que el dinero puede comprar. Sin embargo, les falta aún lo más difícil: el reconocimiento de la alta sociedad francesa. Con objeto de conseguirlo, preparan un gran baile para doscientos invitados, un magno acontecimiento social. Irène Némirovsky nació el 11 de febrero de 1903 en Kiev, en lo que en la actualidad se conoce como yiddishland. Confiada desde muy pequeña a los cuidados de su aya, recibió las enseñanzas de excelentes preceptores. Sin embargo, el escaso interés de sus padres por el hogar hizo que fuera una niña extremadamente desdichada y solitaria. Abandonada a su suerte, se refugió en la lectura, empezó a escribir y resistió la desesperación desarrollando a su vez un odio feroz contra su madre. Esta violencia, las relaciones contra natura entre madre e hija, ocupa un lugar capital en su obra, y es la que se refleja en El baile, Le Bal en el original, una breve joya literaria, el relato de la venganza de una adolescente.

sábado, 1 de febrero de 2014

Sin culpa, de Viveca Sten

«¿Qué locura puede llevar a una persona a hacer algo así?». Esta es la pregunta que se hace Margit, uno de los miembros de la policía criminal en la comisaría de Nacka, comandada por el inspector Thomas Andreasson, cuando se empiezan a descubrir los restos de la joven desparecida en la pequeña isla de Sandhamn. Precisamente esta isla es el lugar elegido por Nora Linde para pasar unos días con sus hijos, tras descubrir que su marido le era infiel. Sin embargo, Nora no sólo no logra encontrar la paz que busca, sino que sin buscarlo se encontrará metida de lleno en la investigación del crimen y en la búsqueda de los culpables, conectando con turbios sucesos acontecidos más de cien años antes en Sandhamn. Y todo ello ambientado en una sociedad de familias desestructuradas, y gente descreída donde los que creen son presentados como fanáticos. Entretiene, pero poco más. No te perderás nada si no la lees.

sábado, 25 de enero de 2014

La guerra civil: ¿Cómo pudo ocurrir?, de Julián Marías

«A mediados de julio de 1936 se desencadenó en España una guerra civil que duró hasta el 1 de abril de 1939 (…) el partidismo, directo o en forma de simpatía o antipatía — el “tomar partido” desde fuera—, ha desfigurado constantemente la realidad de la guerra y su desarrollo».
En este interesante, lúcido, profundo y nada partidista análisis de la Guerra Civil Española, Julián Marías la califica como de “algo desmesurado”, «una anormalidad social”. De ahí que su “hostilidad primaria” sea “contra la guerra”, el “primer enemigo”. Para Marías, el conflicto “fue consecuencia de una ingente frivolidad”. Ésta es, para él, “la palabra decisiva”. En opinión del autor, la guerra hay que “recordarla —es decir, llevarla otra vez al corazón— como algo absolutamente pasado, como nuestro pretérito común. No podemos olvidarla, porque eso nos expondría a repetirla. Todo ello sin “eludir el último peligro: que nos cuenten la guerra desde la otra beligerancia, desde las otras mentiras, ahora que la mitad de ellas había perdido su eficacia y era inoperante. (…) Ésta es nuestra empresa: darnos cuenta de que necesitamos vencer a la guerra”. Muy interesante, con un Prólogo de Juan Pablo Fusi y un Epílogo del editor, Javier Jiménez, ambos totalmente prescindibles. En mi opinión, lo que verdaderamente merece la pena es el ensayo de Marías.
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sábado, 18 de enero de 2014

Un sepulcro en el cielo, de Vintila Horia

«Dondequiera que vayan mis ojos, tierra adentro, no hay límite para el fuego devorador. Desde mis principios no hago sino acostumbrarme al incendio que me precedió y permanecerá vivo en la tierra cuando yo ya no esté aquí».
Así comienza esta obra, recreación poética del siglo XVI español vista a través de la mirada de El Greco. Dado que este año 2014 se cumple el IV Centenario de la muerte del artista, que pasó la mitad de su vida en Toledo, me parece muy oportuna la relectura de esta obra. De su mano recorremos diversos escenarios: Creta, Venecia, Roma, El Escorial y, sobre todo, Toledo. En la novela, el cretense se dirige a la mujer amada, Jerónima, descubriendo su rico universo interior y su percepción de un mundo compartido con personajes como Felipe II, Cervantes, Quevedo, Ticiano o el Veronés. En realidad, es un pretexto para hacer una reflexión sobre el momento histórico que le tocó vivir y sobre algunos de los grandes temas de la humanidad: el arte, la religión y la muerte, o el sentido del hombre en el mundo. Sin duda, otra novela que merece la pena leer.

