En pleno
mes de agosto, mientras el inspector Brunetti
viaja en tren para pasar dos semanas de vacaciones suena su teléfono móvil. La
comisaria Claudia Griffoni le informa de que ha tenido lugar un asesinato en la ciudad. El muerto es
Araldo Fontana, un ujier del Tribunal de Justicia al que se estaba investigando
por su participación en una sutil trama de corrupción dentro de la intrincada
maquinaria judicial de Venecia. Sin
llegar a su destino, Brunetti deja a
Paola, su esposa y a Chiara y Raffi, sus dos hijos en el tren y regresa a Venecia. El caso se une
a una investigación en curso: un turbio negocio de manipulación, plagado de
falsos videntes, consultores astrales y tarotistas. Brunetti se tendrá que valer de su intuición para navegar por un
mundo de sugestión y descarado engaño, así como para enfrentarse a un caso de sangre y sobornos. Donna Leon no defrauda. Leí Piedras ensangrentadas y me gustó. A ti
te pasará igual. Si lees un caso del inspector Brunetti, querrás leer todos.
Si te gusta leer, este es tu blog. Leer para aprender. Leer para descansar. Leer para recomendar. Libros para ti, libros para tus hijos, libros para tus padres. Libros para todas las edades. Libros para jóvenes y libros para adultos. Lo mejor de ahora y de siempre. No son recomendaciones de un experto, sino de un aficionado a la lectura que recomienda libros a sus amigos. Espero que te gusten.
jueves, 13 de junio de 2019
lunes, 13 de mayo de 2019
Los pastorcillos de Fátima, de Miguel Álvarez
“Cada
mañana los pastorcillos se levantan con alegría porque van a pasar el día
juntos. Desayunan al amanecer, rezan una oración al ángel de la guarda y salen
con el rebaño hacia el Gredal, una pequeña laguna cercana al caserío. Es el
punto de cita donde reúnen los dos hatos de ovejas y los conducen, meseta
arriba, hacia los pastos que decide Lucia”
Los
tres pastorcillos de Fátima comenzaron sus vidas en la honradez de
una vida sencilla, e hicieron de su
labor de pastores un ejemplo de humanidad para sus familiares y compañeros. La visita de la Virgen supuso un reto
de superación en su forma de entender su relación con Dios. Esta es la historia
de los tres pastorcitos portugueses a los que se les apareció la Virgen de Fátima el 13 de mayo de 1917. Lucia,
de 10 años, y sus primos, Francisco de 9 años y Jacinta
de 7 años, recibieron el mensaje de la Señora : el mal del mundo, la causa de sus guerras
y desastres es el pecado; la oración y el sacrificio son los medios para
conseguir la salvación. Francisco y Jacinta murieron pronto,
ofreciendo su vida por la paz del mundo. Lucia se quedó, como le había
prometido la Virgen ,
para extender la devoción de su Sagrado Corazón.
domingo, 5 de mayo de 2019
Día de la madre: Un poema: La madre, de Dámaso Alonso
que se te
han caído los dientes,
deformados por el veneno del reuma.
eres una
niña,
Oh, sí,
tú eres para mí eso: una candorosa niña.
que te
han traído a esta ribera desolada.
y cuando
llegues, espera allí a tu hijo.
Porque yo
también voy a sumergirme en mi niñez
pero las
aguas que tengo que remontar hasta casi
la fuente,
son mucho
más poderosas, son aguas turbias, como
como
quieren llevarse al pobre nadador.
¡Pobre
del nadador que somorguja y bucea en ese
¿No es
una maravilla que los dos hayamos arribado
Sí, así es
como a veces fondean un mismo día en
Así hemos
llegado los dos, ahora, juntos.
Y ésta es
la única realidad, la única maravillosa
que tú
eres una niña y que yo soy un niño.
que esto
solo es verdad, la única verdad.
acabaditas
de peinar ahora,
tu
trenza, en la que se marcan tan bien los brillan-
tu
trenza, en cuyo extremo pende, inverosímil, un
verdad,
tus medias azules, anilladas de blanco, y las
debajo de la falda;
verdad tu
carita alegre, un poco enrojecida, y la
(Ah, ¿por
qué está siempre la tristeza en el fondo
yo, niño
también, un poco mayor, iré a tu lado,
te
defenderé galantemente de todas las brutalidades
te
buscaré flores,
me subiré
a las tapias para cogerte las moras más
te
buscaré grillos reales, de esos cuyo cricrí es como
ser el verano!
es como
un hilo continuo de ranas verdes,
que fuera
repulgando la orilla, hilvanando la orilla
Ves:
todavía hay rocío de la noche; llevamos los
Sí, lo
prefieres.
Seré tu
hermanito menor, niña mía, hermana mía,
Nos
pararemos un momento en medio del camino,
y para
que me suenes las narices, que me hace mu-
cha falta
(porque
estoy llorando; sí, porque ahora estoy llo-
Tú ya
conoces las delicias del bosque (las conoces
porque tú
nunca has debido estar en un bosque,
soledad, con tu hermanito).
