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sábado, 10 de noviembre de 2012

El sueño eterno, de Raymond Chandler


«No había temor en el grito. Más bien sonó a sorpresa un tanto agradable, con acento de embriaguez y tono de idiotez. Fue un sonido desagradable. Me hizo pensar en hombres vestidos de blanco, una ventana con barrotes y camas estrechas con correas de cuero para atar las muñecas y los tobillos».

Excelente. Esta primera novela de Chandler, The Big Sleep en el original, se publicó en 1939. Según el propio autor, refleja «una situación en la que el misterio se resuelve más  por la exposición y comprensión de un solo personaje, siempre en plena evidencia, que por la lenta y a veces forzada concatenación de circunstancias…». Llevada al cine por Howard Hawks con Humphrey Bogart como protagonista en el papel de Philip Marlowe, inicia la serie de este inolvidable personaje, íntegro, honrado, como habían de ser los detectives, según Chandler, un detective que cobra «veinticinco dólares diarios más gastos» y que ni acepta sobornos ni se aprovecha de las muchas situaciones ventajosas en que su trabajo le coloca.

domingo, 16 de enero de 2011

Muerte en la clínica privada, de P. D. James

Considerada por muchos como la reina de la novela de crimen inglesa, con esta novela nos ofrece una de sus obras típicas.  Un relato en el que  lo importante no es tanto descubrir a los culpables como desvelar la riqueza del mundillo que rodea al crimen, y las implicaciones de los personajes envueltos en el caso.  En este caso se trata del asesinato de la célebre periodista de investigación Rhoda Gradwyn. Cuando ingresa en Cheverell Manor, la clínica privada del Dr. Chandler-Powell en Dorset  para quitarse una antigua y antiestética cicatriz que la desfiguraba, sus planes son ser operada por un cirujano de renombre, pasar una tranquila semana convalecencia en una de las mansiones más bellas de Dorset y comenzar una nueva vida. El inspector Adam Dalgliesh y su equipo, que se encargan del caso, pronto se encontrarán con una segunda muerte que complica todo. La autora hace un retrato minucioso de los personajes, ahonda en su personalidad y mantiene la intriga hasta el final.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Muerte en la clínica privada, de P. D. James

El pasado jueves 27 de noviembre de 2014 fallecía en su Oxford natal Phyllis Dorothy James, considerada por muchos como la reina de la novela negra. P.D. James, retrata en su obra la complejidad humana, con una construcción meticulosa, casi forense, de las tramas, y en la que sobresale la elegancia de su pluma. En Muerte en la clínica privada, nos encontramos con el asesinato de la célebre periodista de investigación Rhoda Gradwyn. Cuando ingresa en Cheverell Manor, la clínica privada del Dr. Chandler-Powell en Dorset para quitarse una antigua y antiestética cicatriz que la desfiguraba, sus planes son ser operada por un cirujano de renombre, pasar una tranquila semana de convalecencia en una de las mansiones más bellas de Dorset y comenzar una nueva vida. El inspector Adam Dalgliesh y su equipo, que se encargan del caso, pronto se encontrarán con una segunda muerte que complica todo. La autora hace un retrato minucioso de los personajes, ahonda en su personalidad y mantiene la intriga hasta el final.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La rubia de ojos negros, de Benjamin Black

«Era martes, una de esas tardes de verano en que la Tierra parece haberse detenido. El teléfono, sobre la mesa de mi despacho, tenía aspecto de sentirse observado. Por la ventana polvorienta de la oficina se veía un lento reguero de coches y a un puñado de buenos ciudadanos de nuestra encantadora ciudad, la mayoría hombres con sombrero, que deambulaban sin rumbo por la acera. Me fijé en una mujer que, en la esquina de Cahuenga y Hollywood, aguardaba a que cambiara la luz del semáforo. Piernas largas, una ajustada chaqueta color crema con hombreras, una falda azul marino…»

John Banville, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014 es Benjamín Black. En esta novela, The black-eyed blonde, resucita al mítico detective Philip Marlowe, creado por el autor norteamericano Raymond Chandler (1888-1959). Los hijos del novelista confiaron en Black para que éste embarcase al personaje en una nueva y peligrosa aventura por las calles de Bay City. Es el comienzo de la década de los cincuenta. Philip Marlowe se siente tan inquieto y solo como siempre y el negocio vive sus horas bajas cuando irrumpe en su despacho una nueva clienta: joven, rubia, hermosa y elegante, Clare Cavendish, la rica heredera de un emporio de perfumes, pretende que Marlowe encuentre a un antiguo amante, un hombre llamado Nico Peterson.

lunes, 9 de enero de 2023

Lo más importante de todo, de Lorenzo Silva

ENTREVISTA DE ÁLVARO SÁNCHEZ LEÓN[1]

     Le leí hace poco que uno de los libros que le ha dejado más huella ha sido El Reino, de Emmanuel Carrère, “que es un libro que poca gente ha leído y ponderado, pero versa sobre lo más importante de todo: la fe”.