sábado, 11 de enero de 2014

La ladrona de libros, de Markus Zusak

Ayer, 10 de enero de 2014, se estrenó en España la adaptación cinematográfica de La ladrona de libros (The Book Thief), con la que Markus Zusak, joven autor que vive en Sydney (Australia) alcanzó un éxito espectacular. Es una buena oportunidad para volver a leer esta estupenda novela, a la que sin duda se le podría poner una nota cercana al diez. Ambientada en la Alemania de Hitler, narra la historia de Liesel, una adolescente adoptada por los Hubberman, Hans y Rosa, matrimonio sin hijos, él todo bondad, ella dura por fuera pero de gran corazón. La madre de Liesel está destinada a un campo de internamiento por sus ideas políticas, y su hermano pequeño muere en el camino al nuevo hogar. Una vez instalada, sufre las penurias de la guerra, pero es entonces cuando descubre el placer de leer, escuchar y contar historias. Se hace amiga de un chico de su edad, Rudy, que sueña con correr tan rápido como Jesse Owens, y compartirá con los Hubberman el riesgo de ocultar en el sótano a Max, un judío hijo de un antiguo camarada de armas de Hans que le salvó la vida en la Gran Guerra. Con un comienzo desconcertante, un desarrollo estupendo y un ritmo excelente, los personajes que quedan en el recuerdo y tiene un final espectacular que pone los pelos de punta. Un libro ideal, un pasatiempo delicioso, apto tanto para jóvenes como para mayores. La película aún no la he visto, pero el libro, sin duda, merece la pena.

sábado, 4 de enero de 2014

El misterio de la noria de Londres, de Siobhan Dowd

«Lo vimos a través del cristal, avanzando por la pasarela hasta que se convirtió en una sombra. Continuó hasta el punto donde se abrían y cerraban las puertas de las cabinas y distinguimos su silueta despidiéndose con la mano.  (…) Las puertas de la cabina se cerraron. Miré el reloj. Eran las 11:32 del 24 de mayo».

Así recuerda Ted el momento en que él y su hermana, Kat, vieron a su primo Salim por última vez. Le vieron subir, pero nunca llegó a bajar. Nadie se explica lo que ha pasado. Incluso la policía está desconcertada. Salim y su madre, la tía Gloria, iban a pasar unos días con ellos antes de irse a vivir a Nueva York. En esos días juntos deciden ir a ver Londres desde lo alto y acuden al London Eye, la famosa noria de Londres. Mientras esperan en la cola para comprar las entradas, un desconocido les regala un ticket que le sobra. En vez de esperar y comprar el resto de las entradas deciden que sea Salim el que suba. Pero no le volverán a ver. Como ni siquiera la policía avanza en sus pesquisas, Kat y Ted deciden investigar por su cuenta para encontrar a su primo. Esta novela, que ha recibido varios premios, fue elegida como la novela favorita de los alumnos ingleses de Secundaria.

miércoles, 1 de enero de 2014

Aborto libre y progresismo, por Miguel Delibes

Aborto libre y progresismo[1]

En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.




[1] Miguel Delibes, Diario ABC, 20 de diciembre de 2007.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Correr para vivir, de Lopez Lomong