Mira, esa
llama rubia que velocísimamente repique-
esa llama
que como un rayo se deja caer al suelo,
¡No
toques, no toques ese joyel, no toques esos dia-
mantes!
¡Qué
luces de fuego dan, del verde más puro, del
¡No, no
lo toques!: es una tela de araña, cuajada de
Y esa
sensación que ahora tienes de una ausencia
invisible, como una bella tristeza, ese acompasado
es la
fuga de los corzos. ¿No has visto nunca corzas
¡Las
maravillas del bosque! Ah, son innumerables; nunca
te las
podría enseñar todas, tendríamos
el torpor
de tus queridas manos deformadas,
Madre
mía, no llores: víveme siempre en sueño.
hostil,
de mi egoísmo de hombre, de mis
Duerme
ligeramente en ese bosque prodigioso de tu
en ese
bosque que crearon al par tu inocencia y mi
llanto.
Oye, oye
allí siempre cómo te silba las tonadas nue-
cándido se te hará de repente más profundo y
llamas, llamitas de verdad;
y las telas de araña, celestes pedrerías;
y la huida de corzas, la fuga secular de las estrellas
y las telas de araña, celestes pedrerías;
y la huida de corzas, la fuga secular de las estrellas
quien la envía. Tal vez sea verdad: que un co-
Espérame
en tu sueño. Espera allí a tu hijo, madre
mía.* La madre, en D. Alonso, Hijos de la ira, Castalia, Madrid 1986, pp. 120-125. Junto a la niñez, el tema de la mujer (y, sobre todo, la madre) mueve al poeta a la expresión de una amorosa ternura. La niñez, recuerdo de la inocencia, y la mujer (madre), símbolo del amor, se combinan en este poema que, basado en una hábil superposición temporal, radicada en la memoria, convierte a la madre y al hijo en hermanitos que juegan juntos, recreando un mundo añorado.
viernes, 3 de mayo de 2019
Mañana de la cruz, de Juan Ramón Jiménez
Mañana de la cruz[1]
Dios está azul. La flauta y el tambor
anuncian ya la cruz de primavera.
¡Vivan las rosas, las rosas del amor,
entre el verdor con sol de la pradera!
anuncian ya la cruz de primavera.
¡Vivan las rosas, las rosas del amor,
entre el verdor con sol de la pradera!
Vámonos al campo por romero,
vámonos, vámonos
por romero y por amor…
vámonos, vámonos
por romero y por amor…
Le pregunté: «¿Me dejas que te quiera?»
Me respondió, radiante de pasión:
«Cuando florezca la cruz de primavera,
yo te querré con todo el corazón.»
Me respondió, radiante de pasión:
«Cuando florezca la cruz de primavera,
yo te querré con todo el corazón.»
Vámonos al campo por romero,
vámonos, vámonos
por romero y por amor…
vámonos, vámonos
por romero y por amor…
«Ya floreció la cruz de primavera.
¡Amor, la cruz, amor, ya floreció!»
Me respondió: «¿Tú quieres que te quiera?»
¡Y la mañana de luz me traspasó!
¡Amor, la cruz, amor, ya floreció!»
Me respondió: «¿Tú quieres que te quiera?»
¡Y la mañana de luz me traspasó!
Vámonos al campo por romero,
vámonos, vámonos
por romero y por amor…
vámonos, vámonos
por romero y por amor…
Alegran flauta y tambor nuestra bandera.
La mariposa está aquí con la ilusión…
¡Mi novia es la virjen de la era
y va a quererme con todo el corazón!
La mariposa está aquí con la ilusión…
¡Mi novia es la virjen de la era
y va a quererme con todo el corazón!
[1] Tomado de Baladas de primavera, 1907, en https://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/jrj/antologia/antologia06.htm
miércoles, 1 de mayo de 2019
Borges sueña con Borges en su laberinto, de Ignacio Arellano
Borges sueña con Borges en su laberinto[1]
En la entrada del palacio de
Cnosos figura el signo del toro, que abre la puerta al reino del secreto, de la
purificación, de la identidad de uno y de la libertad, quizá de la muerte. En
el centro del laberinto es dable imaginar a Jorge Luis Borges (1899-1986)
tejiendo una minuciosa meditación en la que sueña que es Borges y que escribe
historias que se desarrollan en sueños y laberintos. En los meandros de su
peregrinación arquetípica halla Jorge Luis Borges objetos preciosos, extraños y
mágicos, como el aleph («El Aleph») que se oculta en la casa de la calle Garay
donde vivió la hermosa Beatriz Viterbo. El aleph es el lugar donde están sin
confundirse todos los lugares del orbe vistos desde todos los ángulos. Ironía
borgiana es que semejante maravilla (incluye «el populoso mar, el alba y la
tarde, las muchedumbres de América, la plateada telaraña en el centro de una
negra pirámide, un laberinto roto, interminables ojos escrutadores, racimos,
nieve, tabaco, convexos desiertos ecuatoriales o la reliquia atroz de lo que
deliciosamente había sido Beatriz Viterbo», entre miles de otras visiones
admirables) solo haya servido al pedante poeta Carlos Argentino Daneri para
perpetrar con su ayuda un malvadísimo poema que traza la historia de la Tierra. Sería
posible considerar como un verdadero avatar humano del aleph a Ireneo Funes («Funes
el memorioso»), que recuerda cada detalle de cada percepción, y es un almacén
universal de datos: «Nosotros percibimos tres copas en una mesa. Funes todos
los vástagos y racimos y frutos que comprenden una parra. Sabía las formas de
las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos
ochenta y dos y podía compararlos en el recuerdo con las vetas de un libro en
pasta española y con las líneas de espuma que un remo levantó en Río Negro la
víspera de la acción de Quebracho». Otros objetos maravillosos son los que
proceden del fabuloso mundo de «Tlon, Uqbar, Orbis Tertius» o los imaginarios
libros infinitos en los que cada hoja se desdobla en infinitas hojas y cuya
hoja central no tiene reverso... Esos objetos pertenecen a espacios igualmente
mágicos, reducibles casi siempre al laberinto, obsesión central del escritor.
