¿Qué pueden hacer unos niños naufragados en una
isla? ¿Dejarse llevar por el salvajismo y matarse unos a otros, como en la
novela El Señor de las Moscas, de William Golding? ¿Son los
niños, los adolescentes, unos bárbaros llevados por impulsos, sólo contenidos
por una capa fina de civilizacion?William Golding publicó su novela en 1951 y vendió
muchos millones de ejemplares. Él era alcohólico, con tendencia a la
depresión y violento con sus hijos. "Siempre entendí a los nazis, porque
soy, por naturaleza, de ese tipo", confesó en cierta ocasión. "En
parte, por ese autoconocimiento", admite, escribió El Señor de las Moscas. En esa
historia, unos niños de
colegio británico naufragados en una isla se dedican a hacer cada uno
lo que prefiere, buscan lo
fácil y la gratificación inmediata y terminan recurriendo a la violencia contra
los más pequeños, matando a tres de ellos. ¿Es así el hombre? ¿Ha habido algún
caso real similar de niños perdidos en una isla desierta? Pues sí. Ocurrió en 1966.
Protagonistas: un grupo de adolescentes de una escuela católica de Tonga, de 13
a 16 años. en Religión en Libertad puedes leer la historia completa…
Si te gusta leer, este es tu blog. Leer para aprender. Leer para descansar. Leer para recomendar. Libros para ti, libros para tus hijos, libros para tus padres. Libros para todas las edades. Libros para jóvenes y libros para adultos. Lo mejor de ahora y de siempre. No son recomendaciones de un experto, sino de un aficionado a la lectura que recomienda libros a sus amigos. Espero que te gusten.
lunes, 27 de julio de 2020
lunes, 13 de julio de 2020
La voz del árbol, de Mercedes Salisachs
“… la palabra «traidores» no le era desconocida. Más de
una vez su madre le había hablado de un tal Judas que, por ganarse unas monedas
de plata, había traicionado a Dios. Y que luego, arrepentido por lo que había
hecho, se colgó de un árbol. «Pero aquel
árbol no era como el otro. Métetelo en la cabeza, Lucía. Aquel árbol tenía
ramas y hojas y un tronco vital. En cambio el árbol bueno era seco y tenía la
madera dura.»
Lucía es testigo de la muerte tremenda de sus padres, durante la guerra civil española,
cuando solo tiene unos pocos años. A partir de ese momento, sin nadie en la
vida que la proteja, irá cayendo en manos de diversas personas. Unas se
aprovecharán de ella. Otras, la ayudarán a sobrevivir. A lo largo de siete
décadas, Lucía crece en relación con personas muy diversas, encontrándose con
el egoísmo, la inmoralidad y la injusticia en todas sus versiones. De esta novela, la propia Mercedes Salisachs dirá: "He intentado hacer un libro que no se te caiga de las manos, que sea ameno y al mismo tiempo tenga profundidad intelectual". Es de lo mejor que he leído en los últimos meses.
lunes, 29 de junio de 2020
John Verdon, La isla del tesoro y Arderás en la tormenta
Esta mañana sin yo
pretenderlo me volví a topar con los libros de John Verdon. Enseguida pensé: “¿Habrá
sacado algo nuevo?” y me puse a buscar por internet sin encontrarlo. No parece
que haya escrito nada posterior a Arderás en la tormenta. O por lo menos, yo no
he encontrado referencias.
Pero me
encontré con este breve vídeo entrevista
que te puede interesar…
Ya lo has escuchado: La isla del tesoro, de R. L. Stevenson,
Guerra y paz, de Lev Tolstoi, El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle, y Arderás en la tormenta, el último de la saga de David Gurney…
lunes, 15 de junio de 2020
Quién sujeta el cielo, de Rafael Álvarez Avello
«Dios siente ternura hacia mí como yo hacia vosotros, Dios
tiene una dependencia total de mí, Dios sufre conmigo, Dios se alegra conmigo,
Dios camina conmigo y peregrina en mi vida. Dios siente la necesidad de
cuidarme. Cualquier cosa que me ocurra le transforma, porque soy su hijo y su
criatura».