Lo acabo de terminar. Empecé, y no he podido parar. Correr para vivir (Running for my life), es la historia real de un joven que, teniéndolo todo en contra, es capaz de perseguir y lograr un sueño a todas luces inalcanzable. Una historia de superación, llena de valores y, sobre todo, de confianza en Dios. Increíble. Espectacular. Apasionante desde la primera página hasta la última. López Lomong nació en Kimotong, un pequeño pueblo del sur de Sudán en 1985. Con tan sólo 6 años, fue secuestrado por unos soldados rebeldes e internado en un campo de entrenamiento de «niños soldado». En compañía de unos amigos —«mis ángeles» los llamaba— que cuidaron de él desde el primer día, consiguió escapar y llegar a un campo de refugiados en Kenia. Allí pasó diez años, sin saber nada de su familia y llegando a dar a sus padres por muertos. Fue entonces cuando se le presentó la oportunidad de su vida: ser adoptado por una familia de Estados Unidos. Allí siguió corriendo como lo había hecho toda su vida y pudo cumplir su sueño: ser atleta profesional y competir y representar a su país de acogida en las Olimpiadas. Un estupendo regalo para estas fechas de Navidad y Reyes.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Un poema: Peregrino, de Luis Cernuda

Peregrino[1]

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.


[1] De La realidad y el deseo, Renacimiento, Sevilla 2008.

sábado, 21 de diciembre de 2013

La bibliotecaria de Auschwitz, de Antonio G. Iturbe

«Esos oficiales que visten de negro y miran la muerte con la indiferencia de los enterradores, ignoran que, sobre ese fango oscuro en el que se hunde todo, Alfred Hirsch ha levantado una escuela. Ellos no lo saben, y es preciso que no lo sepan».
Y allí, en esos barracones llenos de niños se encuentra Dita. Ella se encarga de custodiar, mantener y prestar los pocos libros que han conseguido. Cada día, recibe pedidos y los distribuye entre los tutores de los distintos grupos de alumnos ocultándolos bajo su vestido, en cuyo interior ha cosido unos bolsillos. Entre los prisioneros circulan, entre otros, la Breve historia del mundo de H. G. Wells, un atlas, un  libro de álgebra, El conde de Montecristo de Alejandro Dumas o La ciudadela de A. J. Cronin. Y también los llamados «libros vivientes», entre los que se encuentra El maravilloso viaje de Nils Holgersson. Esta novela está inspirada en una historia real y exquisitamente documentada, emociona y está llena de valores. Un homenaje a los libros y a aquellos que arriesgan su vida para mantener viva la magia de la lectura.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Historias y cuentos de Navidad, por Juan Luis Lorda


Historias y cuentos de Navidad[1]
Ningún cuento puede competir con el que escribió Charles Dickens en 1844, Canción de Navidad. A través de los sueños que sobresaltan al rico avaro Mr. Scrooge, Dickens sabe evocar todas las nostalgias de la Navidad. Y muestra que el principal calor de estos días nace del cariño en los hogares. Buen pregón y mensaje para las fiestas. Pocos lo habrán leído y casi todos lo habrán visto en alguna de las múltiples versiones cinematográficas. Porque es una de las historias que más veces ha sido llevada al cine. La primera fue en 1913. Desde entonces, se ha rodado de todas las maneras posibles, incluso en dibujos animados (Murakami) y con teleñecos (y Michel Caine). Pero la versión más famosa es la de Brian Desmond Hust (1951), con un impresionante Alistair Sin como Mr. Scrooge. Año tras año, vuelve a la pantalla, lo mismo que la inolvidable película de Frank Capra, Qué bello es vivir. En el fondo, es una relectura de la historia de Dickens. Con James Stewart a punto de suicidarse, y un simpático ángel que le hace pensar en lo que habría pasado si no hubiera vivido. Nadie está de sobra en el mundo. También es un buen mensaje de Navidad.
Algo tiene la Navidad cuando sus historias y cuentos pueden decirnos sencillamente cosas tan importantes. Como si estuvieran dirigidas a niños, nos las recuerdan a los mayores. Ya las sabemos, pero, en otras circunstancias, nos da pudor decirlas. Quizá porque son enormemente bonitas, sencillas y tiernas. En otras épocas del año, preferimos lenguajes abstractos, que siempre son menos tiernos que los cuentos. Probablemente es una manera de resistirse a reconocer que, en el fondo, seguimos siendo niños. Porque aspiramos a lo mismo que ellos: un poco de cariño, un poco de protección, un poco de fiesta y tiempo para jugar. El mundo de los mayores, con sus seriedades y preocupaciones, es sólo para las horas de trabajo. Pero la felicidad tiene que ver con lo que ingenuamente desean los niños. No hay otra fórmula: "Si no os hacéis como niños...".
La Navidad, por ser para niños, es tiempo de historias y cuentos. Y, desde que existe Internet, se pueden encontrar por miles en la red. Para todos los gustos. También hay cuentos horrorosos, desesperanzados y posmodernos. Quieren ser cuentos para mayores y, por eso mismo, han perdido el Norte, y no saben adónde van. En cambio, me aconsejaron el cuento que publicó hace pocos años Enrique Monasterio, El Belén que puso Dios. Empieza de una manera preciosa: "Al principio Dios quiso poner un Belén y creó el universo para adornar la cuna". Explica que la Navidad "no es un aniversario, ni un recuerdo; tampoco es un sentimiento; es el día en que Dios pone un Belén en cada alma". Y con esa inspiración construye su relato. Estupendo.
Pero la principal historia de la Navidad no es un cuento ni una recreación literaria. Es el recuerdo del Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que nació de María en aquella noche, santa desde entonces. Por eso, antes que un cuento, en Navidad hay que recomendar los comienzos del Evangelio de San Lucas y de San Mateo. En Alemania, existe la entrañable costumbre de leer en familia, en voz alta, junto al Belén, el capítulo 2 de San Lucas, en la misma noche de Navidad. Allí aparecen María y José, y se nos cuenta que no encontraron sitio en la posada, y que tuvieron que buscar un pesebre. Y se recuerda la alegría inmensa de los ángeles y su anuncio a los pastores. Con ese mensaje de Dios, que siempre es oportuno para los hombres que debemos ser niños: "Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor".