Un laberinto es la ciudad misteriosa de los Inmortales descrita por un narrador
que ha olvidado ser el propio Homero (en el cuento de «El inmortal» que evoca
uno de los viajes de Gulliver narrados por Swift), un laberinto es el escenario
de la muerte de Abenjacán el Bojarí «muerto en su laberinto», o el campo de
batalla de dos reyes enemigos («Los dos reyes y los dos laberintos»), laberinto
es la casa de Asterión (otro nombre del Minotauro) en el cuento del mismo
título, y otros hallamos en «Las ruinas circulares» o «La Biblioteca de Babel»,
que evoca las visiones de Kafka y arquitecturas de Piranesi y que asume las
dimensiones del Universo entero: «El universo, que otros llaman la Biblioteca se compone
de un número indefinido y tal vez infinito de galerías hexagonales, con vastos
pozos de ventilación en el medio, cercado por barandas bajísimas. Una de las
caras libres da a un angosto zaguán que desemboca en otra galería, idéntica a
la primera y a todas...». Reflexión parecida hace Asterión sobre su casa (el
Laberinto): «Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es
otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce
(son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del
tamaño del mundo, mejor dicho, es el mundo». Se recordará que el padre
Atanasius Kircher, erudito jesuita del siglo XVII, concebía el interior de la Tierra como un laberinto
inextricable y que en la empresa heráldica de Galeazzo Becaria figura el mundo
como un laberinto. Borges explora, pues, con vuelos nuevos, imágenes
ancestrales que aseguran la solidez de sus fantasías. El laberinto no solo es
un edificio o el mundo: es también una escritura («La escritura del dios») cuya
clave encuentra el sacerdote prisionero en la piel del jaguar, después de
atravesar iniciáticamente un laberinto de sueños, camino idéntico al que
permite a otro sacerdote en «Las ruinas circulares» crear soñando un hombre, su
discípulo, hecho de la materia de los sueños, hasta descubrir que él mismo es
el sueño de otro soñador. En «Jardín de senderos que se bifurcan» el laberinto
es un libro...
Es evidente la barroca atracción
de Borges por los conflictos de la realidad con la fantasía, de la fugacidad
humana y la eternidad («Historia de la eternidad» es una de sus obras); su
preocupación por el tiempo (detenido mágicamente en «El milagro secreto»); por
los sueños y la escritura laberíntica (el universo) de Dios, trabajosamente
imitada por demiurgos de diversa entidad; por el destino y la muerte; por la
identidad y la permanencia. Teología, filosofía, mitografías y folklore, en un
estilo preciso, paradójico y aderezado con autoridades reales o ficticias, con
mil detalles que hacen verosímiles las historias (muchas de técnica policiaca o
de cuento de misterio) y los personajes más extravagantes, pueblan las páginas
de Borges en frases como anillos de plata, brillantes y perfectas; en imágenes
como espejos que reflejan con engañosa claridad enigmas y secretos. Borges
llena de fechas, direcciones, eruditos datos bibliográficos y meticulosa
documentación sus sueños: «El coche lo dejó en el cuatro mil cuatro de esa
calle del Noroeste. No habían dado las nueve de la mañana» («La espera»); «Debo
a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar.
El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona,
en Ramos Mejía; la enciclopedia falazmente se llama «The Anglo American
Cyclopaedia», Nueva York, 1917 y es una reimpresión literal, pero también
morosa de la «Encyclopedia britannica» de 1902» («Tlon, Uqbar»)... ¿Cómo poner
en duda la veracidad del relato?
A sus preocupaciones metafísicas y
poéticas se suma otro gran mito, el del valor, que fundamenta alguno de sus
mejores cuentos: mencionemos «Hombre de esquina Rosada», mencionemos «El Sur»
(de perfección imposible) ... que enseñan con sospechosa melancolía que la
felicidad no es una condición de los hombres, pero sí el coraje o la desesperación.