“Quién sujeta el cielo”, que también se
podría haber titulado “Cómo me convertí
a la ternura de Dios a través de mis hijos”. En este pequeño libro, que he aprovechado para leer estos días de confinamiento, el autor escribe
a sus hijos y les cuenta cómo fueron ellos quienes le revelaron la ternura de
Dios al convertirle en padre. Por sus páginas desfilan historias familiares y sucesos cotidianos en los que los temas de
fondo son el amor, la felicidad y el sentido de la vida. Para el autor, “El gran reto para los Cristianos” y, añado yo, para todos los
hombres, es “descubrir la mirada con que
Dios nos mira”. La felicidad, a
pesar del dolor, del sufrimiento, de todos los males que hay en el mundo, está
en descubrir esa mirada, la mirada de Dios, y mirarse cada uno a sí mismo así, con la mirada de Dios.
lunes, 1 de junio de 2020
David Copperfield y El Año de Dickens
El próximo 9 de junio de 2020 se cumplirán 150 años de la muerte de Charles Dickens. Con ocasión de ese aniversario os recomiendo dos lecturas. La primera, un breve estudio de 195
páginas: El universo de Dickens, de Mariano Fazio, breve ensayo para introducirnos en la obra de este
universal autor. La segunda, una novela de Dickens, para empezar a abrir boca. En
concreto, David Copperfield, novela
de formación, o de aprendizaje, de la que el propio Dickens decía: «De todos mis
libros, éste es el que prefiero (…) tengo un hijo favorito en el fondo de
mi corazón. Y su nombre es David
Copperfield» (Prólogo a la
edición de 1867). Una novela que empieza
así:
«Si
soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán
estas páginas. Para dar comienzo a mi historia desde el principio, diré que
nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la
noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente».
Para
saber más:
Charles Dickens, el novelista inglés más famoso.
lunes, 11 de mayo de 2020
Un caballero en Moscú, de Amor Towles
«El 21 de junio de 1922 a las seis y media, cuando el conde
Aleksandr Ilich Rostov salió escoltado por la puerta del Kremlin a la Plaza
Roja, hacía un día fresco y espléndido. El conde echó los hombros hacia atrás,
sin detener el paso, e inspiró hondo, como quien sale del agua después de nadar».
Condenado a muerte por los
bolcheviques en 1922, el conde Aleksandr Ilich Rostov elude su trágico final
por un inusitado giro del destino. Gracias a un poema subversivo escrito diez
años antes, el comité revolucionario conmuta la pena máxima por un arresto
domiciliario inaudito: el aristócrata deberá pasar el resto de sus días en el
hotel Metropol, microcosmos de la sociedad rusa y conspicuo exponente del lujo
y la decadencia que el nuevo régimen se ha propuesto erradicar. En esta curiosa
historia se basa la segunda novela de Amor Towles, que se consolida como uno de
los escritores norteamericanos más interesantes del momento. Escrita con elegancia,
sentido del humor y un aprecio por los grandes clásicos de la literatura rusa, es,
sin duda, una lectura muy recomendable. Una novela sobre un confinamiento, para
leer en tiempos de confinamiento.
jueves, 30 de abril de 2020
Día de la madre: Un poema. La madre, de Magdalena Sánchez Blesa
La madre[1]
A veces llego a mi casa
con la prisa
que requiere
hoy en día
la sociedad
y ni siquiera saludo.
Entro rápida
en mi alcoba
y doy un grito
a mi madre.
-¡Mamá, tengo mucha prisa.
¿Se me ha secado la falda?
¿Me has planchado la
camisa?
Venga, ponme la comida
que me tengo que ir
corriendo.
Y ella, como un soldadito
va mis órdenes cumpliendo.
-¿Dónde están mis botas
negras?
¿Dónde has puesto mis
pendientes?
¿Por qué me escondes las
cosas?
¿Y mi cepillo de dientes?
Tráeme las llaves del
coche,
cómprame un tinte del pelo
y luego, si tienes tiempo,
bajas la luna del cielo.
Y ella, como un soldadito,
va restando de sus horas
el tiempo que necesito.
De todas las formas, mi
madre,
ya tiene hecha su vida.
Ahora debe dedicarse
a hacerme a mí la comida,
a tener la casa limpia,
a ir los martes al mercado...
En fin, esas tonterías
que a mí me han enamorado.
En fin, esas tonterías
que hacen que mi vida
fluya
mientras yo, como un sargento,
voy malgastando la suya.
Yo metiéndome al bolsillo
su rodal de luna llena
y con sus rayos de sol
poniéndome yo morena,
mientras que ella
con la luz de una lámpara
fundida
va consumiendo su vida
dando betún a mis botas,
ordenando mis cajones,
cosiéndome calcetines,
planchándome pantalones,
regalándome latidos,
remendándome tristezas...