[1] Juan Luis Lorda, La Verdad de Murcia, 24 de diciembre de 2004.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad, de Charles Dickens

“Son unas fechas deliciosas, un tiempo de perdón, de afecto, de caridad; el único momento que conozco en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen haberse puesto de acuerdo para abrir libremente sus cerrados corazones y para considerar a la gente de abajo como compañeros de viaje hacia la tumba y no como seres de otra especie embarcados con otro destino”.

Así se expresa, aludiendo a los ya cercanos días de Navidad, el sobrino del viejo y avaro Ebenezar Scrooge, protagonista de esta novela corta, Cuento de Navidad (A Christmas Carol). Charles Dickens, a través de Scrooge, nos muestra una Navidad en la que deben prevalecer los valores familiares y la generosidad. El señor Scrooge, que vive para sí mismo y preocupado únicamente por su negocio, menosprecia al ser humano y cualquier sentimiento de amor o compasión. La noche antes de Navidad, su socio Marley, muerto siete años antes, se le aparece advirtiéndole de la visita de tres fantasmas: El fantasma del Pasado, del Presente y del Futuro. Esta visita logra operar en Scrooge un cambio definitivo. En los tiempos que corren, esta imprescindible novela nos hace llegar un mensaje de esperanza y la posibilidad de cambio en un mundo golpeado por la crisis económica, el hambre, las guerras y, sobre todo, nuestro propio egoísmo. Excelente, respetuosa y ágil adaptación de Pablo Antón Pascual, con ilustraciones del joven Christian Birmingham.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Cartas de Papá Noel, de J. R. R. Tolkien

Todos los años, durante más de veinte, cuando se aproximaba la Navidad, los hijos de J. R. R. Tolkien recibían un sobre con un sello del Polo Norte. Dentro había una carta escrita con una extraña letra temblorosa y un dibujo de vivos colores o algunos bocetos. El remitente era Papá Noel. Las cartas aparecían misteriosamente, a menudo espolvoreadas con nieve fresca, en la chimenea, y algunas veces las traía el cartero. Hablaban de sucesos del Polo Norte, divertidos o alarmantes, acompañados siempre por maravillosos dibujos: cómo se soltaron todos los renos de los trineos y desperdigaron los regalos; cómo el Oso Polar escaló el Polo Norte y se cayó por el tejado de la casa de Papá Noel para aterrizar en el comedor; cómo rompió la Luna en cuatro partes e hizo que el hombre que vive en ella cayera en el jardín; y ¡cómo se declaró la guerra a una horda de trasgos que vivían en unas cuevas debajo de la casa! Un buen regalo para niños en estas próximas fiestas de Navidad.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Dioses, tumbas y sabios, de C. W. Ceram