Borges llenó los plúteos de su
«Biblioteca de Babel» con los libros que hubiera querido escribir: «la historia
minuciosa del provenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel
de la Biblioteca ,
miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos
catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, las
interpolaciones de cada libro en todos los libros», o quizá se hubiera
contentado con el libro de los libros que evoca en el mismo relato, ese libro
total, cifra y compendio perfecto de todos los demás, y que sería el universo o
sería Dios. No lo escribió, pero sí escribió otros que ocupan en esa Biblioteca
portentosa un estante privilegiado. Murió ciego, recordando, en la oscuridad
luminosa de su ceguera como en la caverna central de un laberinto, aquellas
palabras de Goethe:
El sacro horror es lo mejor del
hombre.
Cuanto más afianza la percepción del mundo
más hondamente lo turba el portento.
Cuanto más afianza la percepción del mundo
más hondamente lo turba el portento.
miércoles, 24 de abril de 2019
Cosas que nadie sabe, de Alessandro D'Avenia
“Cumple catorce años
y está sentada a proa. Los ojos verdes, risueños y melancólicos, están
imantados por el horizonte: una línea tan clara que tiene que dar miedo. El
mundo es una caracola. Le hace eco a la luz, da toda la que recibe, hasta en
forma de sombras. Y la luz es la única orden del alba. Una orden severa, porque
cuando sale la luz también nos salen las lágrimas.”
La
vida de Margherita está en un
momento crucial: su padre ha abandonado el hogar, acaba de empezar el instituto
y, en plena adolescencia, vive sumida en una profunda tristeza. La amistad con Marta y el entusiasmo por su nuevo profesor
de lengua, lograrán despertar en Margherita
nuevas pasiones y sueños. Pero será su amor por Giulio, su primer y gran amor, lo que hará reaccionar a Marguerita y la empujará a la búsqueda
de su padre. Cosas que nadie sabe, Cose
che nessuno sa en el original, una historia
sugerente y sensible que invita a vivir la intensidad del amor verdadero y
la belleza de los sueños más puros. Al igual que Blanca como la nieve, roja como la sangre, esta segunda novela de D’Avenia
arrasa entre los adolescentes (ellos y ellas) y engancha también a sus padres.
miércoles, 17 de abril de 2019
Tres meses, de Tomás Trigo
“Cuando
una persona muere, deja de existir y se acabó. Después no hay nada: ni cielo ni
infierno ni ángeles ni Dios ni nada. ¿Te queda claro?”
Esas palabras
de su madre, cuando tenía poco más de siete años, poco antes de que ella y
su padre se divorciaran, se le quedaron grabadas a fuego en la memoria. Ahora Miguel tiene 22 años. Acaba de terminar la carrera de Derecho
en Santiago de Compostela. Descreído,
inteligente y triunfador, cree tener el mundo a sus pies. Es principios de
enero y pasa unos días con sus abuelos,
en el pazo donde nació, en Cambados
(Pontevedra). Quedan pocos días para reanudar las clases. Una tarde,
mientras merienda con sus abuelos, siente una
punzada en el abdomen, como una cuchillada, que le hace caer de la silla.
No le da importancia. Pero su abuelo, médico de profesión, sí. Al día siguiente
le atienden en el Hospital de Santiago. Diagnóstico:
Cáncer de páncreas. Tres meses de vida. Tres meses en los que Miguel se plantea, por primera vez, el sentido de su existencia.
miércoles, 3 de abril de 2019
El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio
Anteayer por la mañana, lunes 1 de abril de 2019, nos levantamos con la noticia del fallecimiento de Rafael Sánchez Ferlosio.
Eso me trajo a la memoria su novela El Jarama, que pude leer allá por
1989 y de la que no guardo prácticamente ningún recuerdo. Quizá la impresión de que se me hizo un poco larga y de que parecía que no pasaba nada. Según los
entendidos, El Jarama inauguraba una nueva época de la narrativa española
incorporando a una historia de
apariencia realista una técnica absolutamente realista. Once amigos madrileños deciden pasar un caluroso domingo de agosto a orillas del
Jarama. A partir de ahí la acción se desarrolla simultáneamente en la
taberna de Mauricio —donde los habituales parroquianos beben, discuten y juegan
a las cartas— y en una arboleda a orillas del río en la que se instalan los
excursionistas. Durante dieciséis horas
se suceden los baños, los escozores provocados por el sol, las paellas, los
primeros escarceos amorosos y el inevitable
paso del tiempo, que amenaza con la llegada del lunes. Al acabar el día, sin
embargo, un acontecimiento inesperado
colma la jornada de honda poesía y dota a la novela de una extraña grandeza. Para
muchos «la mejor novela escrita en España en el siglo XX».
miércoles, 27 de marzo de 2019
Relámpagos, de Jean Echenoz
“Con veintiochos
años de edad, y ya dos metros de estatura, Gregor decide tomar un barco hacia los Estados Unidos de América. Desembarca en un muelle de Nueva York
provisto de su pasaporte y de su bombín, de una maletita con apenas ropa, de otra con apenas instrumentos, de veinte dólares doblados en un bolsillo
y en otro bolsillo una carta de
recomendación para Thomas Edison...”.