¿En dónde me acabo yo
y tú, mamá, dónde
empiezas?
Quiero que empieces aquí,
donde acaba mi poesía.
Debí haberla escrito
antes,
¿verdad que sí, madre mía?
Pero aún nos queda tiempo.
Venga, cierra el
costurero.
Ponte guapa que nos vamos,
hoy empezamos de cero.
¡Desenchufa ya esa
plancha!
¡Deja la ropa en el balde!
Yo lo haré cuando
volvamos,
vamos, mamá, se hace
tarde.
[1] Más información sobre la autora: https://www.magdalenasanchezblesa.com/
jueves, 23 de abril de 2020
viernes, 10 de abril de 2020
Via Crucis de Gerardo Diego
la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla
quiero ver si se retrata
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
- No, mi Niño. No, no hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna
entre las pajas de
miel
le acariciaban la piel
sin despertarle. Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel.
¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel
desde el marco del dintel
te saludó: -Ave, María?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.
A ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa.
A ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María.
Primera Estación:
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
"El Consejo en pleno se levantó y
llevaron a Jesús ante Pilato. Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos
comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los
impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.»" (Lc 23, 1-2)
Jesús sentenciado a muerte.
No bastan sudor, desvelo,
cáliz, corona, flagelo,
todo un pueblo a escarnecerte.
Condenan tu cuerpo inerte,
manso Jesús de mi olvido,
a que, abierto y exprimido,
derrame toda su esencia.
Y a tan cobarde sentencia
prestas en silencio oído.
Y soy yo mismo quien dicto
esa sentencia villana.
De mis propios labios mana
ese negro veredicto.
Yo me declaro convicto.
Yo te negué con Simón.
Te vendí y te hice traición
con Pilatos y con Judas.
Y aún mis culpas desanudas
y me brindas el perdón.
Segunda Estación: JESÚS CARGA CON LA CRUZ
"Así fue como se llevaron a Jesús.
Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario
(o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota." (Jn 19, 17)
Jerusalén arde en
fiestas.
Qué tremenda diversión
ver al justo de Sión
cargar con la cruz a cuestas.
Sus espaldas curva, prestas
a tan sobrehumano exceso,
y, olvidándose del peso
que sobre su hombro gravita,
con caridad infinita
imprime en la cruz un beso.
Tú el suplicio y yo el regalo.
Yo la gloria y Tú la afrenta
abrazado a la violenta
carga de una cruz de palo.
Y así, sin un intervalo,
sin una pausa siquiera,
tal vivo mi vida entera
que por mí te has alistado
voluntario abanderado
de esa maciza bandera.
Tercera Estación: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
"Luego Jesús llamó a sus discípulos y
a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo,
tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el
que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará." (Mt 16,
24-25)
A tan bárbara
congoja
y pesadumbre declinas,
y tus rodillas divinas
se hincan en la tierra roja.
Y no hay nadie que te acoja.
En vano un auxilio imploras.
Vibra en ráfagas sonoras
el látigo del blasfemo.
Y en un esfuerzo supremo
lentamente te incorporas.
Como el Cordero que viera
Juan, el dulce evangelista,
así estás ante mi vista
tendido con tu bandera.
Tu mansedumbre a una fiera
venciera y humillaría.
Ya el Cordero se ofrecía
por el mundo y sus pecados.
Con mis pies atropellados
como a un estorbo le hería.
Cuarta Estación: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU
MADRE:
"También estaban allí, observándolo
todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para
servirlo." (Mt 27, 55)
Se ha abierto paso en las filas
una doliente Mujer.
Tu Madre te quiere ver
retratado en sus pupilas.
Lento, tu mirar
destilas
y le hablas y la consuelas.
Cómo se rasgan las telas
de ese doble corazón.
Quién medirá la pasión
de esas dos almas gemelas.
¿Cuándo en el mundo se ha visto
tal escena de agonía?
Cristo llora por María.
María llora por Cristo.
¿Y yo, firme, lo resisto?
¿Mi alma ha de quedar ajena?
Nazareno, Nazarena,
dadme siquiera una poca
de esa doble pena loca,
que quiero penar mi pena.
Quinta Estación: JESÚS ES AYUDADO POR EL
CIRENEO
"Cuando lo llevaban, encontraron a un
tal Simón de Cirene que volvía del campo, y le cargaron con la cruz para que la
llevara detrás de Jesús." (Lc 23,26)
Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero.