W. C. Ceram es el pseudónimo de Kurt W. Marek, conocido publicista y crítico literario y cinematográfico, nacido en Berlín en 1915. Durante la Segunda Guerra Mundial fue hecho prisionero en Italia, donde tuvo ocasión de emplear su tiempo en un hospital de sangre leyendo obras de arqueología. Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de de acercar al gran público los secretos de la arqueología. Así nació Götter, Gräber und Gelehrte. En este maravilloso libro, con gran amenidad y fuerza expresiva, Ceram nos muestra la aventura de los hombres que descubrieron Troya, la tumba de Tutankamón, los tesoros aztecas, Pompeya, Nínive, Babilonia, el Valle de los Reyes, etc. Cada tema y cada página están tratados con tal atractivo y sensibilidad, y con tan gran respeto por la verdad de los hechos, que muchos la consideran «la novela de la arqueología». Por la obra desfilan grandes personalidades de la arqueología, como Schliemann, Champollion, Botta o Howard Carter. Sin duda, un libro de Historia al alcance de todos los públicos. Imprescindible para los amantes de la Historia.

sábado, 23 de noviembre de 2013

El señor del mundo, de Robert Hugh Benson

El pasado lunes 18 de noviembre el Papa Francisco ha vuelto a sorprender en su homilía matinal en Santa Marta. Arremetiendo contra la «mundanidad», el «pensamiento único» y el «espíritu del progresismo adolescente», que conducen a la apostasía, el Papa Francisco ha hecho referencia a la novela de Robert Hugh Benson Señor del Mundo. Escrita en 1907 por un anglicano converso al catolicismo, Señor del Mundo, Lord of the World en el original, está en la línea de novelas como 1984 o Un mundo feliz. En Señor del mundo, el Anticristo es un líder político elegante, moderado, que habla de paz y de unidad, que seduce... pero que persigue y acosa a la Iglesia. Es la exaltación del humanitarismo como religión, una religión contraria a lo sobrenatural. Es, en el fondo, un panteísmo, con un credo propio: «Dios es el Hombre», que ofrece un verdadero alimento a quien tenga anhelos de religión. Idealiza, pero no plantea exigencias de ninguna clase sobre las facultades espirituales del ser humano. Y fomenta desmesuradamente los sentimientos.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un poema: Camino de imperfección, de Miguel D'Ors

Camino de imperfección[1]

Joven,
yo era un vanidoso inaguantable.
«Esto va mal», me dijo un día el espejo.
«Tienes que corregirte».
Al cabo de unas semanas era menos vanidoso.
Unos meses después ya no era vanidoso.
Al año siguiente era un hombre modesto.
Muy modesto.
Modestísimo.
Uno de los hombres más modestos que he conocido.
Más modesto que cualquiera de ustedes.
O sea
un vanidoso inaguantable
viejo.



[1] De Curso superior de ignorancia, EDITUM, Murcia 1987.

sábado, 16 de noviembre de 2013

El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry

«He aquí mi secreto —dijo el zorro—. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. El tiempo que dedicaste a tu rosa hace que tu rosa sea tan importante. Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa».

Un pequeño príncipe poseía una rosa y tres volcanes en un minúsculo planeta. Un día que estaba muy aburrido salió a dar una vuelta por el Universo. Visitó unos cuantos asteroides parecidos al suyo y conoció a un rey, a un vanidoso, a un bebedor, a un hombre de negocios, a un farolero y a un geógrafo. Por último llegó a la Tierra. Como era un planeta grande permaneció allí durante un año, y tuvo oportunidad de conversar con una serpiente, un cazador, un guardagujas, un mercader y, especialmente, con un zorro y un piloto que reparaba el motor de su avión en el desierto. En cada nuevo encuentro, el principito hacía preguntas breves, y escuchaba las respuestas con atención. Buscaba, como todo hombre, lo esencial, lo mismo que tú y que yo: ¿dónde estoy?, ¿en qué planeta he caído?, ¿qué haces ahí?, ¿dónde están los hombres?, ¿cómo puedo tener amigos?
Antoine de Saint Exupéry (1900-1944), alternó la pasión por la aventura con la meditación sobre el significado último de la existencia. En El principito (Le petit prince en el original), encontramos la importancia del valor de la amistad, del heroísmo como meta, la felicidad que proporciona el cumplimiento del deber, la responsabilidad como motor de la conducta moral… Imprescindible.