Debió ser hace un par de años
cuando tuve la oportunidad de ver una exposición en la Ciudad de la Ciencia de
Valencia. Allí oí hablar por primera vez -ignorante de mí- de Nikola Tesla. Y decidí leer algo sobre
él. Así fue como di con Relámpagos (Des éclairs), de Jean Echenoz.
Basada en la vida y obra del
ingeniero Nikola Tesla (1856-1943) este pequeño relato, ni novela ni
biografía es, sin embargo, ágil, simpática, entrañable en ocasiones, y muy
sugerente. En ella nos encontramos con Gregor, que
inventa y descubre todo lo que va a ser útil durante los próximos siglos: la transferencia inalámbrica de energía
eléctrica mediante ondas electromagnéticas, la corriente alterna, la
bombilla sin filamento y la radio,
… Sin embargo, como la ciencia le
interesa mucho más que el beneficio, los asuntos personales no le van tan
bien. Por eso otros científicos acabarán
robándoselo todo.
miércoles, 20 de marzo de 2019
Una historia sencilla, de Leonardo Sciascia
“La llamada telefónica se produjo a las 9.37 de la noche
del 18 de marzo, sábado, víspera de la rutilante y retumbante fiesta que la
ciudad dedicaba a San José Carpintero: y al carpintero precisamente se ofrecían
las hogueras de muebles viejos que esa noche se encendían en los barrios
populares…”
Una historia sencilla que, en realidad, no
lo es tanto. Como te despistes, te pierdes, a pesar de su brevedad (78 págs.) y llegas al
final desconcertado, sin saber qué ha ocurrido. Una novela policíaca siciliana con fondo de mafia y droga, aunque jamás se nombra ni la una ni la otra. Todo
empieza con una llamada telefónica a la policía comunicándole el aparente
suicidio de una persona. A partir de ese momento, de repente, la historia va
creciendo, se dilata, se embrolla sin dejarnos ni un instante de reflexión. Eso,
que nos ocurre a nosotros, los lectores, le ocurre también al inspector, el
único personaje que busca la verdad. Lo mismo que ocurrió al autor, Sciascia, quien, hasta un mes antes de
su muerte en 1989, cuando entregó
este libro a su editor italiano, se obstinó en «sondear escrupulosamente las posibilidades que tal vez queden aún a la
justicia» (Justicia, Dürrenmatt).
miércoles, 13 de marzo de 2019
Control total, de David Baldacci
“Un avión se
ha estrellado. No hay supervivientes. En él viajaba, o debería viajar, Jason
Archer. Su misteriosa y oscura desaparición arrastrará a su mujer a conocer un
mundo de vértigo y de pesadilla, donde conviven la sospecha y la venganza, la conspiración
y la muerte...”.
Cuando Sidney Archer despidió a su marido en el aeropuerto para tomar un avión
rumbo a Los Ángeles, no podía
sospechar que para ella comenzaba una nueva vida. El avión se estrella y las
investigaciones posteriores revelan que ha sido víctima de un sabotaje. Además,
todo apunta a que su marido ha estado robando secretos de la empresa en la que
trabajaba para venderlos a la competencia. Con todo, apenas han comenzado sus sufrimientos:
las sospechas que recaen sobre su marido colocan a Sidney en el punto de mira del FBI, que la considera cómplice. De telón
de fondo, el control de las redes de información del siglo XXI. Una novela absorbente. 437 páginas sin desperdicio. Perfecta para desconectar.
miércoles, 6 de marzo de 2019
La historia de Iqbal, de Francesco D'Adamo
“Hola, soy Ernesto, estudio
1º ESO y esta es mi primera colaboración en #ahoraqueleo. Espero que os guste”.
A
finales del siglo XX, Fátima, una
chica paquistaní, vive recluida en la fábrica de alfombras de Hussain Khan. Ella, como el resto de
los niños, trabaja de sol a sol, sin apenas descanso ni comida. Un día llega a
la fábrica un niño esclavo llamado Iqbal que iniciará una tremenda lucha
contra la esclavitud infantil. Una obra maestra de Francesco D’Adamo que nos enseña lo malvada que es la esclavitud infantil, la esclavitud en
general y de que siempre hay personas como Iqbal y Ehsan khan que lucharán por
evitarla. Es una excelente novela que
nos enseña cómo viven las personas en el
tercer mundo fuera de esta burbuja en la que vivimos la gente del llamado
primer mundo. Se la recomiendo a todas las personas que quieran ver que no hay que ser adulto y tener poderes para
ser un héroe.
miércoles, 27 de febrero de 2019
Canción para una chica que lloraba sola en Taramay el 25 de julio de 1979, de Miguel D'Ors
Canción para una
chica que lloraba sola en Taramay el 25 de julio del 1979, de Miguel D'Ors[1]
Lágrima que yo he
visto brotar de tu silencio
y de tus quince años
y cayó en una tarde con un algo de hoja
desprendida de un mayo...
Yo no sé de qué pena, de qué esperanza rota,
de que nombre venía,
ni siquiera si era tu primera lágrima de mujer
o la última de niña.
Yo pasé junto a ti como pasaba el viento
y el rumor de las olas.
Nunca sabré tu nombre. Nunca sabré el pasado
de esa lágrima sola.