Le rinde el plúmbeo madero.
Le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo.
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se
detiene
ante Simón de Cirene,
que acude tardo y perplejo.
Pudiendo, Jesús, morir,
¿por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte.
Y grité: -Aléjate, muerte.
Ven Tú, Jesús cireneo.
Ayúdame, que en ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.
Sexta Estación: LA VERÓNICA LIMPIA EL
ROSTRO DE JESÚS
"Muchos quedaron espantados al verlo,
pues estaba tan desfigurado, que ya no parecía un ser humano. Despreciado por
los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento,
semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no
hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él
llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban." (Is 52, 14; 53, 3-42)
Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Y al contemplar cómo vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la
Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa.
Si a imagen y semejanza
tuya, Señor, nos hiciste,
de tu imagen me reviste
firme a olvido y a mudanza.
Será mayor mi confianza
si en mi alma dejas la huella
de tu boca que nos sella
blancas promesas de paz,
de tu dolorida faz,
de tu mirada de estrella.
Séptima Estación: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
"... eran nuestras faltas por las que
era destruido; nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el
castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados". (Is 53,
5)
Largo es el camino y lento
y el Cireneo se rinde.
Él se ha trazado una linde
en su oscuro pensamiento.
Mientras disputa violento,
deja que la cruz se hunda
total, maciza, profunda,
sobre aquel único hombro.
Y como un humano escombro
cae Jesús por vez segunda.
¿Otra vez, Señor,
en tierra,
abrazado a tu estandarte?
Ese insistente postrarte
¿qué oculto sentido encierra?
Mas ya te entiendo. En la guerra
por ti luchando, transido
caeré en tierra y malherido,
¿y no he de alzarme ya más?
Yo sé que Tú me darás
la mano si te la pido.
Octava Estación: JESÚS CONSUELA A LAS
MUJERES DE JERUSALÉN
"Lo seguía muchísima gente,
especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Jesús,
volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.
Llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos." (Lc 23, 27-28)
Qué vivo dolor aflige
a estas mujeres piadosas,
madres, hermanas, esposas,
sin culpa del «crucifige».
Jesús a ellas se dirige.
Sus palabras, oídlas bien.
-Hijas de Jerusalén.
Llorad vuestro llanto, sí,
por vosotras, no por mí.
Por vuestros hijos también.
Por nosotros mismos, cierto.
Pero ¿quién por ti no llora?
Haz que llore hora
tras hora
por mí tibio y por ti yerto.
Riégame este estéril huerto.
Quiébrame esta torva frente.
Ábreme una vena ardiente
de dulce y amargo llanto,
y espanta de mí este espanto
de hallar cegada mi fuente.
Novena Estación: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
"Felices los que son perseguidos por
causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos." (Mt 5, 10)
Ya caíste una, dos veces.
La rota túnica pisas
y aún entre mofas y risas
tendido a mis pies te ofreces.
Yo no sé a quién me pareces,
a quién me aludes así.
No sé qué haces junto a mí,
derribado con tu leño.
Yo no sé si ha sido un sueño
o si es verdad que te vi.
Y yo caigo una, dos, tres,
y otra vez más, y otra, y tantas.
Siempre tus espaldas santas
me sirvieron de pavés.
Ahora siento bien cuál es
la razón de tus
caídas.
Sí. Porque nuestras vencidas
almas no te tengan miedo
caes, oh humilde remedo,
y a abrazarte las convidas.
Décima Estación: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS
VESTIDURAS
"Después de clavar a Jesús en la cruz,
los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para
cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba
abajo sin costura alguna, se dijeron:«No la rompamos, echémosla más bien a
suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se
repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los
soldados." (Jn 19, 23-24)
Ya desnudan al que viste
a las rosas y a los lirios.
Martirio entre los martirios
y entre las tristezas triste.
Qué sonrojo te reviste,
cómo tu rostro demudas
ante aquellas manos crudas
que te arrancan los vestidos
de sangre y sudor teñidos
sobre tus carnes desnudas.
Bella lección de pudores
la que en este trance dictas,
tus candideces invictas
coloridas de rubores.
Tú, que has teñido las flores
de tintas tan sonrosadas,
que en las castas
alboradas
las nubes vistes de oro,
ay, devuélveme el tesoro
de mis flores marchitadas.