sábado, 9 de noviembre de 2013

Cartas del diablo a su sobrino, de C. S. Lewis

Este estupendo libro de C. S. Lewis, editado por primera vez en 1942, es una recopilación de artículos publicados en el desaparecido periódico Manchester Guardian con el nombre de The Screwtape letters (Las cartas de Escrutopo). Desde entonces ha sido un éxito permanente. Está compuesto de treinta y una cartas que el anciano y experimentado diablo Escrutopo escribe a su sobrino Orugario, un demonio principiante. A través de las cartas intenta enseñar a su sobrino, cómo tentar a «su Paciente», un joven que vive en Londres en plena Segunda Guerra Mundial. Ameno, amable, irónico, agudo y con sentido del humor, C. S. Lewis hace en el fondo una apología del cristianismo. Critica la debilidad de los hombres y la facilidad con la que e dejan seducir por los engaños del Maligno. C. S. Lewis dedicó este libro a su gran amigo y escritor J. R. R. Tolkien. La originalidad de su planteamiento, el acertado estilo literario y la agudeza del autor, hacen de las Cartas del diablo a su sobrino uno de los libros más apreciados y brillantes de Lewis.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Un cuento: El cielo del monjecito, por Mamerto Menapace

El cielo del monjecito[1]
El monjecito se encontraba en la iglesia. Era al inicio de la primavera, cuando el sol ya es tibio, y afuera todo canta a la vida Comenzaba la tarde, y él se encontraba sentado en un banco de la iglesia, entre meditando y distraído. Por la ventana abierta entraba la luz, el calor y cuanto ser diminuto y viviente se movía en los aires.
En realidad no estaba distraído, sino absorto. Había un pensamiento que lo venía persiguiendo desde hacía varios días. Quizá fuera la primavera que comenzaba. Lo cierto es que desde días atrás se venía preguntando sobre la eternidad del cielo. Sobre todo lo cuestionaba la idea de una realidad que nunca tendría fin, y en la cual Dios lo invitaba a participar también a él. Era un monjecito movedizo y lleno de vida, curioso e inteligente, despierto y soñador. No entendía cómo se las ingeniaría Dios para mantener el interés en una realidad que sería eterna. Porque él no lograba pasarse media hora sin tener que cambiar de ocupación o de lugar. Lo aterraba la idea de clavarse para siempre en algo eterno.
En esto estaba cavilando y adormeciéndose, cuando de repente llamó su atención un pequeño pájaro que acababa de entrar por la ventana. Parecía un animalito sencillo y sobre todo sumamente manso. Luego de un corto vuelo, fue a posarse a dos o tres bancos por delante de nuestro monjecito. No pareció importarle que éste estuviera allí. Luego de un momento de silencio, levantó la cabecita y lanzó un sencillo gorjeo que llenó de ecos el silencio de la Iglesia.
Cuando el canto se repitió nuevamente, el monjecito sin pensar en lo que hacía se levantó y se acercó al pajarito, que no dio muestras de temor. Simplemente pegó un saltito y fue a posarse en el respaldo del banco siguiente, mientras nuevamente gorjeaba su trino. Pero esta vez el canto venía modulado de una manera diferente. Parecía más bello y más sonoro. Además, al darle el sol sobre su plumaje, mostraba unos tornasoles que antes no habían aparecido. Embelesado nuestro amigo volvió a acercársele, para conseguir tan solo que el avecilla repitiera su corto vuelo hasta otro banco un poco más allá.
Y así de vuelo en vuelo, y trino a trino, ambos se fueron dirigiendo hacia la puerta entreabierta de la Iglesia. El monjecito estaba tan copado que ni se daba cuenta de lo que hacía. Simplemente iba detrás del avecilla canora, que a cada instante mostraba un nuevo color, o expresaba una armonía diferente y siempre más bella. Atravesaron la puerta, cruzaron el jardín, salieron por el gran portón que daba al bosque del cerro vecino, y finalmente se adentraron en éste sin percatarse de que se iban alejando cada vez más del monasterio.