Ni tú sabrás tampoco que una tristeza tuya
cruzó una vez mi vida.
La noche será corta. Mañana volverás
a ser una sonrisa.
Pero quiero decir que esa lágrima tuya,
cayendo inconsolable
de tus años --tan dulces, tan amargos, tan quince--,
desbarató la tarde;
que la playa y el verde de las enredaderas
y julio y sus gaviotas
se ensombrecieron cuando, a solas con el mar,
lloraste porque todo, porque nada, por cosas.
y de tus quince años
y cayó en una tarde con un algo de hoja
desprendida de un mayo...
Yo no sé de qué pena, de qué esperanza rota,
de que nombre venía,
ni siquiera si era tu primera lágrima de mujer
o la última de niña.
Yo pasé junto a ti como pasaba el viento
y el rumor de las olas.
Nunca sabré tu nombre. Nunca sabré el pasado
de esa lágrima sola.
Ni tú sabrás tampoco que una tristeza tuya
cruzó una vez mi vida.
La noche será corta. Mañana volverás
a ser una sonrisa.
Pero quiero decir que esa lágrima tuya,
cayendo inconsolable
de tus años --tan dulces, tan amargos, tan quince--,
desbarató la tarde;
que la playa y el verde de las enredaderas
y julio y sus gaviotas
se ensombrecieron cuando, a solas con el mar,
lloraste porque todo, porque nada, por cosas.
Taramay, 25-VII- 1979
miércoles, 20 de febrero de 2019
Pequeños crímenes conyugales, de Éric-Emmanuel Schmitt
El viernes 15 de febrero algunos
alumnos de mi colegio de 2º de Bachillerato acudieron al teatro. Se
representaba Óscar. O la felicidad de existir, obra de Éric-Emmanuel Schmitt, en versión de Juan
José de Arteche. No conocía la obra ni pude asistir a la
representación, pero me trajo a la memoria otra interesante obra del
autor que pude disfrutar hace tiempo. Se trata de Pequeños
crímenes conyugales. Los protagonistas, Alejandro y Carla, llevan
quince años casados. Acaban de llegar a su apartamento. Vienen del
hospital. Alejandro sufre amnesia. Al parecer, se cayó por la
escalera y perdió el conocimiento. No se acuerda de nada y Carla se
encarga de ir recordándole quién era, qué frases decía, lo que le gustaba y
aquello que detestaba. Pero a Alejandro le parecen
contradictorias algunas de las cosas que Carla le dice sobre
su propia personalidad y sobre la relación que mantenían. ¿Quién es él en
realidad? ¿Y quién es Carla? ¿Cómo era antes su vida de pareja? A
partir de lo que ella le cuenta, Alejandro intenta reconstruir
su propia vida. Pero, ¿y si Carla mintiese? ¿Es él, realmente,
tal y como ella lo describe? Y ella, ¿es de veras su mujer? A través del ágil
diálogo y los continuos golpes de efecto Schmitt nos muestra
el camino a una verdad inesperada manteniendo el asombro y
la tensión hasta el final. En un solo acto y en tiempo real Pequeños
crímenes conyugales (Petits crimes conjugaux) nos ofrece
una sabia reflexión sobre el amor, la fidelidad y el paso del
tiempo, y los problemas que entrañan las relaciones de pareja. En
2001, Eric-Emmanuel Schmitt recibió el Gran Premio de
Teatro de la Academia francesa por el conjunto de su
obra. Su segunda película como director, Cartas a Dios, se estrenó en España
en 2011.
miércoles, 13 de febrero de 2019
Dios en la poesía actual
Dios en la poesía actual[1]
Aléjame, Señor, de
la barbarie / y del eco ofensivo de esa gente / que arrasa tus sagrarios con el
único / afán de erradicarte de la tierra. Carmelo Guillén Acosta.
También hay hoy poetas que hablan de Dios. Dos de
ellos, José Julio Cabanillas y Carmelo Guillén Acosta,
han rescatado en Dios en la poesía actual (Rialp)
poemas de 48 autores actuales en español donde Dios es el alma de la
composición. Lo de actuales implica, según el
criterio seguido para la selección, haber nacido en el entorno de 1950 y
después. Y quizá la primera sorpresa -las siguientes provienen del golpe de
belleza de los versos- sea que, en una sociedad tan secularizada como la
nuestra, Dios está mucho más presente en la poesía de lo que cabría
suponer.
-Darle vida a la antología no nos ha costado
demasiado esfuerzo: unos poetas han ido llamando a otros hasta conseguir la
suma de 48 autores. Sin duda, como ocurre siempre en cualquier compilación,
podrían haber surgido algunos más si lo hubiéramos anunciado previamente en
nuestros círculos de poetas cercanos; de hecho, tras la publicación de la
antología, nos han venido más de uno y más de dos poetas mostrándonos sus
libros con alguna que otra composición referida a Dios y con el deseo de que
los agregáramos a una posible segunda edición, que se hará, según nos han
avisado ya desde Rialp. Sin embargo, el trabajo lo hemos realizado sin
presiones de nadie, con plena libertad, y revisando muchísima poesía impresa
actual de poetas nacidos a partir de los años 50 que considerábamos merecedores
de ser incluidos en la antología.