Lo más importante de todo es la fe. Kafka, que pasa por ser un escritor nihilista, dice que “para vivir hay que tener fe”; fe en todo: en lo que está más cerca y en lo que está más lejos.

— Me llamó la atención que pidiera oraciones en Twitter por el alma de su madre sin ser católico practicante. Me pareció el gesto más honesto en esos momentos de desconsuelo.

Raymond Chandler, que es otro de mis grandes referentes, criticaba a los escritores rompedores de su tiempo, que eran muy inteligentes, muy brillantes, capaces de hablar de cualquier cosa, pero que, en el fondo, “son hombres pequeños que han olvidado cómo rezar”. Quien no reza, no asume que el mundo es muy superior a él y que estamos insertos en algo que nos sobrepasa constantemente. Quien no siente el impulso de rezar, de pedir, de dar gracias, ha empequeñecido su alma.

No tengo una fe religiosa, pero sí creo que cuando uno reza por alguien está pensando en esa persona y le está transmitiendo algo de lo mejor que tiene, exista o no exista Dios, le llegue o no le llegue esa plegaria. Eso es bueno para quien reza y es bueno para quien tiene una relación con la persona por la que se reza. Y si existe una forma de existencia más allá de la existencia, estoy convencido de que será bueno para la persona por la que se reza.

Yo soy agnóstico. No tengo la intuición cierta de la trascendencia, pero no la descarto. Soy como Protágoras, a quien injustamente criticaron como ateo por decir que sobre los dioses no podía decir si existían o no, porque demasiado oscura era la cuestión, y demasiado breve era la vida humana para esclarecerla. Yo estoy ahí. Y desde ahí pienso que rezar y respetar a quien reza es un valor. No soy religioso, ni clerical, pero tampoco soy anticlerical. Estoy convencido de que hay que tener fe en que todo esto tiene un para qué, que tiene sentido hacer las cosas bien, y que no tiene sentido hacer las cosas mal.

Dice Wittgenstein –no sabría decir ahora si era muy creyente o no– que una vida deshonesta es una vida irracional. Spinoza, que tampoco creía en el Dios de los cristianos, destaca en su ética que no se trata de obrar bien para ir al cielo, o dejar de obrar mal para no ir al infierno, sino que tenemos que hacer el bien, porque cuando uno hace el bien conforme a su naturaleza y a su visión de las cosas honestas, enriquece su existencia.

Cuando uno obra en contra de lo que honestamente cree que debe hacer, degrada su existencia y la envilece, y su vida pierde calidad. El cielo de los actos buenos está en los actos buenos. El infierno de las malas acciones está en las malas acciones. Aunque no te pillen. Aunque no te castiguen. Si perdemos estas ideas esenciales, podemos acabar convirtiéndonos en máquinas de hacer cálculos de coste-beneficio. En cualquier caso, seríamos máquinas de hacer cálculos de coste-beneficio a corto plazo, cuando esos cálculos habría que hacerlos al plazo relevante. Si tengo la certeza absoluta de que me voy a morir mañana, me vale con ganar dinero hoy. Si vivo treinta años más, lo que hoy es rentable, a lo mejor dentro de diez años es un desastre. Si tengo hijos y pienso en ellos, lo que parece rentable para mí, igual no lo es para su futuro…

— Si la vida de un buen autor son sus buenos textos, como decía antes, tiene su coherencia pensar que la buena vida de una buena persona sean, al final, sus obras buenas.

— Totalmente. Y la vida buena no es pasarse los días recogiendo medallas de oro en lo alto del podio. Esa, incluso, si nos descuidamos, tiene momentos de vida mala. He visto a gente recoger medallas de oro en lo alto de un podio que les ubicaba muy fuera del tiesto. La vida buena es lo que dice Spinoza, que me parece lo más inteligente en términos éticos: lo bueno es lo que es conforme a tu naturaleza, aquello que sientes que debes hacer y que, realmente, forma parte de lo que eres. Todo lo que hagas en ese camino, es buen texto para la vida. Todo lo que se salga de esas líneas, lo estropea. Todos hacemos bastantes cosas al margen del texto bueno, y el que diga que no es que no se observa, no es consciente, o está atontado, pero hay que intentar que ese subconjunto inevitable de acciones no se convierta en el centro de gravedad de toda nuestra existencia.

Leer Entrevista completa

[1] Entrevista de Álvaro Sánchez León, 31 de agosto de 2022, en: https://www.aceprensa.com/la-entrevista/lorenzo-silva-la-literatura-sirve-para-dar-cauce-forma-y-expresion-a-la-conversacion-social/