Cuánto tiempo transcurrió desde aquel momento no lo supo entonces el monjecito. Porque paso a paso y yendo detrás del ave encantadora fue perdiendo la noción de las horas y de las distancias. Pero finalmente el avecita gorjeó como nunca lo había hecho aún, y abriendo sus alitas se perdió por entre el follaje del bosque.
Recién entonces nuestro monjecito volvió en sí, y se asustó al ver que ya era tarde. Volvió sobre sus pasos, extrañado de no reconocer el camino que lo había traído hasta allí. Pero desde la altura del cerro donde se encontraba, veía a veces el monasterio por entre el follaje, y así se iba ubicando Lo que en cambio le extrañó profundamente fue el no lograr dar con la puerta por donde había salido. Por más que la buscó en el atardecer por donde tendría que haber estado, no logró dar con ella. Rodeando el monasterio, al fin se topó con la puerta principal Con todo, lo que veía le resultaba extraño. Nada le parecía ya familiar, y se sentía como de otro mundo.
Tocó la campanilla y salió a atenderlo un viejo hermano portero, de larga barba blanca. No lo reconoció. Francamente confundido y temiendo una equivocación, preguntó tímidamente si aquel era el Monasterio de San Pantaleón. El monje portero le respondió que sí, y le preguntó a su vez qué deseaba; Nuestro monjecito perplejo le dijo que quería que le abriera la puerta para volver a su celda y disculparse con el maestro de novicios. Por supuesto que el portero no entendió nada, y no sabia que pensar. ¿Se trataría de una broma de alguno de los monjes disfrazados? ¿O sería quizá algún loco que confundía las cosas?
No sabiendo como proceder le pidió amablemente que se sentara y esperara al abad a quien iría a llamar enseguida. Cuando éste vino, por supuesto tampoco reconoció al monjecito, ni éste al abad. Se saludaron y trabaron conversación. El novicio apesadumbrado le contó lo que le había pasado aquella tarde, o quizá —no sabía— la tarde anterior. Cómo había abandonado la iglesia y el monasterio yéndose detrás de aquella rara avecita de canto y de plumaje continuamente cambiante que lo había fascinado y llevado tras ella. También le abrió su corazón al abad confesándole que sentía a su alrededor todo muy raro y que no acertaba a reconocer nada de cuanto veía. Que ni siquiera podía reconocerlo a él mismo con quien estaba hablando.
Ustedes imaginarán lo perplejo que estaría también el abad frente a aquel monje cito extraño y desconocido que contaba una historia tan bella y extraña. Supuso que se trataría de un joven desorientado y mentalmente enfermo que estaba fabulando una historia sobre su propia vida, aunque lo hacía tan bien que no podía negar el realismo de muchos de los datos, que verdaderamente coincidían con los de aquel viejo monasterio. Como era un hombre bueno y no quería herir al joven con lo que por dentro pensaba, decidió intentar convencerlo mediante el registro de los monjes para mostrarle que su nombre nunca había estado inscrito en aquel monasterio.
Trajeron el libro de registro donde desde hacía siglos se venían anotando los monjes que habían ido viviendo allí, y hoja tras hoja, empezando por las últimas, fue mostrando que efectivamente allí no estaban su nombre. Pero de pronto al hojear al azar el libraco aquel, sus ojos tropezaron con algo insólito. Una página estaba a mitad en blanco. Y para su sorpresa, allí aparecía el nombre del monjecito, con todos sus datos y una nota en rojo que decía simplemente:
"Desapareció una tarde en el bosque, sin dejar rastros". Era una página escrita 227 años atrás.
Esta bella historia termina así. El joven se dio cuenta de que, sin saberlo, había estado siguiendo durante todos esos 227 años a la avecilla sin cansarse ni envejecer.
Y fue tal el deseo que experimentó de ir al cielo que allí mismo… despertó de su sueño sobre el banco de la iglesia en aquel atardecer. Era ya la hora de vísperas.



[1] M. Menapace, Cuentos al amanecer, PPC, Madrid 2003, pp. 122-125.