-Cuando encontrábamos poemas de calidad que
hablaban explícitamente de Dios, nos poníamos en contacto con el autor y le
pedíamos su autorización para hacerlo partícipe del proyecto. Así de fácil.
Estos poetas, a veces, nos han enviado textos inéditos sobre la misma temática,
que también hemos añadido a nuestra selección, hasta un máximo de cinco poemas.
-Todo ello, en un
tiempo que se aleja de Dios…
-Al ser un tema universal, de todos los tiempos,
incluido este postsecular, Dios no deja de ser un referente para los poetas.
Baste hurgar en sus obras literarias para descubrirlo entre los entresijos de
sus versos. Piense que el poeta es una persona que tiende a estar en contacto
con la belleza, con lo inefable, con lo imperceptible para muchos, y en
ese ejercicio de acercamiento al misterio se topa de alguna manera con Dios.
Aunque el hombre se aleje de Él, la auténtica poesía siempre lo tiene en cuenta y
lo acerca.
El mundo es escenario y espejismo, / la vida entera
un agotado sueño. / Cuando vengas, Señor, a desmentirlo, / concédeme un reposo
verdadero. Javier Almuzara
-¿Creen
necesariamente en Dios las personas que lo presentan en sus poemas?
-Por lo que se puede apreciar en esta antología,
Dios se concibe desde muy distintas perspectivas: como un misterio, como un
anhelo, como un personaje histórico que se puede conocer leyendo los
Evangelios, como un Padre amoroso y providente, como un ser al que se le debe
gratitud o adoración…, las perspectivas son diversísimas. Como decimos en el
prólogo: «No hay en ellos [ni en los poetas, ni en sus poemas] un credo en
particular o la intención de hacer poesía sacra o religiosa, ni de enseñarnos
nada en particular; acaso encontraremos solo sinceras preguntas aunque
no haya a veces demasiadas respuestas».
Quiero vivir, Señor: hoy sólo puedo / adorarte en
el mundo que has creado, / sentir que de este barro formo parte. / No me
rompas, Señor: hoy que me enredo / en las fibras del mundo que me has dado /
solo quiero vivir y acompañarte. Carlos Javier Morales.
-¿Cuáles son las
principales fuentes literarias de un poeta que crea poesía religiosa?
-Pensamos —y hablamos por nosotros mismos— que, en
conjunto, la fuente más importante es su propia vida interior, su formación, su
fe, alimentada a partir de lo que le inculcaron sus padres de pequeño.
Literariamente, hay poemas que están inspirados en pasajes de la Biblia, sobre
todo de los Evangelios; así lo hace Rocío
Arana en Lc, 5, 31-47 o Manuel
Ballesteros en Lc, 15, 11-32. Por otra parte, se
encuentran poemas basados en acontecimientos explícitos como el nacimiento del
Niño Dios (Rocío Arana: Belén,
Fernando de Villena: Al Nacimiento
de Nuestro Señor) o la redención de la humanidad obrada por Cristo
en la cruz (Jesús Beades: La pasión
según Bach), o, sencillamente, fundamentados en
ambientaciones evangélicas como la que se da junto al mar de Tiberíades (Luis E. Cauqui: Tiberíades,
Eloy Sánchez Rosillo: Viejas
historias). Otros, de inspiración evangélica, hablan del amor
misericordioso de Dios, de la entrega sin fisuras. Otros, de manera visible,
tienen su inspiración primera en San Juan de la Cruz (José Antonio Sáez: Mi Amado, los bosques de Laurisilva), o
en el famoso soneto anónimo A Cristo Crucificado (José María Delgado: El cielo
que me tienes prometido). No es en general la literatura lo
que, en realidad, inspira a estos poetas sino su propia vida, alimentada
desde la adoración, desde la acción de gracias, desde la súplica, desde las
vacilaciones de la fe, o desde el rechazo a Dios.
-Evidentemente, el poeta es un hombre de su tiempo.
Este que nos ha tocado vivir es apasionante, pero, sin que digamos nada que no
sea evidente, no está enraizado en Dios. Es, como muy bien se sabe, un
tiempo laicista, de postsecularización, donde o a Dios se le pone en el
banquillo, o no se cuenta con Él, o, simplemente, se le repudia como
perteneciente al pasado, o, en el peor de los casos, se le ignora. En ese contexto,
la creencia en Dios no tiene la misma incidencia en las vidas de muchas
personas que hace varias décadas, cuando vivíamos en una España oficialmente
católica. Pese a todo, hay un matiz maravilloso, muy presente en los poetas
actuales, que queremos destacar, y es que hoy, más que nunca, el poeta
ha descubierto que Dios habla, no solo desde la creación, sino,
fundamentalmente, desde su silencio, su auténtico rostro.
Por Ti, Jardín, por Ti, por tu hermosura / los
jacintos, honor del mes primero, / las tímidas violetas de febrero / y en marzo
del almendro la blancura. Fernando de Villena.