Undécima Estación: JESÚS ES CLAVADO EN LA
CRUZ
"Al llegar al lugar llamado de la
Calavera, lo crucificaron allí, y con él a los malhechores, uno a su derecha y
el otro a su izquierda." (Lc 23, 33)
Por fin en la cruz te acuestas.
Te abren una y otra mano,
un pie y otro soberano,
y a todo, manso, te prestas.
Luego entre Dimas y Gestas,
desencajado por crueles
distensiones de cordeles,
te clavan crucificado
y te punzan el costado
y te refrescan de hieles.
Y que esto llegue es preciso
y así todo se consuma,
y, a la carga que te abruma,
el cuello inclinas sumiso.
-Conmigo en el paraíso
serás hoy- al buen ladrón
prometes. Tierna lección
la de tus palabras ciertas.
Toma mis manos abiertas.
Toma mis pies: tuyos son.
Duodécima Estación:
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
"Desde el mediodía hasta las tres de
la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. A eso de las tres, Jesús gritó
con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?» Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y
entregó su espíritu." (Mt 27, 45-46.50)
Al pie de la cruz María
llora con la Magdalena,
y aquel a quien en la Cena
sobre todos prefería.
Ya palmo a palmo se enfría
el dócil torso entreabierto.
Ya pende el cadáver yerto
como de la rama el fruto.
Cúbrete, cielo, de luto
porque ya la Vida ha muerto.
Profundo misterio. El Hijo
del Hombre, el que era la Luz
y la Vida muere en cruz,
en una cruz crucifijo.
Ya desde ahora te elijo
mi modelo en el estrecho
tránsito. Baja a mi lecho
el día que yo me muera,
y que mis manos de cera
te estrechen sobre mi pecho.
Decimotercera
Estación: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE
"Cerca de la cruz de Jesús estaba su
madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de
Magdala." (Jn 19,25)
He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día la Virgen de los
Dolores.
¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.
Decimocuarta Estación: JESÚS ES SEPULTADO
"Estaban tan asustadas que no se
atrevían a levantar los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron: «¿Por qué
buscáis entre los muertos al que vive?.No está aquí. Resucitó. Acordaos de lo
que les dijo cuando todavía estaba en Galilea." (Lc 24, 5-6)
Fue un José el
primer varón
que a Jesús tomó en sus brazos,
y otro José en tiernos lazos
le estrecha de compasión.
Con grave, infinita unción
el sagrado cuerpo baja
y en un lienzo le amortaja.
Luego le da sepultura
y una piedra en la abertura
de la roca viva encaja.
Como póstuma jornada
de tu vía de amargura,
admiro en la sepultura
tu heroica carne sellada.
Señor, ya no queda nada
por hacer. Señor, permite
que humildemente te imite,
que contigo viva y muera,
y en luz no perecedera,
que como Tú resucite.
Decimoquinta Estación: JESÚS RESUCITA DE
ENTRE LOS MUERTOS
¿Es de ingrávido sueño,
aire o magia refleja
este resplandor súbito,
esta erguida presencia?
Todo en torno se
afirma,
se deslumbra, se ciega.
La piedra es más que nunca
piedra, gozosa piedra;
la humana piel confusa
de oscuros centinelas,
tañida del prodigio,
centellea evidencias,
y el alba, el alba tímida
tan mojada y tan tierna,
confirma de rubores
su inocencia perfecta.
Otra vez sobre el mundo la Verdad se hace
cierta,
cierta con certidumbre
transverberada, céntrica.
No el aire, no, ni el sueño
ni la magia espejean
este cuerpo armonioso
que fulgura y destella.
Las brisas le acarician,
la tierra le sustenta
y la luz que de él mana
le ciñe y le modela.
Pudiendo ser más
leve
que plumas o humaredas,
humana, humildemente
pisa la hierba, y pesa,
y al goce del suavísimo
tacto, contacto, prenda,
invita -ábranse flores-
a las yemas incrédulas.
Resurrección. Oh gloria
taladrada y tan nuestra,
tan de hueso y de carne
firme, caliente, fresca.
Por Ti, Jesús, tan nuevo
hoy con tus cinco estrellas
que en cifra dibujada
tu caridad constelan,
por Ti, Señor, devuelto
a la luz que te estrecha,
al amor que te ciñe,
al aura que te besa,
por ti, todo nos canta,
oh divina certeza
para después del tiempo,
quieta ya primavera.
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