-¿Es Dios causa u
objeto de la inspiración del poeta? ¿O solo un contexto?
-Palabras como causa, objeto, contexto nos distraen
de lo esencial. Esas palabras tienen que ver con un pensamiento técnico,
racional. La poesía utiliza otras palabras (nunca unívocas, más complejas y
ricas) porque se desarrolla en otra parte.
-¿No juega la
razón un papel en la creación poética?
-El pensamiento racional encara sólo problemas.
Algo que nuestra razón y nuestros instrumentos pueden analizar y resolver de un
modo objetivo y universal. Pero la poesía se mueve en el terreno del misterio.
De él no cabe una comprensión exacta ni una resolución definitiva. El
misterio nos envuelve por fuera y por dentro, nos acoge o nos zarandea. Decirlo
sólo es posible con palabras que están impregnadas de él. Son palabras
corrientes y molientes, pero tienen que estar alentadas por él. Las palabras de
un poeta tienen unas raíces muy hondas, se hunden en aquel umbral de lumbre
divina que hay en cada quien. Arraiga en esa grieta de soledad
inexplicable que convierte a cada quien en una persona irrepetible: el
único habitante de su propia excentricidad singularísima. La poesía hace que no
seamos fragmentos de una masa, un grumo anónimo.
Dios mío, tú creaste el mundo a base / de números y
letras. Tú conoces / la fórmula capaz de combinarlos / para que surjan cosas de
la mezcla. Luis Alberto de Cuenca.
-¿Existe la
inspiración?
-Naturalmente que existe la inspiración: todo poeta
(hasta el más técnico en su oficio) sabe que está jugando con fuego, que las
palabras le llegan de otra parte. Él es el recipiente donde corre el agua y
se desborda. Ese es el primer verso que nos da el cielo. Después
hay que trabajar y cada poeta trabaja a su modo. Pero esa elaboración consiste
en esclarecer lo que ha oído, quitarle ropaje retórico y el veneno del estilo.
La hermosura siempre va desnuda, y es tan frágil. Comprendo que a más de uno
esto le parezca una bobada.
-En poesía no usamos conceptos, que son los propios
del pensamiento técnico, racional. Más que pensar, el poeta ve cosas reales,
concretas y bien materiales. No habla de entelequias borrosas ni de categorías
universales. Creo que el poeta tiene un pensamiento simbólico: ve cosas
del todo reales y en ellas -dentro de ellas- adivina un aliento inexplicable,
que él mismo no puede alcanzar sino sólo señalar con el dedo: ahí está un pino
(por ejemplo) empeñado en existir del modo más hermoso, descarado y feroz. Mal
negocio es ser poeta: intentar decir lo que no se puede explicar del
todo. Sabe que su trabajo es ver y mostrar lo que permanece invisible,
detrás, pero da plena existencia, hermosura, a cada cosa.
Te doy las gracias / por la noticia Tuya del amor a
diario. / Nada como el Amor / para darnos noticia de lo eterno. Beatriz Villacañas.
-Y que también es
real…
-Por eso un poeta corre el riesgo de quedarse en el
camino. Un poeta no puede mentir ni hablar de cosas que no ha visto, olido y
palpado. La poesía es la encarnación del verbo. No es la
sublimación de la materia como pensaron los alquimistas o los científicos de
hoy que ven los fenómenos reales con la intención de establecer una teoría
universal, abstracta, desustanciada. Dios libre al poeta de pensar mal y
demasiado: cerrar los ojos para no ver.
-¿Escriben de
forma distinta sobre Dios los poetas que creen y los que no creen o dudan?
-No somos capaces de establecer una diferencia
entre un poeta escéptico y otro creyente. A los poetas debemos pedirle
autenticidad: ojos en la cara y alma desnuda, libre de juicios previos. Por ese
camino llegará —o tal vez le llevarán— a la Poesía mayúscula y entonces… Ni el
más sabio podrá prestarle palabras pues ella nos excede de modo infinito. Un
poeta da palos de ciego contra un muro, por ver si abre una grieta —aunque sea
diminuta— por donde entre la luz del otro lado. No creemos que podamos pedirle
más.
Para quererte a Ti, mi Dios, / me remueven tu Cielo
y el infierno. / La sal y la pimienta de mi amor / son algo de interés y un
poquitín de miedo. Enrique
García-Maiquez.
-¿Cuándo un poema
puede ser oración?
-Al final de su Poética musical,
afirma Stravinsky que el fin último,
esencial de la música es la comunión, la unión de cada hombre con su prójimo y
el Ser. La poesía y la música son casi hermanas. Creemos que, en
ocasiones, se consigue esa unión (en esta antología hay poemas que lo
demuestran) aunque el poeta (o el músico) no sepa del todo cómo se hace.
[1]
Entrevista realizada por Carmelo
López-Arias, 4 de febrero de 2019, en https://www.religionenlibertad.com/cultura/879815416/-poetas-de-hoy-piensan-en-Dios-AHan-descubierto-que-habla-desde-su-silencio-su-autentico-rostroA.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=879815416&id_boletin=216931811&cod_suscriptor=197642
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